La candidata presidencial oficialista Cristina Fernández de Kirchner instó a concretar un acuerdo social, en lo que significó uno de los puntos más altos de su discurso de lanzamiento, y enseguida la dirigencia de los diversos sectores salió a aplaudir la iniciativa.
No hay que hacer demasiado esfuerzo para recordar que todos los candidatos han hecho siempre el mismo llamamiento, y tampoco hay que derrochar energías para rememorar que esa propuesta casi nunca ha tomado forma y que los escasos intentos han naufragado a poco de zarpar.>
El fracaso fue responsabilidad de los propios protagonistas que tienen el poder de decisión -ya por impericia, ya por la imposición de los intereses sectoriales en detrimento de los generales- mas no de los ciudadanos comunes, que verían con obvia satisfacción un pacto duradero que saque al país al menos del área de riesgo permanente.>
El fervor de un acto político no permite muchas veces entrar en detalles sobre las propuestas y entonces la ceremonia se transforma en un compendio de ideas-fuerza cuyo contenido, en este caso por la envergadura de la iniciativa, sería bueno conocer en breve. Los escollos para poder llevar a cabo el plan no son pocos, y entre ellos, se anotan las diferencias en la elaboración del diagnóstico y la evaluación de los diversos indicadores.>
Algo así como, simplificando la cuestión, ver la mitad vacía o la mitad llena del vaso. Ambas formas de observación pueden ser válidas, pero si no se las coloca a un mismo nivel en forma simultánea se corre el riesgo de ser víctimas de arrestos ingenuos de optimismo o pesimismo, según el caso.>
En ese marco, es cierto que se han creado muchos empleos, pero también es verdad que millones de personas están sin trabajo o con tareas precarias y mal pagas. Se sucede, paulatinamente, la contratación de personas en blanco. Pero al mismo tiempo casi la mitad de los asalariados está en negro.>
Los salarios han registrado aumentos y el mínimo, vital y móvil mostró una evolución importante en los últimos años. Pero a la vez continúa el aumento de precios que devora esas mejoras y mucha gente percibe haberes inferiores al salario mínimo, debajo del cual, según la ley, no debería situarse ningún sueldo.>
Al respecto, vale citar un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), según el cual más de la mitad de los empleados de las empresas con planteles de hasta 10 trabajadores cobraba en los últimos meses salarios inferiores el mínimo.>
Esto configura un panorama que muestra, a simple vista, un ejército de personas al borde del abismo o directamente en él y a merced de los monstruos que crean la marginalidad y el desamparo. Voces especializadas se han alzado para proponer que, más allá de iniciativas rimbombantes de dudosa concreción, deben encararse acciones quizás más sencillas para ir, poco a poco, rearmando el tejido social. >
Esto es, dicen por ejemplo, legislar para el que no tiene trabajo en lugar de seguir manoseando normas que sólo enfocan al sector formal. Por caso, varios estudios privados han señalado como obstáculos la excesiva burocracia y la complejidad impositiva para desarrollar emprendimientos que, ante los callejones sin salida, se transforman en nichos de trabajo no registrado. Hubo legislación que, más allá de las simpatías o antipatías que despierte, supo tener una visión -o al menos la ambición- integral de la situación, como por ejemplo la Ley Nacional de Empleo, aprobada hace alrededor de una década y media. Varios ítems contemplaron las diversas caras del mundo laboral y así se establecieron reglas para el trabajo a prueba, el juvenil, a tiempo parcial y hasta beneficios impositivos para promover la creación de puestos laborales. Con el devenir de los gobiernos y la práctica nociva del Antón Pirulero -donde cada cual atiende su juego- se produjo una catarata de proyectos, muchos de ellos sancionados, que, al final, evidentemente no dieron los resultados positivos que prometían.>
En el ámbito estricto del mundo sindical, la CGT mueve sus fichas pero sin descargar la pesada mochila de sus eternas pujas internas. La llamada "mesa chica" de la central, donde supuestamente militan todas las fracciones -excepto, como desde hace rato, los "gordos"-, tuvo una nueva reunión para preparar otra incursión por la Casa Rosada, donde ahora el pedido será un aumento en la remuneración de los jubilados y en las asignaciones familiares.>
Tras el cónclave, llegaron las lecturas políticas, y se repitió la tentación del vaso medio vacío o medio lleno. Algunos interpretaron que se renovaron los intentos de ponerle límites al jefe de la CGT y de los camioneros, Hugo Moyano. Pero también vale analizar que, por ahora, sin Moyano el resto no puede entrar a lugares de privilegio, como la Casa de Gobierno. Más allá de cuitas y de maniobras políticas propias de los tiempos preelectorales, sería una señal positiva que las agendas -tanto la de la CGT como la de los otros sectores involucrados, empezando, por supuesto, por el oficialismo gobernante- empezaran a incorporar la cuestión del pacto social, con análisis y propuestas concretas y las difundieran más temprano que tarde. Sólo así podrán renovarse la credibilidad y la esperanza y se evitará asistir al galope efímero de un nuevo caballito de batalla.>
Luis Tarullo