"La angustia acaece y nos abandona tan de improviso como nos ha llegado", sostiene Ángel Garrido-Maturano en su "Sobre el abismo". En la superficie de una sociedad fatua y despiritualizada, la angustia suele ser considerada cuestión de patología psicológica, que pastillas o terapias varias prometen desterrar. En verdad, la angustia ha sido uno de los grandes temas de la filosofía contemporánea, y Garrido-Maturano repasa tres autores clave en el tratamiento del tema: Kierkegaard ("la figura religiosa de la angustia"), Unamuno ("la figura antropológica de la angustia") y Heidegger ("la figura ontológica de la angustia").
"Desde la perspectiva ontológica abordamos el fenómeno en función de elucidar sus relaciones esenciales con los dos términos de la famosa diferencia entre ser y ente, y de determinar su referencia, es decir, determinar si la angustia es un fenómeno psicológico ocasional o si, por el contrario, es propia de todo hombre en tanto constitutiva del ser mismo del existente (situación límite). Desde la perspectiva temporal nos acercamos a tres concepciones paradigmáticas de la angustia en el pensamiento contemporáneo a fin de rastrear en el tiempo o, más precisamente, en una forma de acaecer del tiempo, una posible esencia común. Finalmente, desde la perspectiva práctica, consideramos aquello que la angustia `hace' en la existencia, cómo ella modifica el comportamiento del hombre y su relación consigo mismo, con el prójimo y con Dios. Dicho de otro modo, procuramos comprender la significación existencial, ética y religiosa de la angustia. En este sentido, nos ocupamos de la relación de la angustia con la esperanza y la desesperación en tanto éstas constituyen las dos actitudes en las que parece resolverse en el plano práctico el fenómeno". Publicó Adriana Hidalgo.>