Me llevó varias horas encontrar una reflexión que había leído años atrás de Leszek Kolakowski, de su libro Amidst Moving Riuns consignada por Giovanni Sartori en La democracia después del comunismo que dice: "La euforia es siempre breve. La euforia del poscomunismo ya ha pasado y las premoniciones de los peligros inminentes son crecientes" y Sartori agrega: "Y entre éstos el de las cabezas huecas llenas de discursos inútiles". El libro del politólogo italiano describe que tras el fin de la guerra fría y las transformaciones de Europa del Este aparecen otros peligros en el hombre y para el hombre y las sociedades que integra.
Pero seguramente, si hubo un lector paciente de llegar a este punto de "Apuntes...", se preguntará el porqué de este comentario. La gota de agua que rebalsó el vaso fue la conferencia que, esta semana, a modo de despedida del país, ofreció el presidente venezolano Hugo Chávez, tan caro a los sentimientos de nuestro jefe de Estado, Néstor Kirchner.>
Al igual que en otras ocasiones, Chávez mezcló el pasado con el presente y futuro; personajes y no personajes, citas y conceptos propios para no decir nada y seguir haciendo a placer, sin oposición alguna, por lo menos en nuestro país.>
Pero en realidad, esta semana, como viene sucediendo de un tiempo a esta parte en la Argentina, nadie puede explicar nada; los funcionarios quedan encerrados en discursos absurdos. Desde las cosas cotidianas, como los aumentos de precios cuando se han renovado los acuerdos con empresas de distintos rubros, hasta los escándalos -sean de origen propio o foráneo- como el ejemplo de la valija venezolana.>
Y ante cuestiones que no son menores, como la crisis energética que se sigue minimizando, se continúa gastando en viajes y firmando acuerdos que nadie sabe si alguna vez se van a cumplir. Lo mismo ocurre con la inflación, que también se quiere arrojar debajo de la alfombra; o con los niveles de violencia ya indisimulables en los terrenos que, sin adherir a la teoría psicoanalista, es una señal de que algo pasa con nuestro país, y que se nos está transmitiendo un mensaje. En medio de este berenjenal, emergió en mi mente una expresión que le escuché a la Dra. Griselda Tessio en una entrevista que le hice cuando ya era candidata: "La política debe recuperar la ética".>
No me une amistad alguna con la ex fiscal federal, tampoco un acercamiento partidario. Menos aún un trato frecuente. Quizás la señora Tessio y yo tengamos más puntos compartidos en el plano social que en el mundo de las ideas. Ni lo afirmo ni lo niego porque no lo sé.>
No coincido con algunas posiciones públicas que le he escuchado, como la despenalización del aborto, por ejemplo, pero ésta no es una barrera divisoria. Muchas personas con la mayor honestidad intelectual y de vida piensan así. No es mi caso. Pero sí comparto plenamente con la hoy candidata a vicegobernadora por el Frente Progresista Cívico y Social esa apreciación llena de contenido, sobre todo debido a lo que estamos viendo en la política: "Hay que recuperar la ética".>
No estoy planteando tampoco que quienes han adscripto al Frente Progresista hayan hecho de este concepto una consigna de vida y no así quienes se encuentran encolumnados en el Frente para la Victoria. Sería una falacia total pensar así y analizar los hechos desde ese punto de partida.>
Todos sabemos que los políticos nunca se bañan en agua bendita, pero la apreciación de la Dra. Tessio, ante los hechos que han ocupado a la opinión pública en estos últimos días -y los anteriores también- sí es un reclamo por un nuevo punto de partida, por otra manera de encarar la política y de hacer las cosas. De la misma manera que desde "Apuntes..." de dos semanas atrás, reconocí la validez de la intervención de la vicegobernadora María Eugenia Bielsa en el caso de los concursos internos del Senado.>
Pensar que todo vale porque a algunos sectores les va bien, como a la industria exportadora, no significa de ninguna manera que la Argentina haya dado un salto cualitativo en el comportamiento de sus instituciones, y esto atañe también a la provincia.
El doctor Hermes Binner puede equivocarse en llamar gastos reservados a los de libre disponibilidad del gobernador que están presupuestados, pero no se equivoca cuando dice que estos fondos deberían estar comprendidos dentro de las asignaciones de transferencia normal a los ministerios y no convertirse en subsidios, con los cuales se ganan voluntades.>
Podrán dar mil explicaciones los ministros Coordinador y de Hacienda, Rubén Michlig y Walter Agosto -este último sabe todo lo que lo respeto personal e intelectualmente- pero si somos sinceros, estos procedimientos terminan siendo distorsivos, más en un tiempo electoral.>
A quienes les va bien en esta década kirchnerista, lógicamente no querrán que las cosas cambien o que las explicaciones sobre los hechos que nos ocurren realmente sean las que correspondan. El punto central es que no hay desarrollo que pueda ser sustentable en el tiempo sin calidad en las instituciones, y en esa expresión caben todas las cuestiones que deben cambiar para mejor.>
Una amistad o una lealtad por épocas pasadas, no debe convertir a un ministerio en un fantasma, en algo que no existe en los hechos y que todo el mundo lo advierte así. Me estoy refiriendo, precisamente, a la cartera política, la más importante dentro de un gobierno, porque es la que debe alcanzar los acuerdos entre los factores de poder y a veces laudar cuando los intereses se contraponen.>
Y así podríamos seguir dando cuenta de otros ejemplos. O podemos mentirnos tanto como para no advertir que el viaje a Chile que encabezó el propio gobernador, y del que participaron tantos funcionarios de su gobierno, pareció más un viaje de fin de curso (de mandato) que una misión comercial. Porque, �podemos ser creíbles en el país trasandino, luego de los vaivenes de la Argentina con el suministro de gas?>