Zunilda Ceresole de Espinaco.
La famosa y enigmática novela "Drácula", del escritor irlandés Bran Stoker, en este 2007 ha cumplido 110 años de su primera publicación y es una de las pocas obras literarias de la Epoca Victoriana que no ha perdido vigencia; más aún, sigue editándose año tras año y acrecentando su éxito.
Atrae cada vez más lectores y no sólo a los amantes de la literatura de misterio y de terror. Se ha constituido ya en un clásico mundial, pese a que el género que comprende es despreciado por muchos que lo consideran, literalmente, como un género menor.>
El tema principal de "Drácula" es el mito del vampirismo: seres humanos que después de muertos se levantaban de sus tumbas para sorber la sangre de los vivos y poder perpetrarse indefinidamente en el tiempo. Esta creencia es universal, tanto en Oriente como en Occidente. Y es antiquísima; basta citar que en las tablillas sumerias ya se habla del hombre vampiro que ellos denominaban Edimú, un alma atormentada que buscaba la sangre de los vivos para pervivir eternamente.>
El vampirismo ha obsesionado desde siempre a los seres humanos, y a pesar de la Era Tecnológica y del Racionalismo Científico, sigue provocando oscuros ecos en el subconsciente colectivo.>
En la actualidad, el interés por los bebedores de sangre es comprobable por la cantidad de novelas y películas que abordan este tema, destacándose muchas por una gran calidad en su ejecución.>
Lo que quizás no sea tan conocido es que antes de la llegada de los españoles, los habitantes de América también poseían sus propios mitos respecto al tema que nos ocupa.>
Uno de los mitos más significativos lo hallamos en México, donde en algunas culturas, como la azteca, los vampiros habían llegado a ocupar la categoría de dioses, ya que toda divinidad azteca debía ser alimentada con sangre humana, asumiendo -por lo tanto- esta religión, características terribles.
Este pueblo precolombino pensaba que sus dioses no podían asimilar ninguna otra clase de nutrientes y el no complacerlos equivaldría a un desastre universal, pues era seguro que sin la sangre como alimento, sus creadores divinos sucumbirían y, con ellos, todo lo creado.>
El maléfico y oscuro dios Tezcatlipoca tenía a su servicio a unas vampiras hechiceras, quienes eran muy temidas por el pueblo, ya que -según la creencia-, acechaban a los niños para alimentarse con el rojo líquido vital de sus cuerpos. Las características de las mismas concordaban con la de los clásicos vampiros de Europa y Oriente.>
En América del Sur también tenemos ejemplos de estos seres sedientos de sangre.
En Brasil, aún en la actualidad, se teme al Jaracacá, una serpiente que habita en la selva y que es en realidad un vampiro que adopta esta forma reptilesca para desangrar a los humanos.>
En Argentina los mapuches temen al Pihuchen, ser fantástico al que atribuyen un cuerpo serpentiforme y emplumado. Posee alas y dos cabezas ofídicas, puede tomar la forma de una rana alada cuyos grandes ojos producen pavor. Vuela por la noche lanzando chillidos aterradores y es símbolo de mal agüero.>
Cuando la temperatura es muy cálida, suele posarse en la corteza de los árboles, dejando allí un rostro carmesí por la sangre que ha chupado a sus víctimas.>
También este pueblo se cuida del Chon-Chon, que describe como una cabeza humana con gigantescas orejas que le sirven de alas, dicen que sobrevuela las rucas (casas) de los enfermos para succionar, en oportunidad propicia, la sangre que extrae de las orejas de los infortunados.>
El Pihuchen y el Chon-Chon se podrían catalogar como parásitos mitológicos más que como vampiros clásicos. Y dentro de la Mitología Americana, existe una multitud de estos seres hematófagos.>
En definitiva, la novela de Stoker constituye la parte visible de un iceberg que reflota profundas creencias heredadas de remotos antepasados.>