Juan Ortiz (*)
La historia edilicia de la Catedral Metropolitana de Santa Fe se sumerge en lo profundo de una época tan lejana como cercana, de la que perviven tanto trazos visibles como ocultos.
La Catedral se erige como un edificio emblemático del devenir histórico de la ciudad de Santa Fe y de la fe viva que otrora se derramaba a toda la esfera del ámbito urbano, en aquellos tiempos en que la zona sur era el centro neurálgico de la vida ciudadana.>
El casco fundacional alrededor de la plaza 25 de Mayo y proximidades daba cabida a diferentes edificios de carácter religioso, en un claro dominio crístico en el espacio urbano. La Iglesia de Todos los Santos ocupaba en este esquema espacial jerárquico un lugar preponderante como Iglesia Matriz. >
Los muros actuales conservan en su interior esas características constructivas epocales; muros de tapia y adobe revelan las técnicas de aquellos tiempos. Pares y nudillos en la estructura principal del techo exponen abiertamente los mecanismos de sustento de la vieja techumbre de tejas coloniales.>
Pero más allá de las características emergentes de la sencilla volumetría cruciforme, la presencia de las torres campanario, la fachada con su estilo neoclásico, existe otro universo, quizás más austero pero igualmente testimonial: el de los diferentes colores, guardas decorativas, efectos de falsos mármoles, dorados a la hoja, entre otros, que tapizaban las superficies interiores y exteriores del templo.>
Las diferentes capas de pintura son testigos de una época espiritual efervescente que se expresaba a través de una paleta cromática enérgica: ocres en diversos valores, verde profundo, carmesí vibrante, dorado espiritual, plata pura, mármoles veteados, encarnaban los propios contrastes de nuestra existencia. Un uso del color que se integraba orgánicamente a la arquitectura, exteriorizando la articulación plástica del edificio como un todo, la misma que deviene en orden, proporción, integridad y nitidez.>
Los trabajos de restauración y puesta en valor iniciados recientemente en la Catedral Metropolitana ponen en evidencia la etapa más visible de un anhelado proceso de rescate identitario, para rejerarquizar el patrimonio arquitectónico de los santafesinos, y en especial de este edificio emblemático declarado Monumento Histórico Nacional.>
Con el apoyo de los gobiernos nacional y provincial, y la gestión del arzobispo monseñor José María Arancedo y el párroco de la Iglesia, la empresa constructora Arcos, sobre un anteproyecto de la Dirección Nacional de Arquitectura (DNA), presenta un proyecto de intervención en acuerdo con la Comisión de la Catedral y los representantes a nivel local de la Comisión de Patrimonio, para restaurar y poner en valor el edificio.
Es así que se decide, entre otras tantas opciones y como parte de un proceso integral, por ejemplo, reemplazar el techo de chapas de fibrocemento por tejas coloniales, restituyéndole esa imagen epocal, convincente en su textura y color, y la aplicación del color tanto en los muros del interior como en el exterior. >
De calas sucesivas realizadas en diferentes sectores del templo, resalta el rico y variado empleo del color a lo largo del tiempo, por lo que se resuelve rescatar esa intención expresiva recurrente.>
Quizás el santafesino esté demasiado habituado al blanco de los paramentos, pero en el descascaramiento patológico de los muros asoman capas de color antiguas, vestigios quizás de otra claridad espiritual.>
�Podrá este recambio cromático conmover nuestros horizontes escatológicos?, �revitalizar nuestra experiencia y percepción del espacio sacro como ámbito mistérico?>
Sin dudas ya es tiempo de repensar nuestro espacio urbano, arquitectónico y religioso desde aquel lugar que lo resignifica y rescata como valor identitario.>
La puesta en valor de la Catedral Metropolitana presenta una oportunidad única para revitalizar, al menos desde una situación aislada, las condiciones ambientales de esa zona fundacional, de alto valor simbólico, ponderable como medio de fortalecimiento de una identidad y un acervo cultural a veces menospreciado, el "nuestro".>
La Catedral Metropolitana, erigida bajo la advocación de Todos los Santos por Juan de Garay, ocupa el solar de la antigua Iglesia Matriz de Santa Fe de la Vera Cruz, en la esquina noroeste y con la fachada principal mirando hacia al sur.
Aún en proceso de traslado de la ciudad a su actual emplazamiento, la iglesia fue uno de los primeros edificios que se levantaron en el actual casco histórico fundacional, hacia fines del siglo XVII (1665). Este primer edificio debió ser de una sola nave, construido posiblemente con premura ante la necesidad de definir el espacio de culto luego de la mudanza.
A mediados del siglo XVIII se decidió levantar un nuevo edificio que superara las falencias arquitectónicas del primero. Entre 1747 y 1751 empezó a construirse el actual templo, de tres naves con cielorraso de caña, paredes de tapia y una torre campanario. Los primeros cambios datan de 1832 y 1834, cuando se construyó la actual fachada en estilo neoclásico, aunque con dos torres en lugar de la única proyectada originalmente.
En 1897 la Iglesia adquirió el rango de Catedral, y en 1934, el de Catedral Metropolitana.
A partir de 1940, se emprendieron obras para adecuar la iglesia a su nuevo estatus. Es así que se agrega el transepto y se ejecutan los cielorrasos de falsa bóveda de cañón corrido en la nave central con arcos fajones, y de falsas bóvedas de aristas en las naves laterales, reemplazándose el techo de tejas por chapas de fibrocemento color ladrillo.
Las últimas intervenciones se realizaron después de 1982, al eliminarse la antesacristía y la contrasacristía, para ser convertidas en capillas, la del Santísimo y la de la Virgen, con la transformación del altar principal.