Más allá de algunos parches, desde el 2000, la Argentina no ha agregado ningún generador importante al parque energético nacional que- para esa época de vacas flacas y recesión económica- alcanzaba y sobraba para exportar electricidad y gas a países vecinos. Después de la crisis y la salida de la convertibilidad, empezó el fuerte crecimiento de la economía, que en los últimos años permitió agregar en hogares tecnología para hacer más confortable la vida, tecnología que en la mayoría de los casos funciona a electricidad, o bien, a gas.
Con un vector en posición horizontal y otro prácticamente vertical, llegó el momento del punto de unión marcado por la crisis actual.>
Los mismos funcionarios que no supieron adelantarse a esta crisis pretenden culpar al frío extremo de las dificultades que padecen los sistemas energéticas y gasífero. Con pequeños grados de diferencia, en esta época del año, en gran parte del país acostumbra a hacer frío, así como en diciembre y enero hace calor. Si se incentiva el consumo, lo ideal sería prever que ese consumo necesitará la mínima infraestructura. >
Así es la Argentina. Se baten mes a mes los récords de venta de autos y no se suman kilómetros de autopistas o rutas nuevas, pero sí de víctimas de accidentes de tránsito en caminos atestados donde todos quieren ir un poco más rápido.>
Nuevas centrales para producir energía, nuevos gasoductos, nuevos caminos parecen ser desafíos elementales de cualquier gobierno que se precie de mirar hacia adelante. Poco se ha hecho en esas tres materias en los últimos años y lo realizado tiene demasiado olor a negociado con unas pocas empresas, que se adueñan de las firmas y de las licitaciones, y escasos avances en sus realizaciones.>
La Argentina parece estar destinada a atar todo con alambre hasta que la realidad demuestra que el camino necesita soluciones permanentes y previsibles, esa que los gobernantes esquivan adoptar porque muchas veces no sirven para juntar votos en lo inmediato.>