Entrevista a Jean Yves Calvez (SJ)
"Lo político es esencial a la vida"
Jean Y. Calvez (SJ) es un sacerdote cosmopolita. No hay fronteras territoriales ni intelectuales en su discurso. Defiende la diversidad cultural. Asegura que Europa no vive una atmósfera de terror constante y reconoce que preocupan las migraciones.

El jesuita francés, Jean Yves Calvez (SJ) estuvo un par de días en nuestra ciudad. A invitación del Instituto de Doctrina Social de la Iglesia de la Universidad Católica de Santa Fe disertó sobre el tema: "Cultura para el desarrollo", en la Bolsa de Comercio. Luego lo hizo en la Escuela de Política del Arzobispado.

No es la primera vez que visita esta ciudad capital y su trayectoria es ampliamente conocida en el mundo de las ideas porque uno de sus libros es considerado la principal crítica al pensamiento de Karl Marx.>

Antes de su conferencia en la Bolsa conversó con El Litoral. El padre Calvez (SJ) ha sido un testigo calificado de un tiempo de cambios como el que se dio desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial tanto en los países centrales de Occidente como en Oriente.>

Los elementos de la cultura

-�Cómo se debe interpretar hoy el concepto de cultura cuando los países están perdiendo sus identidades como consecuencia de la globalización?

-Lo que usted dice es verdadero. Hay una cierta tendencia a unificar los modos de vida; de pensamiento, no sé...; muchos aspectos de nuestra vida, y, finalmente, en particular, de los instrumentos que usamos. En esto, sí, claro, hay mucha unificación. Pero el problema de las culturas con relación a ese movimiento sigue siendo muy vivo, porque en bastante partes del mundo, las culturas tradicionales no han desaparecido. Más bien, hay todavía cierto choque entre ellas y estos modos más universales, que se imponen más o menos.>

-Pero la globalización no ha ido esmerilando rasgos?-Borrará ciertos rasgos, pero las diferencias continúan muy reales. África está todavía muy tradicional, si bien ha cambiado mucho en estos últimos 50 años. Aún vemos algunos pueblos muy aislados completamente tradicionales. -�Cuáles son los presupuestos de la cultura para el desarrollo?-La cultura que hace falta. Yo no tengo una inmensa preocupación por la variedad o diversidad de las culturas. La personalidad es un factor de la diversidad, sino hay diversidad no hay personas y esto ocurre con cada cultura. La idea de una homogeneización total me parece peligrosa y, además, poco probable.Si voy a China, a Shanghai -la ciudad más brillante del mundo-, encuentro semejanzas con New York o con Buenos Aires, pero en cinco minutos uno se da cuenta que está en Shanghai. Hay muchos aspectos que no son compartidos con otros lugares del mundo.Creo en la diversidad como una cosa buena, pero hay que preguntarse qué cultura necesitamos. Pero, evidentemente, necesitamos una expresión suficientemente explícita de los valores fundamentales para la vida. -�Cuáles serían éstos, en este momento?-íOhí son siempre las mismas cosas. Una cierta estructura de familia, que evidentemente ha cambiado. Por ejemplo, hablando de África, hace 50 años había sólo la gran familia extendida, que es otra cosa que la familia nuclear. Necesitamos cierta visión de familia. La humanidad, sin algo consistente como familia, se destroza. Yo no puedo predecir exactamente qué tipo de familia pero unos valores familiares conforman una base de cultura. Lo mismo un cierto número de valores de justicia, de equidad tanto económico-social y de calidad de las instituciones políticas.Lo político es esencial a la vida humana. Hay un punto donde la sociedad ya no es puramente de intercambio económico-privado, donde hay algo más englobante y algo que tiene que ver con la violencia, con la reducción de la violencia.Si no existe un grado de sociedad política, volvemos a la violencia inicial y multiplicada. Una cultura que no comprende estos elementos sería una ausencia de cultura. -�Cómo juega en ese esquema el mundo del trabajo?-Muchísimo. En los aspectos más económicos de la vida, el trabajo es el núcleo, es el elemento principal. No habría intercambio de nada si no hubiera trabajo transformante. Naturalmente, ha cambiado su rostro pero no totalmente. Hay más trabajo intelectual y menos manual.Claro que no se trabaja con los mismos instrumentos pero sí con limitación de tiempo. Siempre ésta es una cuestión que lleva al hombre a preguntarse cuánto tiempo va a ocuparle en su vida cotidiana. Esto cambia también, pero siempre hay una preocupación porque el trabajo, a pesar de ser cualitativo en el hombre, tiene una dimensión cuantitativa; se lo puede medir. Hay, entonces, aspectos muy semejantes para quienes lo hacen en fábricas que producen acero, con las personas que están detrás de una pantalla de computadora.

