| |
"Era un lujo ver en todos los puertos del país las montañas de bolsas de trigo, maíz, lino, mijo, alpiste y cuantas maravillas dan nuestros campos, aunque siempre se hayan repartido tan mal las ganancias que de ellas provienen. Y ésa era la vida del pueblo: los hombres procurando el sustento y las mujeres atendiendo a los hijos, remendando lo que pudieran o buscando agua en la costa (...). Esa vida humilde, dándose maña, tenía momentos que da gusto recordar. �Qué mesa puede igualar la inefable magia de sabores de un sábalo envuelto en papel de estraza, saboreando frente al río en una humilde mesa sin lujo pero limpia, sin necesidad de trinchantes ni tenedores, valiéndose del más idóneo medio de las manos?". (*)
Alejada de la ciudad, de los ruidos urbanos y de la conglomeración de edificios, Alto Verde fue durante muchas décadas un lugar soñado para vivir. De hecho, varias fueron las familias que sin dedicarse a la caza y a la pesca lo eligieron por su tranquilidad y edificaron allí sus viviendas. Hombres amantes de la fauna del río, orgullosos de pasar semanas enteras en la isla, y mujeres dispuestas a dar la vida por la crianza de sus hijos caracterizaban a esta zona costera. Pero los años fueron pasando y, en palabras de los pobladores más antiguos del lugar, "Alto Verde cambió".>
Un móvil policial en el camino de entrada, observando quién entra y quién sale, da indicios de que en las últimas semanas Alto Verde fue noticia. Chicos que aprenden a protegerse de las balaceras, primero, un homicidio, después, y el robo de varias bolsas de cemento del interior de una escuela, lo más reciente, fueron titulares de diarios y noticieros.
"Esas cosas, cuando yo era una niña, no pasaban", manifestó Gladis, una mujer de 67 años. Y agregó: "Lo máximo que ocurría era una discusión y porque de fondo habían copas de más. Pero ahora está el flagelo de la droga, que hace estragos en nuestros jóvenes".>
Alto Verde es una extensa lonja de tierra, paralela al riacho Santa Fe, que se fue constituyendo al mismo tiempo en que se hacía el canal de derivación del puerto y era arribado por familias que por diversas circunstancias de la vida se habían quedado sin vivienda. Considerado como cuna de pescadores y cazadores de nutrias, el paraje se fue consolidando en el número de habitantes hasta llegar al actual que es, en promedio, de 15.000.>
"Vivo en este lugar desde que nací y sinceramente antes no era como es ahora", dijo el primer hombre que dialogó con El Litoral en la recorrida realizada. Y destacó: "Acá se hacían corsos en la manzana 1 y venía gente de Santa Fe a disfrutarlos sin ningún tipo de temor".>
En Alto Verde, los apellidos y sobrenombres son conocidos por todos: Sosa, Centurión, Alaniz, Jaime, Marsó y Pérez fueron algunos de los recomendados para conversar por ser "voces de la experiencia y personas conocedoras del lugar".>
Benito Pérez es entrerriano. Tiene 65 años y llegó al paraje a los 12, cuando sus padres decidieron venirse a Santa Fe para aprovechar las ventajas que prometía la zona.
"Toda la vida me dediqué a la pesca, pero ahora no voy más a la isla por la edad, así que me dedico a hacer changas de albañilería", dijo el hombre. Y agregó: "Antes, Alto Verde era Alto Verde. Me acuerdo de que cuando era chico salíamos en grupo de diez y los diez volvíamos juntos. Eso ya no ocurre y se vive con miedo. Yo era de los que se amanecía afuera de la casa pero ahora ni bien se esconde el sol ya estoy adentro".>
Para Benito, Alto Verde cambió porque las generaciones más jóvenes también lo hicieron. "Actualmente a una criatura de corta edad no se le puede decir nada porque es para problemas", aseguró.>
Continuando por la calle principal, Demetrio Gómez, se accede a La Boca. El sector, más chico en extensión y en cantidad de habitantes, es para los pobladores "más tranquilo que la zona céntrica altoverdina".
Con un loro sobre el hombro, Carlos Jaime recibió a El Litoral en el interior de su casa. Tiene 53 años y se define como un gran conocedor del río. Consultado sobre cómo era el paraje antes y cómo es ahora, el hombre marcó varias diferencias."Por empezar, no había tantas casas sino que la zona estaba llena de chircales y montes. Además, la mayoría trabajaba en el puerto o se dedicaba a la pesca y a la caza de nutrias", dijo.>
En la casa de Abel Marsó estaba Aníbal Daniel Marsó. De botas, campera y gorra de carpincho, el hombre de 59 años recordó varias anécdotas y personalidades del lugar, como el guía infaltable de las maratones Santa Fe-Coronda y el gran nadador Mojarrita Romero.
"En Alto Verde tengo un terreno y a mi sobrino Abel. Yo en realidad soy de Sauce Viejo pero una o dos veces por semana vengo a buscar pescados a esta zona. Nosotros siempre vivimos de la caza y de la pesca. Para ser sincero, antes era diferente porque había mayores especies, no era la misma cantidad de pescadores y se pescaba con las mallas correspondientes de 9 y 8 dedos las más chicas", dijo Marsó. Y agregó: "De todas maneras, Alto Verde sigue siendo cuna de pescadores".>
Por último, en la recorrida realizada fueron muchos los pobladores que, además de contar y compartir sus increíbles historias de vida, admitieron que el paraje costero altoverdino cambió. Entre los motivos, atribuyeron que el mayor flagelo allí es el de la droga porque "hace estragos en las generaciones más jóvenes" y ello afecta a todos. "Ojalá algún día Alto Verde vuelva a ser Alto Verde y recupere la hermandad entre vecinos que había y la posibilidad de transitar por las calles con tranquilidad. De cualquier manera, creo que eso es sólo una expresión de deseo porque muchos valores y reglas que eran inalterables ya se perdieron", puntualizó Raúl.>
(*) Cita textual del libro de Horacio Guarany "La creciente (Alto Verde Querido)". Año 2005.>
Mónica Ritacca