Del frío a las ojotas

Apenas tres horas de vuelo concreto y algunas más de trámites migratorios separan a Buenos Aires de Río de Janeiro, aunque las últimas horas agregaron matices para que los cambios sean visibles y más que palpables.

La salida desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se hizo en el marco de una temperatura bajo cero, con la nieve hasta pudiendo haber cancelado el vuelo y con el lógico "arropamiento" de aquellos pasajeros que se dirigen a estas latitudes y saben de los contrastes climáticos.>

Sin embargo, solamente unos pocos (y en esa categoría se incluye únicamente a los que viven en esta gigantesca ciudad) podían imaginarse que en la aeroestación Antonio Carlos Jobim (antes, El Galeao) el mercurio marcaba 35 grados centígrados.>

Luego de los lógicos trámites migratorios, que incluyen declaraciones que no son "juradas", pero se hacen en formularios a prueba de neófitos, muchos de los enviados argentinos se desayunaron con que las amplias ropas que portaban iban a ser una ligera incomodidad.>

Y, máxime si se tiene en cuenta que el viaje desde la estación aérea hasta donde está ubicada la Villa Panamericana (en la exclusiva zona de Barra de Tijuca), demora casi una hora y media en uno de los colectivos aportados por la organización de los Juegos Panamericanos.>

El cambio

Algunos cronistas que ocuparon el vehículo no aguantaron llevar camperón, pulóver o camiseta de frisa y ahí mismo decidieron "pelar bermudas y ojotas" para mitigar, mínimamente, los efectos de la alta temperatura.

No obstante, todo se volvió insuficiente y hasta "doloroso" para algunos, cuando la camioneta viró hacia la zona de Sao Conrado y tomó la avenida Delfim Moreira, primero, y su continuación Vieira Souto, después, para sortear los populosos balnearios de Leblón e Ipanema, sucesivamente.>

Ver a semejante cantidad de gente en la playa (la Bristol marplatense es una réplica inexacta, si se quiere), a pesar del día laborable, invita a pensar que Río de Janeiro les ofrece a sus pobladores una sensación "única", como la de mostrar el mar a escasos 100 ó 200 metros de donde uno puede ir al colegio, a trabajar o, simplemente, tener su vivienda.>

íY ni qué hablar si uno levanta la vista y observa impávido al majestuoso Corcovado, con su correspondiente Cristo Redentor! El mismo que acaba de ser distinguido como una de las flamantes "siete maravillas del mundo", a la altura del Machu Picchu (Perú), del Coliseo romano o de las construcciones de Chichén Itzá (México), por ejemplo.>

Río de Janeiro, aun a pesar de los inconvenientes lógicos de "seguridad" que puede generar una ciudad en la que habitan ocho millones de personas, apunta a "caja de sorpresas" para todos aquellos que no la conocen bien y configura una suerte de lugar de ensueño para todos los que nacieron, se criaron y vivieron buena parte de su existencia aquí.>