La renuncia de Felisa Miceli

La señora Felisa Miceli logró hace una semana el apoyo político del gobierno nacional, pero daría la impresión de que esas gestiones no alcanzaron para eludir la acción de la Justicia. En efecto, el pedido de indagatoria del fiscal Guillermo Marijuán precipitó su renuncia, una decisión que el gobierno atribuyó a la exclusiva voluntad de la imputada, aunque hay muy buenas razones para pensar que en el desenlace estuvieron presentes otras consideraciones.

Lo que queda claro es que la situación de Miceli se tornó insostenible y la renuncia se transformó en la única salida política de un escándalo que amenazaba con comprometer al gobierno nacional, 48 horas antes de anunciar la candidatura de la esposa del presidente. La ex ministra deberá ahora responder como ciudadana a las imputaciones de la Justicia y en el futuro, se sabrá acerca de su responsabilidad personal y también sobre su responsabilidad política.>

Pero llama la atención la tozudez del gobierno en sostener a una funcionaria cuyas declaraciones contradictorias, en el más suave de los casos, ponían en evidencia una torpeza política incompatible con una funcionaria de esa jerarquía institucional. La señora Miceli hasta el momento no ha podido explicar satisfactoriamente el origen del paquete de dinero hallado en el baño de su despacho. Como suele suceder con los funcionarios del oficialismo, la ex ministra intentó responsabilizar al periodismo de lo ocurrido, y en algún momento reprochó a la prensa el haber involucrado a su familia, olvidando que fue ella quien, precisamente, habló de su hija y de su hermano para justificar la presencia del dinero.>

La ministra de Economía de perfil más bajo de las últimas décadas abandona el cargo, en medio de un escándalo judicial absolutamente inédito. A decir verdad, desde el punto de vista de la economía del país, su renuncia no provoca ningún impacto, porque el poder raras veces circuló por su despacho.>

El presidente de la Nación siempre se jactó de ser él el verdadero ministro de Economía, una afirmación que encontró en la presencia mediocre de Miceli su máxima expresión. En las últimas décadas, los ministros de Economía -en la Argentina y en cualquier país medianamente civilizado- se distinguieron por dos atributos que excedían su identidad ideológica: disponibilidad de equipos de asesores y técnicos de primer nivel y una trayectoria académica con reconocimientos nacionales e internacionales. Ninguno de esos requisitos cumplía la señora Miceli, motivo por el cual, temas candentes como la crisis energética o la inflación, por ejemplo, se trataban y se resolvían en otros espacios.>

Por último, debemos preguntarnos si el "bañogate" termina con la renuncia de la funcionaria. La Justicia seguirá actuando; pero a nadie se le escapa que las irregularidades cometidas exceden la responsabilidad individual de una mujer, cuyo cargo era superior a sus posibilidades intelectuales y éticas. Como en el caso Skanska o como con las denuncias contra la funcionaria ambientalista Romina Picolotti, lo más importante aún no ha sido aclarado y la opinión pública no lo conoce. >