La fe militar

El gobierno dio un paso adelante en su idea de producir "un cambio cultural" en las Fuerzas Armadas, al disponer que los militares no tengan que declarar la fe que profesan al ingresar a las filas castrenses, un requisito que excluyó por décadas a los aspirantes no católicos.

La decisión oficial, con el fin de eliminar posibles hechos discriminatorios, forma parte de un "proceso integral" que no descarta -confirmaron fuentes gubernamentales- disolver el obispado castrense en el "mediano o largo plazo".>

Pero esa iniciativa -revelaron las mismas fuentes- no logra consenso en el entorno del presidente Néstor Kirchner, a pesar de que varios de sus inmediatos colaboradores consideran "innecesaria e inconveniente" esa estructura religioso-militar. >

Al punto que en forma paralela operadores K fogonean un proyecto de ley -trabado en el Senado- para dar por terminado el acuerdo entre la Argentina y la Santa Sede que dispuso, en junio de 1957, la creación del vicariato castrense.>

Las propuestas comenzaron a tomar forma a raíz del conflicto que se desató entre el gobierno y la Iglesia en 2005, cuando Kirchner pidió la remoción al Vaticano del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, por una frase evangélica que se interpretó como apología de la dictadura militar.>

Más allá de las demoras diplomáticas que conlleva este posible cambio de status institucional, el gobierno impulsa una modificación del servicio religioso que se presta en las unidades militares.>

Una etapa previa a la disolución del obispado castrense que busca permitir el ingreso de pastores y rabinos a los cuarteles, para la atención espiritual -hoy monopolio de los sacerdotes católicos- de los uniformados que profesen esas creencias.>

La Casa Rosada dice fundamentar esa iniciativa en estadísticas militares que reflejan un incremento de los evangélicos y protestantes, sobre todo entre los suboficiales. También toma en cuenta que el servicio religioso no excluye a las familias de los hombres de armas ni al personal civil, entre los que hay judíos e islámicos.>

A esa apertura -que cuenta con el aval del Episcopado argentino que conduce el cardenal Jorge Bergoglio- se sumó la semana pasada la orden de la ministra de Defensa, Nilda Garré, para que se quite de los legajos del personal militar la pregunta en cuanto a su creencia.>

La disposición oficial consiguió la inmediata aprobación de líderes e instituciones religiosas, que denunciaron en su momento que el personal civil -sobre todo judío y musulmán- tenía acotada su carrera en las Fuerzas Armadas por no confesarse católico.>

La Daia supo advertir que "hubo miembros de la colectividad judía que siguieron la carrera castrense en especialidades como médico o ingeniero, pero en la estructura militar se les ponía un techo a sus grados impidiéndoseles el ascenso a rangos mayores".>

Empero ahora la disposición de Garré cosechó el elogio unánime de pastores, rabinos y referentes del Islam. La B'Nai B'rith expresó -en una nota a la funcionaria a la que DyN tuvo acceso- su beneplácito por la medida de expurgar de los legajos personales la fe que profesan los militares, por considerarla "un reconocimiento de la diversidad cultural de la población argentina".>

El Centro Islámico de la República Argentina calificó de "positiva" la decisión gubernamental por entender que "el hecho religioso no debe relacionarse con la pertenencia a un credo", mientras que la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas la enmarcó en la "política de igualdad y puertas abiertas" que lleva adelante la Secretaría de Culto a cargo de Guillermo Oliveri.>

Por Guillermo Villarreal (DyN)