El Washington Post, diario experimentado en poner en primera plana las debilidades de los gobiernos -y de terminar con ellos por sus mentiras- publicó el viernes el título que mejor precisa el singular affaire de la valija venezolana repleta de billetes que llegó el fin de semana anterior a Aeroparque, en un avión fletado por el gobierno argentino: "El puzzle de los 800 mil dólares".
Un rompecabezas de intrincada solución en lo institucional, lo judicial y lo político, y que además se complica minuto a minuto. De allí, que cada intento de armado deja menos margen para poner por delante el consabido principio de presunción de inocencia, aunque en esta historia en particular podría considerarse un atenuante adicional, hasta ahora no esgrimido, como es el cumplimiento a rajatabla del manual de la hermandad entre los pueblos.>
Desde lo económico, el motivo por el cual se decidió permitir al quinteto venezolano subir a la aeronave para trasladarse a Buenos Aires no deja de ser interesante, ya que resultó una buena manera de optimizar el costo de cada asiento. En su viaje de ida, el chiste le había costado a los contribuyentes argentinos 15 mil dólares por pasajero. Lo cierto es que el caso se infló a medida que pasaron los días y la imaginación popular comenzó a acuñar diferentes destinos para la o las valijas que pudieron haber llegado esa fatídica noche desde el aeropuerto de Maiquetía: lavado de dinero, financiamiento chavista a organizaciones locales, coimas a funcionarios, regalos para la campaña, etcétera.>
La temperatura no solamente subió por estos dimes y diretes que pudieron haber sido azuzados por la oposición, sino también por las operaciones cruzadas de los servicios de inteligencia de varios países que no hicieron otra cosa que embarrar la cancha, habida cuenta las derivaciones diplomáticas del episodio. Pero como el principal motorizador de todo el desaguisado hay que contabilizar también las contradicciones del propio gobierno, las sospechas de manipulación de la Justicia y hasta las peleas internas, no sólo en estamentos inferiores, sino en la cúpula misma del poder.>
Allí, Cristina de Kirchner acaba de verificar que tiene los contrapesos más fuertes en el propio gobierno, antes que en la oposición. Su hermetismo impide saber si ella cree que todo lo que ha sucedido durante los últimos días es parte de una conspiración de los sectores internos que hasta último momento resistieron su nominación, si su esposo está rodeado de ineptos o si los que se irían con el cambio que ella propone se han desbocado en su ambición.>
Nadie ha desmentido tampoco su presunta reacción de furia en Olivos en la noche del miércoles (folclóricamente se habla de vasos estrellados) y si eso ha tenido que ver con el bombardeo de versiones que involucran a la única mujer que viajaba en el avión con un espinoso asunto "de polleras".>
En cuanto a las contradicciones que dificultan el armado del rompecabezas hay muchas, pero ninguna tan notoria como la tipificación del delito de Guido Antonini Wilson, el venezolano que llegó, pescaron y huyó de la Argentina, tras dejar abandonada aquí la mitad del dinero que aún es suyo. Dicen en Caracas que el misterioso personaje es parte de la llamada "boliburguesía" (burguesía bolivariana) de ese país, una suerte de empresario paraestatal, amigo del hijo del presidente de la petrolera Pdvsa, quien también viajó en el avión. Primero, se encuadró su accionar como una simple infracción aduanera al Régimen de Equipaje, ya que el pasajero traía sin declarar más de 10 mil dólares en billetes, suma que permite la ley (por eso se lo dejó ir y se le retuvo la multa), aunque luego la fiscal María Luz Rivas Diez opinó que estaba incurso en "tentativa de contrabando".>
