El jesuita francés, Jean Yves Calvez (SJ) estuvo un par de días en nuestra ciudad. A invitación del Instituto de Doctrina Social de la Iglesia de la Universidad Católica de Santa Fe disertó sobre el tema: "Cultura para el desarrollo", en la Bolsa de Comercio. Luego lo hizo en la Escuela de Política del Arzobispado.
No es la primera vez que visita esta ciudad capital y su trayectoria es ampliamente conocida en el mundo de las ideas porque uno de sus libros es considerado la principal crítica al pensamiento de Karl Marx.>
Antes de su conferencia en la Bolsa conversó con El Litoral. El padre Calvez (SJ) ha sido un testigo calificado de un tiempo de cambios como el que se dio desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial tanto en los países centrales de Occidente como en Oriente.>
-�Cómo se debe interpretar hoy el concepto de cultura cuando los países están perdiendo sus identidades como consecuencia de la globalización?
-Lo que usted dice es verdadero. Hay una cierta tendencia a unificar los modos de vida; de pensamiento, no sé...; muchos aspectos de nuestra vida, y, finalmente, en particular, de los instrumentos que usamos. En esto, sí, claro, hay mucha unificación. Pero el problema de las culturas con relación a ese movimiento sigue siendo muy vivo, porque en bastante partes del mundo, las culturas tradicionales no han desaparecido. Más bien, hay todavía cierto choque entre ellas y estos modos más universales, que se imponen más o menos.>
-Usted ha sido un testigo de la posguerra, de la Guerra Fría, de la caída del Muro de Berlín, de la transformación de los países de Europa del Este. Pronosticó, además, la muerte del líder israelí Isaac Rabin. Ahora, la Unión Europea se enfrenta a la competencia comercial de China y de India. Pero, además, con otros fenómenos como el temor por el terrorismo -que ha cambiado las reglas de vida a Europa- y las crecientes migraciones. Habiendo sido testigo de tantos hechos transformadores, �cómo observa a Europa? �Se siente vigilado?
-Hasta un punto. Hay más vigilancia, pero la gente se acostumbra a esto. La observamos más en los aeropuertos y en estaciones de ferrocarril. Si usted toma el tren entre París y Londres, lo van a vigilar muy bien.
El terrorismo aterroriza, pero no se da todo al mismo tiempo. En Madrid, después de Atocha, el miedo fue muy fuerte; en Londres, luego de los episodios en los subtes. En Francia no los ha habido en los últimos tiempos. Cuando pasa algo en un país vecino, se aprietan los controles, pero, cuando transcurren unas semanas, éstos se abandonan de nuevo. No es extremo todo esto, no vivimos en una atmósfera de terror constante, ciertamente, no.
Cuando usted me pone al mismo tiempo esta cuestión con las de las migraciones, es otra cosa. Esto preocupa mucho porque, en primer lugar, la migración cambia el tipo de población y, así, cambian los pueblos, como ha acontecido en América Latina en otros tiempos. La Argentina ha sido un país de migración.
-Frente a este mundo que le toca vivir a Europa con esta presencia de grupos del Islam tan cerca y con China como potencia comercial, �cuál es la esperanza del hombre?
-Hay gente que tiene miedo de muchas cosas, por ejemplo de los chinos. Pero otros saben que estos fenómenos se negocian, se articulan y que hay adaptaciones. Falta mucho en esto, evidentemente, por ejemplo en la relación comercial con China o la India. Hay necesidad de acuerdos entre los gobiernos para suavizar las transformaciones que induce este comercio, para evitar la violencia del desplazamiento de industrias.
Yo creo que hemos empezado un poco en todo esto y el problema es obtener de los chinos una cierta moderación en la invasión de mercados a cambio de ayudas para crear e incrementar sus sistemas de protección social. De tal modo que un día se llegará a cierta igualdad de situaciones sociales. No en un día sino que tomará un tiempo. Pero si los gobiernos están atentos, se pueden negociar muchas cosas.
Perfil
Jean Yvez Calvez (SJ) es sacerdote jesuita, doctor en Filosofía, licenciado en Ciencias Políticas y Derecho Internacional. Es profesor del Departamento de Etica Pública del Centro de Estudios de Filosofía y Teología de París, y en la Universidad de Georgetown, ubicada en Washington, Estados Unidos.
Teresa Pandolfo