EDITORIAL
El índice de inflación

La estrategia del gobierno nacional, de manipular las cifras del Indec para no alarmar a la sociedad o a los operadores financieros internacionales, recuerda la teoría oriental del mensajero al que hay que ejecutar por ser portador de malas noticias, o el refrán popular respecto de las patas cortas de la mentira.

Semejante audacia política ni siquiera se cometió en tiempos de dictaduras militares. Los gobiernos democráticos o de facto pudieron cometer errores y torpezas de todo tipo, pero lo que a ninguno se le ocurrió fue manipular las cifras que hacen previsible el despliegue de la economía. Esta ilusión de instalar un país virtual por encima de los datos del país real, es un atributo exclusivo del oficialismo actual.>

La historia recuerda cuando los adulones de Hipólito Yrigoyen le imprimían un diario exclusivo para que el presidente no se aflija. La maniobra no impidió la asonada golpista. Hoy los adulones del gobierno no imprimen diarios privados, manipulan las cifras oficiales. Pero el resultado puede ser igualmente lamentable.>

Se sabe que las cifras del Indec se elaboran con rigor científico y sus complejas variables no son conocidas por el hombre de la calle. Lo que un vecino sí conoce es su relación cotidiana con las cosas, y se puede autoengañar en muchos terrenos, menos con los precios con los que habitualmente trajina como consumidor. >

Ninguna cifra elaborada por los especialistas del Indec puede hacerle creer al ciudadano que el índice de inflación del mes pasado fue del 0,5 por ciento, menos aún cuando la realidad de todos los días le está diciendo exactamente lo contrario. Si a esta verdad la intuye con certeza la más modesta ama de casa, ni qué hablar acerca de la reacción de los operadores financieros o los propios empresarios, interesados en conocer los índices reales de precios.>

Realmente no hay antecedentes en la historia nacional de que los funcionarios políticos manipulen las cifras para sostener un cierto clima de euforia o, supuestamente, para tranquilizar a los gestores financieros y reducir las expectativas de los tenedores de bonos. Es verdad que un punto en el aumento del índice de inflación representa cifras millonarias que debe afrontar la economía nacional, pero una vez más es necesario insistir que ese costo no se resuelve alterando las cifras.>

Por el contrario, por ese camino lo que se logra es el efecto inverso. Hoy, el manejo discrecional de las cifras del Indec es un secreto a voces, motivo por el cual nuestra credibilidad en los mercados es cada cada vez más débil. El presidente Kirchner no nos está brindando una información científica sobre el movimiento real de la economía, sino que nos está expresando sus propios deseos.>

Tarde o temprano la Argentina deberá afrontar los rigores obstinados de la realidad. La señora Cristina Fernández de Kirchner, o quien asuma la responsabilidad de dirigir los destinos de la Argentina a partir de diciembre, se encontrará con una realidad prefabricada, con una inflación que no es tal, con un índice de precios minoristas que no se compadece con la realidad.>