La delgada línea que define la categoría del delito es el ánimo de eludir la acción de la Justicia y eso se manifiesta en el engaño o en el ocultamiento, en este caso del dinero. Pues bien, los dos aduaneros que lo revisaron y los dos agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) coincidieron en que Antonini había cometido una simple infracción y así lo escribieron en el Acta y se lo comunicaron al juzgado de turno, recién al día siguiente, después del mediodía, cuando se logró encontrar a la secretaria del mismo. Pero cuando el venezolano bajó del avión y le pidieron la maleta, el hombre dijo que adentro había "papelitos y libros" y trató de no abrirla. Tanto es así que la agente de la PSA María Luján Telpuk debió "ordenar" que facilitara el procedimiento. Luego, con los fajos a la vista, el viajero señaló que había un monto menor al finalmente detectado. Quien ha contado por radio estas intimidades del operativo, que describen el ánimo de Antonini por ocultar la situación, ha sido nada menos que el jefe de la PSA, Marcelo Saín. "Prima facie" se considera el hecho como un delito menor, pero el relato de Saín y el de los agentes intervinientes fue lo que le dio pie a la fiscal para cambiar la carátula judicial, algo que hasta el viernes, en medio de las sospechas que provocó la excusación de la jueza y de todas las desprolijidades que se sucedieron, aún no le había sido comunicado a la Aduana, la que seguía adelante con el sumario anterior.>
Todas estas idas y vueltas y sobre todo las historias que cuentan los funcionarios pública y privadamente para ensalzar a una de las partes intervinientes, hay que enmarcarlas también en otra notoria interna que se está dando a sangre y fuego entre la Aduana y la PSA, desde el momento en que Saín intentó privatizar los servicios aeroportuarios y la Aduana le ofreció agentes propios para que el control siguiera bajo la órbita estatal, para que no quede en manos de terceros. En ese momento, Saín salió a pedirle a la Aduana que no se metiera en el tema y el titular de esa dependencia, Rodolfo Etchegaray lo cruzó públicamente. Esta última semana, un informe televisivo sobre desmanejos en Ezeiza, adjudicado a esa interna, volvió a caldear la temperatura entre ambas dependencias oficiales, en medio del escándalo de la valija.>
Ni siquiera por tantas contradicciones a nadie se le ha cruzado en el gobierno que el titular de Enarsa, Exequiel Espinosa, pasajero del avión y responsable asumido de la contratación tenga también que dar un paso al costado, al menos por haber permitido que otro funcionario haya manejado cosas de su competencia. Al contrario, Espinosa acompañó al presidente Kirchner a Tarija (Bolivia), donde se manifestó en toda su dimensión la discusión con Hugo Chávez, para que el venezolano no se despegue tanto del asunto que involucró a funcionarios de la petrolera de su país.>
En cuanto al costado netamente electoral, a dos meses y medio del recambio presidencial, la principal incógnita que desvela a los analistas es saber si el tema, que se suma a lista de los casos Skanska, Miceli, Picolotti y Garré y a la manipulación de los números del Indec, todos ellos con sus correspondientes derivaciones judiciales, tendrá repercusiones en octubre y si es verdad que al gobierno no le entran las balas y que la candidatura de Cristina Fernández no ha sufrido mella.>
El politólogo Sergio Berenstein cree que "no gran cosa", porque buena parte de la población descuenta la corrupción y hoy sus preocupaciones materiales son más importantes que las exigencias institucionales: "La demanda de transparencia se centra en sectores medios y medios-altos que no son votantes justicialistas, por lo cual allí no hay sangría. En cuanto a los sectores que dependen de las dádivas del Estado, la corrupción es una especie de impuesto que están dispuesto a pagar para no perderlas", grafica.>
La oposición, desde ya, cree que el desgaste dejará finalmente al Frente para la Victoria con menos de los 40 puntos que necesita la senadora Kirchner para no ir al ballottage, aunque le saque 10 o más de ventaja a su inmediato perseguidor. Sin embargo, el grueso de los analistas piensa más o menos igual que Berenstein y, de modo algo más cínico, es lo mismo que se escucha en los salones del poder.>
Hugo E. Grimaldi (DyN)