Laura Osti
En "El tiempo", del realizador coreano Kim Ki-duk, la idea fuerza podría ser "en cualquier lugar de la realidad cotidiana puede haber una puerta que comunica con otra realidad cotidiana, pero algo distinta".
Para no exagerar -aun cuando el director tenga cierta tendencia a las exageraciones-, el espectador no se atreve a descubrir grandes planteos filosóficos en sus filmes, pero sin duda los grandes temas están ahí, presentados con una estética que oscila entre el realismo más crudo, el kitsch, el absurdo y una mezcla de tradición y vanguardia que juega en un permanente contrapunto disonante, como un ruido de reminiscencias trágicas que se apodera de escenas propias del mundo moderno.>
Lo que ocurre en "El tiempo" es una crisis de pareja que comienza por una banalidad y adquiere proporciones descomunales, dejando un reguero de angustia e impotencia a medida que los protagonistas se van moviendo en el intento de superarla y con cada movimiento, no hacen más que profundizarla y complicarla un poco más.>
See-hee y Ji-woo son novios desde hace dos años y un buen día ella descubre que el deseo de él ha empezado a flaquear. Demasiado predispuesta a encontrar señales del interés de su amado por otras mujeres, los celos obnubilan la conciencia de See-hee hasta el extremo de llegar a realizar verdaderas extravagancias con el fin de reconquistar a su amor.>
Así, un buen día desaparece sin explicaciones y decide ponerse en manos de un cirujano plástico para que modifique su rostro y así, ella espera llegar a ser distinta. Su plan secreto es volver a aparecer en la vida de Ji-woo, pero con otra identidad, y enamorarlo otra vez.>
Pero las cosas no saldrán como ella esperaba y todo tenderá a complicarse y a enredarse, de tal manera que la joven será atrapada por su propio juego y arrastrada a un desenlace trágico y doloroso.>
Lo sorprendente del filme no es la historia sino la manera de contarla. Kim Ki-duk parece pensar cada plano y cada secuencia, cada gesto y cada palabra, como un signo polisémico, y va relacionando uno con otro como una suerte de sinfonía, no precisamente complaciente.
En la película subyace una crítica mordaz a la manía de acudir a la cirugía plástica para resolver problemas de origen psicológico que el mundo moderno alienta y promueve, también en el lejano oriente. Pero ésta parece ser una excusa para plantearse otros interrogantes, quizás los mismos interrogantes de siempre acerca de la naturaleza del amor, del tiempo, del ser, la soledad y la búsqueda de la felicidad.>
La mirada del director oscila también entre los extremos: entre cruel y despiadada, y sublime y compasiva.>
Sin preocuparse demasiado por lo verosímil, el director coreano tiene la particularidad de valerse de situaciones comunes enlazadas y presentadas de tal modo que generan inmediatamente la aparición y la instalación de lo extraño.>
Y el mensaje subliminal que domina durante todo el filme es una advertencia feroz a la, al parecer, irresistible tendencia a acudir a la intervención tecnológica en todos los órdenes de la vida. Una práctica difundida como una nueva fuente de la felicidad, que al fin resulta ser nada más que un nuevo artilugio de la humanidad, que en vez de facilitar la existencia, la dificulta, ahondando en la infelicidad.>
"Shi gan-Time", Corea del Sur-Japón/2006, color; hablada en coreano. Dirección: Kim Ki-duk. Con Ha Jung-woo, Park Ji-yun, Sung Hyun-ah, Kim Sung-min, Kim Ji-yun, Kim Bo-nah. Guión: Kim Ki-duk. Fotografía: Sung Jong-moo. Música: Noh Hyung-woo. Edición: Kim Ki-duk. Presentada por Distribution Company. 98 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años, con reservas.