Bien es sabido que las crisis energéticas que sufre la provincia de Santa Fe responden a un problema de planificación del sector, como también a decisiones nacionales. No obstante, debe decirse que la crisis energética santafesina tiene sus propias particularidades, producto de la historia del servicio eléctrico prestado por la Empresa Provincial de la Energía.
Es cierto que la desinversión en generación no es un problema santafesino y que la EPE sólo se encarga de la distribución de la electricidad. Por lo tanto, cuando no dispone de ésta, la empresa estatal santafesina no puede distribuirla.>
De todas formas, cabe formular algunas preguntas respecto de problemas estructurales que están lejos de resolverse -o apenas si se han atenuado en los últimos cuatro años- y que tienen alguna repercusión en cómo pueden los santafesinos tomar medidas para atenuar el déficit.>
El frío finalmente ha dado la razón a quienes, desde hace no menos de dos años, advierten sobre el peligroso cuello de botella que hoy vive la producción. Está claro que la Argentina sufre por su falta de previsión; las tarifas no han sido actualizadas desde que terminó la convertibilidad, tal como afirman las empresas privatizadas que defienden las reformas económicas implementadas en la década de los 90. También, por todo lo que no se hizo durante las transformaciones del sector público nacional, el gobierno y los sectores afines. Lo peor del problema que enfrenta el sistema productivo es que ambas posiciones parecen tener su parte de razón.>
Pero, más allá de aquel debate, hoy la provincia -ya no la EPE- tiene tarifas eléctricas residenciales y comerciales que figuran entre de las más caras del país, con valores mucho más altos que las que se aplican en otras provincias de características similares o en la Capital Federal. Poco se ha hecho desde la EPE para poner remedio a esta situación, aunque en realidad es necesario advertir que la cuestión del valor de la energía para los hogares y los comercios en la provincia ya no figura en la lista de prioridades de la actual administración provincial.>
Por otra parte, sigue sin ponerse coto al mayor problema que afronta el sector en Santa Fe: el fraude en el consumo de energía entre quienes pueden pagar, pero no abonan la totalidad de sus consumos, así como el hurto sin disimulos de las conexiones directas en los cordones más pobres de las ciudades de Santa Fe y Rosario.>
Esos consumos, que apenas se han podido frenar y bajar en algunos puntos, durante estos cuatro años, impiden discernir con claridad si es o no la EPE una empresa eficiente. Lamentablemente, las pérdidas técnicas y las no técnicas -el fraude y el hurto- se licuan en los impuestos que pagan todos. Muchas compañías privatizadas y estatales han optado por considerar a esos consumos como parte del gasto social del Estado. Basta una simple cuenta matemática para saber si una empresa que distribuye electricidad funciona adecuadamente; sólo se trata de saber el costo y las utilidades previstas, es decir, la diferencia entre lo pagado por la energía comprada al mercado mayorista y la facturada a los clientes en un servicio monopólico.>