Se estima que alrededor de 250 personas murieron en la tragedia aérea ocurrida en San Pablo el martes pasado. El avión proveniente de Porto Alegre intentó aterrizar en la pista de Congonhas y por motivos que se tratan de determinar el piloto perdió el control de la nave, que se salió de pista, cruzó la avenida Washington Luis y se estrelló contra un depósito de combustible.
La tragedia recuerda lo sucedido en Aeroparque hace ocho años con un avión de pasajeros de la empresa Lapa, sólo que en aquella oportunidad el accidente se produjo por un despegue fallido. En su momento, ese accidente abrió un debate sobre la seguridad en los vuelos y la responsabilidad de los funcionarios encargados del control aéreo.>
Lo ocurrido en Congonhas impacta en nuestro país de manera singular porque desde hace meses voceros de la oposición y analistas políticos vienen advirtiendo acerca del deterioro de los sistemas de seguridad aéreos, tema sobre el cual el gobierno nacional ha tranquilizado a la opinión pública anunciado algunas reformas cuya eficacia aún no se ha verificado.>
Lo sucedido en Brasil debería ser un verdadero llamado de atención para los responsables de la seguridad aérea en la Argentina. La información de lo sucedido en San Pablo bien podría titularse como "Crónica de una tragedia anunciada". En efecto, dos semanas antes, en la misma pista los aviones de las empresas TAM y GOL colisionaron. Si bien no hubo que lamentar víctimas los observadores advirtieron sobre los riesgos de la pista.>
El domingo pasado el avión de la empresa Pantanal procedente del interior de San Pablo se salió de la pista. Lo ocurrido entonces prefiguró de alguna manera la tragedia de TAM porque la trompa del avión enderezó hacia la avenida Washington Luis, con la diferencia que en este caso el piloto pudo controlar a la nave.>
Desde hace por lo menos un año, técnicos y funcionarios advierten sobre las deficiencias de la pista de aterrizaje. Un informe de peritos señaló que el sistema de eliminación de agua no funciona como es debido, motivo por el cual el escurrimiento es lento. El mismo informe recomendaba que los días de lluvia se tomen precauciones o se prohíba el descenso de los aviones. Nada de eso se hizo.>
El otro punto que hoy provoca estupor e indignación en quienes investigan lo ocurrido, es la presencia de un depósito de combustibles a pocos metros de la pista. Los reglamentos de los aeropuertos lo prohíben expresamente, sin embargo, por un motivo u otro, la norma no se aplicó y las consecuencias ahora están a la vista. El hecho debe ser registrado por los argentinos porque en Aeroparque sigue habiendo un depósito de combustibles a poca distancia de la pista.>
La tragedia que hoy enluta a Brasil muestra que si los dispositivos de seguridad funcionaran como es debido y los responsables de aplicarlos hicieran lo que dictan las leyes, los accidentes podrían reducirse al mínimo. Nadie tiene derecho a poner en peligro la vida de las personas por razones corporativas o por ineficiencia. La lección vale para Brasil, pero también para la Argentina.>