A partir de una historia que arranca en 1889 con el encuentro de 12 detectives que debaten sobre las reglas de su oficio, el escritor Pablo de Santis plantea en su novela "El enigma de París" un juego simultáneo de lealtades y desafíos al género policial.
Amante del relato clásico, De Santis apela a sus referentes literarios de la adolescencia para construir una trama que desempolva la figura del detective solitario y lo devuelve al primer plano, a contrapelo de una época que privilegia el accionar de los equipos forenses y que aprovecha la disposición de mayores recursos tecnológicos para resolver un crimen.>
"Es muy difícil contar hoy una historia policial, porque el género ha perdido sus valores simbólicos: el detective como héroe ya no existe, y ya no se concibe la investigación de un caso policial, sino como resultado de un equipo forense", señaló el escritor en una entrevista.>
"Yo miraba antes la serie `Columbo', en la que el protagonista encarnaba al detective romántico y solitario que resolvía todo con la ayuda de su inteligencia. Actualmente, las series de moda, como `La ley y el orden', se basan en el trabajo colectivo", continuó el autor de "La traducción" y "El calígrafo de Voltaire".>
"De alguna manera, también el avance de la tecnología conspiró contra la desaparición de esa figura. Hoy una gota de sangre es sometida a estudios de ADN que permiten avanzar en la resolución de un caso y que aniquilan muchas de las herramientas artesanales de las que se valían los antiguos detectives para analizar la escena del crimen", explicó.>
"El enigma de París", que fue lanzada por Planeta en toda Latinoamérica y España, narra lo que ocurre cuando una asociación que congrega a los 12 detectives más famosos del mundo decide reunirse en la capital francesa en 1889, cuando se celebra la gran Exposición Universal, y la construcción de la torre Eiffel mantiene a los franceses entre expectantes y aterrorizados.>
Hasta ahí, De Santis respeta a rajatabla las convenciones del género, en tanto que sus personajes -entre ellos un aprendiz llamado Sigmundo Salvatrio, que luego se convierte en figura crucial- funcionan como héroes pasivos que despliegan su filosofía de investigación y dilucidan los fundamentos de cada crimen.>
Sin embargo, un giro inesperado en la trama le permite al escritor subvertir las reglas: en medio del congreso, uno de los detectives es asesinado -abandonando de ese modo la condición periférica a la acción- y el resto del equipo afina sus mejores recursos para entregarse a la resolución del enigma, que pronto se cobra nuevas víctimas.>
"La novela trata sobre el mundo del secreto, sobre las posibilidades y las limitaciones de la razón. Estos detectives, justamente, creen ser los abanderados de la luz y de la razón, pero en realidad empiezan a formar parte del pasado, porque la sociedad de entonces se abre a la modernidad y surgen nuevas ideas", indicó.>
"También trabajo los contrastes entre el París luminoso, de las promesas de la ciencia, y el París de las sombras, con la convivencia de las sectas esotéricas que proliferaban en la época, además de la fuerte relación que había entre esas sectas, el pensamiento hermético y la literatura", destacó De Santis.>
Otro de los aspectos que enriquecen el planteo de "El enigma de París" es la relación que se establece entre los detectives y sus asistentes, un clásico del género que, aunque asume distintas modalidades, mantiene inalterable su condición simbiótica.>
"Siempre me llamó la atención, como elemento recurrente del género policial, el diálogo entre alguien que tiene el método y el asistente de turno. Un diálogo pedagógico en el que el maestro enseña al otro cómo razonar", apuntó De Santis.>
"Por un lado el detective, la figura que es capaz de encontrar las pistas de la verdad en los lugares más recónditos. Y por el otro el ayudante, que es quien encarna la figura del sentido común", ilustró.>
"El enigma de París" rastrea influencias de autores como Raymond Chandler o Agatha Christie, aunque la marca más persistente es la de Jorge Luis Borges, de quien recupera la épica de valores como la lealtad o la verdad.>
"No hay una idea de verdad definitiva en lo que hace a la relación entre los personajes, pero sí hay una búsqueda que sobrevuela todo el libro", dijo el autor.>
"Yo soy más bien de valores conservadores: sigo pensando que vivimos en un universo moral, en el que no es lo mismo el bien que el mal. Y no creo que los valores sean simplemente construcciones sociales", aseguró.>
"Por otro lado, en el género policial siempre hubo una nostalgia por la forma, reflejada en la idea de un relato que empieza, tiene un desarrollo y termina de cierta manera. Esa idea de forma es importante y no tiene que ver con la libertad del escritor. Siempre he creído en las poéticas de la construcción y de los límites", concluyó De Santis.>
Julieta Grosso (Télam)