¿Puede haber política transformadora desde el Estado si el gobierno de turno, cualquiera sea su signo político, se empeña en negar las cosas que ocurren? Con poco margen de error, se diría que no. Reiteradamente, la administración de Néstor Kirchner negó que el país pudiera llegar a una crisis energética y, también durante años, se hicieron anuncios sobre inversiones que tampoco se concretaron; esto último corre tanto para el gobierno como para las empresas petroleras. ¿Cuántas veces se habló, por ejemplo, del Gasoducto del Nordeste, que con gas boliviano iba a llegar hasta nuestra provincia y, así, cambiar las condiciones de producción para las empresas? ¿O de las usinas a construirse en Campana y Timbúes, que requieren básicamente de aquel suministro?
El gasoducto y las inversiones en exploración y explotación no llegaron, pero sí la crisis. Y no sólo faltó gas, sino también energía eléctrica para la industria y los servicios. El fantasma les llegó a los usuarios industriales con multas por mayor consumo respecto de lo facturado en el 2005, suspensión de fluidos, cambios de horarios en las fábricas y, luego, sus consecuencias en el plano laboral.>
Como el presidente Néstor Kirchner no quiere que se vea que existe el problema de falta de recursos energéticos, nadie se anima a verlo tampoco en los otros estamentos del gobierno nacional y de los provinciales.>
Si la justificación es la de un país en crecimiento, la obligación del Estado debió ser adelantarse estratégicamente para atender a ese crecimiento. De no poder hacerlo, lo lógico habría sido el sinceramiento ante el país, acerca de que debía darse un plan de ahorro integral y anticipado. Pero reconocer lo sucedido significa asumir errores de diagnóstico y de gestión, y esto empañaría la campaña electoral de y por Cristina Fernández, es decir, "la continuidad". Es increíble lo que sucede, pero, ¿qué importancia puede tener para un gobierno que exista incertidumbre en los sectores empresarios y laborales respecto del futuro de estos insumos que les son básicos? Ninguna, si el gobierno se mueve rodeado por grupos de obsecuentes, en los que nadie se anima a contradecir el pensamiento presidencial.>
¿Qué sentido puede tener resolver los problemas de la gente? Los de seguridad, por ejemplo. ¿Qué importancia se le puede atribuir al hecho de tener menos comunicaciones aéreas debido a problemas -también negados- con los radares o porque se retiraron vuelos del mercado? ¿Qué importancia puede tener la seguridad en las rutas, teniendo en cuenta, además, el crecimiento del parque automotor y del transporte de cargas? Ninguna, si con reiterados anuncios sobre obras se cree que se mantiene la expectativa de la población. El caso más emblemático, quizás, sea el de la Ruta Nacional N° 168 desde Colastiné -con construcción del nuevo puente incluido- hasta el Túnel Subfluvial: unos pocos kilómetros que siguen sumidos en la maraña burocrática.>
¿Qué importancia puede tener que, con tarifas congeladas de servicios públicos, los precios de los productos de consumo cotidianos suban? No hay que ocuparse del tema. Se intervino el Indec y se cambiaron las fórmulas de cálculo y todo ha quedado arreglado. Se vuelve otra vez a negar la realidad y a buscar las causas de esa inflación.>
Y así podríamos seguir dando ejemplos del país que nos quieren hacer ver y de las dificultades e imponderables que a diario se deben sufrir.>
El diálogo lógico en una democracia entre gobierno y sociedad se ha convertido en un monólogo, y lo peor es que existe una parte de la dirigencia empresaria que se presta a este contexto.
Es entendible que los industriales defiendan la continuidad de su producción y eviten entrar en el terreno del enfrentamiento, porque ésa es la política del gobierno: no escuchar e ir al contraataque o a la persecución.>
Lo lógico y saludable habría sido la sinceridad sobre el escenario que se venía, para que todos los actores, con tiempo, hicieran sus planes de producción y de trabajo. Eso puede ocurrir en países previsibles, racionalmente maduros; el caso de la Argentina es otro.>
En este marco de crisis energética, de denuncias contra funcionarios nacionales, de investigaciones judiciales y de regreso al pasado, tuvo lugar el acto en Rufino, en que el justicialismo se mostró unido para medirse electoralmente con el Frente Progresista Cívico y Social: Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Jorge Obeid, Carlos Reutemann y Agustín Rossi, junto con la fórmula por el Frente para la Victoria: Rafael Bielsa-Carlos Galán.
Esta periodista ha escuchado decirle a Rafael Bielsa que, de la misma forma en que se construye el poder, se construye o se ejecuta la gestión de gobierno. La cita no es textual, sino lo que se interpretó de aquellos dichos. Y es bueno que Bielsa piense así, pero tendrá que separarse de un modelo que no responde a ese pensamiento.>
¿Para qué negar lo que le pasa al ciudadano común en su trabajo, en su empresa, en el barrio? Hay sectores poblacionales que hablan de caos para referirse a la situación de inseguridad y de incertidumbre en que se encuentran. Hasta viajar por negocios se ha convertido en un incordio, por citar un ejemplo simple y no adentrarnos en el debate de fondo -que nos debemos dar- respecto de la inequidad y la distribución del ingreso.>
El desafío, entonces, para quien gobierne en el futuro la provincia va a pasar por otros parámetros, distintos de los de mantener o superar los niveles de recaudación o la tutela de las cuentas públicas y del equilibrio presupuestario. Es mucho mayor a la importancia de los números, que prácticamente han perdido credibilidad.>
Pese al enorme esfuerzo en infraestructura que ha realizado el gobierno de Jorge Obeid en el interior, nos siguen faltando las autovías en las comunicaciones que trasladan la producción a los puertos, y zonas enteras continúan careciendo de agua segura, gas, cloacas y desagües pluviales. Asimismo, adolecemos de niveles de atención sanitaria que estén al rango de dignidad humana. Y qué decir de la educación, que deberá comenzar para que aprendan quienes enseñan.>
Por lo expresado, la foto de todos no alcanza. Tampoco le alcanzaría al Frente Progresista, si sólo se quedara en la instantánea y en la liturgia de los actos electorales.>