Niñez en riesgo: la necesidad de coordinar acciones

Un debate que por momentos tomó el color de una verdadera polémica se abrió semanas atrás entre las áreas de la niñez de nuestra provincia y de Entre Ríos. El desencadenante fue la difusión de un informe desarrollado por el vecino distrito sobre la presencia de niños y niñas de Santa Fe que viajan a la capital entrerriana a mendigar. En realidad, hace más de un año que se tenía conocimiento de esta situación, pero el nuevo ingrediente fue el pedido al gobierno local, a través de una presentación judicial -que luego viró a administrativa- para que se apliquen de manera efectiva medidas de protección sobre los chicos.

Instalado en los medios, el tema desencadenó un cruce de reclamos y respuestas entre ambas oficinas, y no pocos reproches por la forma en que se había manejado el tema, sobre todo ante la prensa.>

Sin embargo, más allá de los dichos de una y otra orilla, subsiste de fondo la situación que dio origen a tamaño debate mediático pero que debe ser, sin ninguna duda, el eje de un trabajo coordinado y sostenido en el tiempo: la protección de los derechos de los chicos y las chicas que, en total estado de vulnerabilidad, recurren a la mendicidad como forma de subsistencia.>

En realidad, la demanda entrerriana no hizo más que poner sobre el tapete un tema complejo y doloroso como es la niñez en situación de riesgo, devuelto a las primeras planas cada vez que un hecho llamativo lo vuelve a convertir en noticia, pero presente en una realidad cotidiana que tiene entre sus asignaturas pendientes un inquietante porcentaje de pobreza infantil. Esta vez fue el entredicho interprovincial, antes fueron los destrozos en una céntrica escuela de esta ciudad, como también lo fueron, en su momento, las tristes imágenes de niños aspirando pegamento.>

El denominador común, en todos los casos, es el sufrimiento sin atenuantes de los chicos, privados de todas las actividades propias de una infancia normal y de los derechos que los dignifican: salud, educación, contención, afecto y, en definitiva, un ámbito seguro para su desarrollo.>

Hacia este logro deben dirigirse las prioridades oficiales -cualquiera sea su área jurisdiccional-, como también las acciones institucionales y las que requieren de un efectivo compromiso social. Recientemente se puso en marcha un programa destinado a contar con familias solidarias para el cuidado transitorio de chicos que no pueden permanecer en su hogar de origen. La convocatoria recibió una tibia respuesta de la comunidad.>

Más allá de los programas que cada territorio pone en práctica, de las ayudas económicas con que se puede paliar la situación de las familias más humildes y por encima de la procedencia geográfica de los verdaderos protagonistas de este flagelo, la meta común debe ser la restitución de los derechos de los chicos, a través de un trabajo efectivo y constante, que trascienda fronteras físicas pero también gestiones y discursos políticos.>