Mesa de café
A modo de presentación

El frío nos ha obligado a refugiarnos en el fondo del bar, allí cerca de la columna y al lado de un ventanal que da a una calle arbolada. El bar a media mañana está desbordado de gente pero Quito, el mozo que siempre nos atiende, se las ingenia para reservarnos la mesa que él nos ha asignado para esta temporada de invierno, cuya discreta ubicación le permite a Abel y a Marcial encender de vez en cuando un cigarrillo.

A la nochecita también las mesas del bar están ocupadas, pero un detalle que hemos empezado a registrar de un tiempo a esta parte es la presencia de mujeres mayores, mujeres que en otros tiempos se reunían en alguna casa a la hora del té y que ahora salen en grupos, ocupan las mesas de los bares con el desparpajo o la indiferencia de quien se ha pasado toda la vida en el café, y todo esto lo hacen sin pedir permiso y sin reclamar alguna ley de cupo.>

De todos modos, en estos días el tema de las conversaciones no son ni el frío ni el aluvión de clientes que ingresan al bar para protegerse del clima, sino la política, un tema que en nuestra mesa es casi excluyente, más allá de que en algún momento Abel nos advirtiera que en otros tiempos una norma tácita para mantener la reunión de amigos establecía la prohibición de hablar de política dos meses antes y dos meses después de las elecciones.>

Marcial recordó que pelearse por motivos políticos hoy es un anacronismo, que ahora la gente puede pelearse por un partido de fútbol o por las diferencias rítmicas entre la cumbia villera y el cuarteto cordobés, pero por política a nadie se le ocurre pelearse y, es más, -agrega- creo que no sólo a nadie se le ocurre pelearse por semejante nimiedad, sino que a nadie, o a muy pocos, se le ocurre hablar de un tema que, a decir verdad, cada vez le importa a menos gente.>

-Así nos va- dice Marcial. Y lo dice con ese tono que todos le conocemos y que si habría que traducirlo éste sería el texto final: una sociedad estupidizada por la farándula marcha hacia el abismo y yo no estoy dispuesto a hacer nada para que ello no ocurra.>

José lo mira y se sale de la vaina para contestarle, pero prefiere hacer silencio porque en ese momento un amigo se ha acercado a la mesa a saludarnos. José suele ser un defensor de las llamadas causas populares y, sin ser ingenuo, sostiene que el pueblo es portador de grandes verdades, y si a veces -admite- ese pueblo comete alguna torpeza la culpa no es de él sino del sistema, un concepto que utiliza con frecuencia sin especificar muy bien de qué se trata, aunque en principio se supone que debe ser algo perverso, porque cada vez que lo usa es para responsabilizarlo de todos los males que nos aquejan.>

Lo cierto es que a medida que se acercan las elecciones la política se ha transformado en nuestra mesa en el tema excluyente, tan excluyente que hasta Quito, el mozo, alguien que está absolutamente convencido de que Videla y Massera son dos héroes nacionales, interviene cada vez que su trabajo se lo permite y aporta sus propias ideas, muy a pesar de Marcial quien sostiene que cada vez que lo oye opinar a Quito se convence de los beneficios del voto calificado.>

Erdosain