Terrorismo y migraciones

-Usted ha sido un testigo de la posguerra, de la Guerra Fría, de la caída del Muro de Berlín, de la transformación de los países de Europa del Este. Pronosticó, además, la muerte del líder israelí Isaac Rabin. Ahora, la Unión Europea se enfrenta a la competencia comercial de China y de India. Pero, además, con otros fenómenos como el temor por el terrorismo -que ha cambiado las reglas de vida a Europa- y las crecientes migraciones. Habiendo sido testigo de tantos hechos transformadores, �cómo observa a Europa? �Se siente vigilado?

-Hasta un punto. Hay más vigilancia, pero la gente se acostumbra a esto. La observamos más en los aeropuertos y en estaciones de ferrocarril. Si usted toma el tren entre París y Londres, lo van a vigilar muy bien.

El terrorismo aterroriza, pero no se da todo al mismo tiempo. En Madrid, después de Atocha, el miedo fue muy fuerte; en Londres, luego de los episodios en los subtes. En Francia no los ha habido en los últimos tiempos. Cuando pasa algo en un país vecino, se aprietan los controles, pero, cuando transcurren unas semanas, éstos se abandonan de nuevo. No es extremo todo esto, no vivimos en una atmósfera de terror constante, ciertamente, no.

Cuando usted me pone al mismo tiempo esta cuestión con las de las migraciones, es otra cosa. Esto preocupa mucho porque, en primer lugar, la migración cambia el tipo de población y, así, cambian los pueblos, como ha acontecido en América Latina en otros tiempos. La Argentina ha sido un país de migración.

-Pero Europa la está rechazando...-Bueno... Europa recibe hoy mucha migración. No la quiere, pero la necesita. Hay gente que no la quiere, pero otros grupos se han dado cuenta de que las poblaciones que han venido en las últimas generaciones se ha adaptado.Los problemas existente son sociales, de poblaciones que no han conseguido entrar en el mercado laboral y que, consecuentemente, están en situación de tensión en ciertos suburbios. Esto está dentro de las preocupaciones de la gente.Pero, en un cierto sentido, la migración actual es un factor social y cultural que preocupa más que el terrorismo, mucho más, y no hay que confundirlos a los dos. Algunos lo harían. Pensarían que toda esta gente que viene, del Islam en particular, son potencialmente terroristas y esto es absolutamente falso, aunque haya algunos núcleos posiblemente vinculados con Al Qaeda.

�Dónde está la esperanza?

-Frente a este mundo que le toca vivir a Europa con esta presencia de grupos del Islam tan cerca y con China como potencia comercial, �cuál es la esperanza del hombre?

-Hay gente que tiene miedo de muchas cosas, por ejemplo de los chinos. Pero otros saben que estos fenómenos se negocian, se articulan y que hay adaptaciones. Falta mucho en esto, evidentemente, por ejemplo en la relación comercial con China o la India. Hay necesidad de acuerdos entre los gobiernos para suavizar las transformaciones que induce este comercio, para evitar la violencia del desplazamiento de industrias.

Yo creo que hemos empezado un poco en todo esto y el problema es obtener de los chinos una cierta moderación en la invasión de mercados a cambio de ayudas para crear e incrementar sus sistemas de protección social. De tal modo que un día se llegará a cierta igualdad de situaciones sociales. No en un día sino que tomará un tiempo. Pero si los gobiernos están atentos, se pueden negociar muchas cosas.

Perfil

Jean Yvez Calvez (SJ) es sacerdote jesuita, doctor en Filosofía, licenciado en Ciencias Políticas y Derecho Internacional. Es profesor del Departamento de Etica Pública del Centro de Estudios de Filosofía y Teología de París, y en la Universidad de Georgetown, ubicada en Washington, Estados Unidos.

Teresa Pandolfo