Honrosa servidumbre
Por César Mermet

Agasajos al árbol.

Alabanzas al buen sueño de la savia y a la lúcida labor de la rama.>

Serás creída.>

Presentas tibia prueba de haber estado atenta>

y obediente en el sitio de reposo necesario,>

entre la sangre terrestre y el vertiginoso cielo.>

Pero fuiste tan diligente como mansa, tan entregada como hábil.>

Y tu docilidad fue tenaz y madura en sacrificio astuto,>

como el absorbente valle;>

como la penetrante ceguera de la planta,>

que sepulta su voluntad abriéndose sin embargo>

a la próspera libertad respiratoria de los ramos.>

De la honda paciencia de la nada, con nada más que espera,>

salvaste esta avidez redonda, que de sí misma crece,>

y que colocas en el dominio del sol,>

como ofreciéndola, pero protegiéndola,>

ya que bien sabes que su paternal generosidad desgasta.>

Porque supiste, también tú, contener entre tus manos sin que se derrame,>

tu creencia, un hueco con sazón que reverbera,>

porque un instante de mortal deslumbramiento>

has colocado con éxito en la órbita>

del tiempo, y en la propia velocidad del sueño>

has cavado redondamente con tus palmas, >

el cuerpo de tu amor, palpable.>

Y aunque esto que dichosamente depositas sobre la luz>

tal vez no sea más que el efímero tamaño del aire que dos manos abarcan,>

en lo alto de una danza,>

pero porque has hecho lo que todas, antes,>

que su pequeñez se viera como un sitio más brillante>

que el resto del brillante pero ciego día,>

porque has puesto esperanza en un ligero punto de la vida,>

ten tu peso en respeto.>

Y eres ahora cabal como tu fruto>

y sin embargo estás cargada de futuro,>

ahora que te has aliviado de la gravidez de una deuda.>

Tal vez te sientes horizonte redondo y un ámbito de benigno porvenir para tu niño.>

Y sin embargo es él quien te rodea, inaugurándote.>

Procura no agobiar con una sombra posesiva>

esta libertad que te depositan>

ni loarte por esta imposición con que el destino>

te carga, como una honrosa servidumbre.>

No terminan de regalarte la tierra.>

La tierra termina de conchabarte como a una de las dulces criadas de su séquito.>

Enséñale sobre todo a cantar, antes del amor y después>

de la guerra. >

(1961)