Lengua viva
Del sonido al grafema (I)
Evangelina Simón de PoggiaE-mail: [email protected]

Si hablamos de grafema nos ubicamos en la representación del fonema en la escritura y, si es así, caeremos, inevitablemente, en el ámbito ortográfico.

Adquirida la lengua materna nos preguntamos si el aprender a leer y escribir es un proceso similar a la adquisición de la lengua materna o no lo es y cómo se da el pasaje, por lo tanto, del sonido (oralidad) al grafema (escritura). En este sentido hay varias posturas que será interesante recordar; por ejemplo: Vigotsky considera que la actividad de leer y escribir es parte de un proceso que va del habla a la lectoescritura constituyendo una unidad. Esta postura dio lugar a la revitalización del concepto referido a la preparación y adiestramiento del niño antes de enfrentar la escuela (me refiero a las habilidades lingüísticas), se pretendió comprobar si el niño que posee mejores habilidades lingüísticas está preparado para aprender a leer y escribir. Lo expuesto trajo como consecuencia los aprestamientos en el jardín y preescolar, la revisión de los métodos de enseñanza (silábicos, palabra generadora, etc.). En definitiva, es la misma postura que predica que aprender a leer es una extensión natural del aprender a hablar, constituyendo los mismos procesos cognoscitivos que el aprendizaje de la lengua materna.>

Otra concepción es la de Mattingly que introduce el concepto de "conciencia lingüística", considerando a la actividad de hablar como "primaria" frente a la de leer y escribir que sería "secundaria". Lo que da lugar a pensar que la adquisición del habla es un proceso natural y espontáneo en los seres humanos, en el que no interviene una enseñanza sistematizada. Según él la lectoescritura es una actividad que se apoya en el hablar, que exige un aprendizaje y entrenamiento, para lo cual es necesario que el alumno haya desarrollado cierta conciencia lingüística y el conocimiento de ciertos aspectos del habla como la posibilidad de operar a través de la "segmentación" en el continuum sonoro de la lengua y de su significado. El concepto de Conciencia Lingüística lo trabaja a la luz de la generativa transformacional de Chomsky, quien sustenta, por parte del niño, el conocimiento natural de su lengua y la capacidad de estructurar expresiones por primera vez y de comprender otras que jamás ha escuchado. Según esta postura, el hablante desconoce las competencias que tiene de su propia lengua, y detecta intuitivamente si un texto es coherente o no (si tiene o no unidad significativa), si es gramatical o agramatical, si son expresiones aceptables para la comunidad o no. Sabe que las diferencias fónicas traen como consecuencia diferencias en el significado, pero nada de esto sucede a nivel consciente, es decir a través del conocimiento gramatical de su lengua. Sin embargo, en la escritura la situación cambia, pues exige el conocimiento de las unidades que la escritura representa: los grafemas.>

Por otro lado, Downing además de presentar las etapas: cognitiva referida al aprendizaje de la lectoescritura propiamente dicho, la de dominio y la automaticidad, hizo grandes observaciones al referirse a la "confusión cognoscitiva" del niño al no reconocer la diferencia entre la palabra y el sonido, entre el sonido y el grafema. Esto gracias al continuum de los sonidos del habla (Saussure ya habló del continuum de la lengua). El niño plantea la misma confusión al tener que segmentar los sonidos en la oralidad que a los grafemas en la escritura. Está aprendiendo la relación entre sonido y grafema.>