En 1998, publiqué en El Litoral un artículo en el que advertía sobre la escalada de violencia delictiva y acerca de la necesidad de enfrentarla con decisión y firmeza. Lamentablemente, a casi una década, el problema ha crecido y los métodos empleados para solucionarlo han fracasado, ya que el tema no se arregla con más policías o comités barriales.
La inseguridad ya es una cuestión de Estado, porque afecta a todos los sectores de la sociedad. Por ese problema, muchos argentinos han emigrado y numerosas empresas internacionales no se arriesgan a invertir en el país. De nada sirve exhibir logros en otras áreas, cuando la vida y los bienes de los ciudadanos están a merced de los delincuentes. De allí, que todas las encuestas indican que la mayor preocupación de la población es la inseguridad reinante.>
Para encarar la solución, primero hay que entender el problema. La cuestión de la seguridad pública no es un tema policial, es un problema de Estado, y por lo tanto político en el más alto significado de esa palabra. Es el Estado quien debe tomar la decisión de combatir la delincuencia sin contemplaciones. La Policía es la fuerza con la que cuenta el Estado para actuar contra el delito. Institución que debe ser de estructura vertical, piramidal, disciplinada, cohesionada, capacitada, equipada y remunerada acorde con el riesgo que asumen sus miembros.>
La Policía actúa y obedece órdenes del Poder Ejecutivo, quien le traza la política de seguridad a seguir, y de los jueces competentes en la investigación de las causas penales concretas. De allí que la Policía es el factor técnico, profesional, en la solución efectiva del problema. Pero, el tema de la seguridad, en suma, no es otra cosa que una situación de permanente quebrantamiento de la ley y el orden, y la caída del principio de autoridad. Y eso es una cuestión de Estado.>
Enfocado el problema, cabe ahora plantear el esquema organizativo y trazar los cursos de acción para atacar sus causas y sus efectos. Entre las causas, hay que tener en claro que la delincuencia actúa siempre con ventajas respecto de las fuerzas del orden: no está atada a leyes y reglamentos, no tiene límites morales en su accionar, el botín logrado le permite solventar costosas defensas penales, y a mayor ferocidad demostrada crecerá su prestigio en el hampa. La delincuencia cuenta con informantes (inteligencia delictiva), armamentos, fondos, vehículos, aguantaderos (logística delictiva), bandas organizadas para la acción (operaciones delictivas). Conocer esa ventaja inicial del oponente es clave para combatirlo.
La organización de la Fuerza policial debe permitirle estar en capacidad operativa para actuar eficazmente. El Cuadro de Organización (CO) sirve para ese esquema: Departamento 1 (Personal); Departamento 2 (Inteligencia); Departamento 3 (Operaciones); Departamento 4 (Logística).>
El personal debe integrarse por especialidades en: oficinistas, policía judicial, policía científica, cuerpos (Guardia de Infantería, Comando Radioeléctrico, Control de Disturbios etc.), inteligencia, sanidad, jurídico, Asuntos Juveniles, Seguridad Personal y además contar con una Brigada de Tropas de Combate. Esta unidad debe tener a su cargo las operaciones en zonas controladas por la delincuencia, o donde tienen sus bases operativas o aguantaderos, y contar tanto con el armamento, la instrucción y el equipamiento necesarios, como con el resguardo de la identidad del personal que actúa en cada operativo, como ocurre en los países más avanzados del mundo.>
Para poder actuar eficazmente, la Policía necesita disponer de la información adecuada, que es proporcionada por el D2 Inteligencia. Éste debe tener habilitada una red informativa y actuar coordinadamente con los organismos de Inteligencia de las Fuerzas de Seguridad (Gendarmería y Prefectura), Policía Federal y Policías provinciales.>
La Brigada de Robos y Hurtos es un elemento indispensable, más aun cuando estos delitos son los que se han multiplicado geométricamente. Por el contrario, la Dirección de Asuntos Internos debería suprimirse, ya que constituye un factor negativo que actúa como espada de Damocles sobre las cabezas del personal policial, limitando o frenando su accionar por temor a ser sumariado. El policía es un ciudadano como cualquiera, y si no cumple con la ley, la Justicia penal se encargará de juzgarlo, sin necesidad de organismos internos.>
Hasta ahora, la iniciativa ha estado en manos de la delincuencia, y eso ha sumado otra ventaja a su favor, ya que obligó al Estado a limitarse a actuar detrás de los hechos consumados. Eso le ha permitido al delito ganar tiempo, organizarse mejor y crecer en capacidad operativa. Los territorios pueden dividirse en tres clases: zona fría (allí el delincuente no opera, se esconde o abastece); zona caliente (la delincuencia opera y se enfrenta con las fuerzas del orden); y zona liberada (los malvivientes operan impunemente o con respuesta policial de baja intensidad). Por cierto, siempre el delincuente elige moverse donde corre menor riesgo.
De todo esto surgen dos premisas: la primera consiste en retomar la iniciativa, que el Estado pase de estar a la defensiva a encarar una ofensiva. La segunda, que la delincuencia sepa que quien viole la ley o conspire para violarla será severamente castigado. No hay delito pequeño. No hay delitos "sociales". Quien corta una calle o una ruta viola la ley, quien pintarrajea el frente de una propiedad viola la ley, quien integra un grupo que consume alcohol en la vía pública viola la ley, los que rompen carteles y señales también. Una Brigada de Orden Público debe proceder de inmediato contra cualquier alteración del mismo.>
Pasar a la ofensiva es impedir que la delincuencia siga actuando. Para ello se hace necesario desbaratar las organizaciones delictivas, se trate de bandas, grupos, patotas o "familias". Con la información provista por Inteligencia policial, la Fuerza procederá a la búsqueda y detención de los malvivientes, sus encubridores, instigadores y cómplices. En esa misión, los operativos de cerco, rastrillo y las razzias son de probada efectividad.>
El territorio (ciudad, provincia) debe estar bajo control policial. Lo accesos, los puentes, los nudos viales, las rutas, deben contar con retenes permanentes y móviles, y la Policía caminera, disponer los medios y el personal adecuados. La actividad nocturna en bares, cabarets, boliches y confiterías, momento preferido para el accionar delictivo, debe limitarse a un horario que no exceda la una de la mañana.>
La Policía debe volver a contar con la posibilidad de detener a un sospechoso por averiguación de antecedentes durante las 24 horas necesarias para ese fin. Todo ciudadano debe circular con sus documentos de identidad y los del vehículo que conduce. Los Barrios Policiales posibilitarán que los agentes del orden dejen de convivir en vecindad con los delincuentes que deben combatir. Un Hospital Policial, con sala de urgencias, quirófano, terapia intensiva, y ambulancias equipadas es una necesidad impostergable para quienes arriesgan su vida a diario. Unidades de Transporte Policial deben trasladar el personal en servicio, evitando que sea presa fácil de la delincuencia al verse obligado a usar el transporte público. Una Proveeduría Policial permitirá a la familia del personal adquirir mercaderías a precios módicos. Todo esto hace que el policía se sienta respaldado y actúe libre de preocupaciones.>
Finalmente, dos premisas básicas: si el Estado pierde el monopolio de la fuerza, sobreviene el caos y el desorden; si la Policía no controla la calle, la controlará la delincuencia. Restaurar la ley y el orden, en todos los órdenes, es la solución real al problema de seguridad. Lo demás, no pasa de buenas intenciones.>
Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla