Agasajos al árbol.
Alabanzas al buen sueño de la savia y a la lúcida labor de la rama.>
Serás creída.>
Presentas tibia prueba de haber estado atenta>
y obediente en el sitio de reposo necesario,>
entre la sangre terrestre y el vertiginoso cielo.>
Pero fuiste tan diligente como mansa, tan entregada como hábil.>
Y tu docilidad fue tenaz y madura en sacrificio astuto,>
como el absorbente valle;>
como la penetrante ceguera de la planta,>
que sepulta su voluntad abriéndose sin embargo>
a la próspera libertad respiratoria de los ramos.>
De la honda paciencia de la nada, con nada más que espera,>
salvaste esta avidez redonda, que de sí misma crece,>
y que colocas en el dominio del sol,>
como ofreciéndola, pero protegiéndola,>
ya que bien sabes que su paternal generosidad desgasta.>
Porque supiste, también tú, contener entre tus manos sin que se derrame,>
tu creencia, un hueco con sazón que reverbera,>
porque un instante de mortal deslumbramiento>
has colocado con éxito en la órbita>
del tiempo, y en la propia velocidad del sueño>
has cavado redondamente con tus palmas, >
el cuerpo de tu amor, palpable.>
Y aunque esto que dichosamente depositas sobre la luz>
tal vez no sea más que el efímero tamaño del aire que dos manos abarcan,>
en lo alto de una danza,>
pero porque has hecho lo que todas, antes,>
que su pequeñez se viera como un sitio más brillante>
que el resto del brillante pero ciego día,>
porque has puesto esperanza en un ligero punto de la vida,>
ten tu peso en respeto.>
Y eres ahora cabal como tu fruto>
y sin embargo estás cargada de futuro,>
ahora que te has aliviado de la gravidez de una deuda.>
Tal vez te sientes horizonte redondo y un ámbito de benigno porvenir para tu niño.>
Y sin embargo es él quien te rodea, inaugurándote.>
Procura no agobiar con una sombra posesiva>
esta libertad que te depositan>
ni loarte por esta imposición con que el destino>
te carga, como una honrosa servidumbre.>
No terminan de regalarte la tierra.>
La tierra termina de conchabarte como a una de las dulces criadas de su séquito.>
Enséñale sobre todo a cantar, antes del amor y después>
de la guerra. >