Dice el Dante en la Divina Comedia: Nessum maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria (Inferno, V). Y si bien es verdad que como el florentino escribe "No hay mayor dolor que recordarse del tiempo feliz en la miseria", no es menos cierto que evocar los años heroicos de la Patria nos debe servir para sacudirnos esta actual decadencia. Aunque nos duela. Porque, en suma, así amamos a la Argentina. Porque nos duele.
El general José Francisco de San Martín y Matorras es la figura descollante de aquellos años heroicos, fundacionales de la Nación, que nos hicieron surgir como país independiente. Siguiendo a Thomas Carlyle cuando afirma: "La historia es la sucesión de los grandes hombres, y la historia de las naciones es la nómina de sus héroes", podemos decir: "Borrad a San Martín y no tendréis gesta de la Independencia. Borrad a San Martín y no tendréis país".>
Es tanta la importancia del prócer correntino hijo de españoles de León, que por su magnitud es el Padre de la Patria. Patria que fue forjada por su sable y que se cubrió de gloria con sus glorias. Y así nació. Sanmartiniana. Y así debe ser.>
Porque San Martín, como Padre de la Patria, nos marca permanentemente eso: el deber ser. Nos señala cómo debemos ser los argentinos.>
De allí que el Padre de la Patria no es un capítulo del pasado, sino una exigencia del presente y un rumbo a seguir en el futuro.>
Siendo un niño, mi padre me hizo un regalo de cumpleaños singular: los dos tomos de "Historia de San Martín y la emancipación americana" de Bartolomé Mitre, con una dedicatoria que dice: "A mi hijo al cumplir sus diez años de edad, con la esperanza de que saque de ellos sabias enseñanzas".
Por cierto, tardé más de un lustro en leer y entender las mil páginas, con planos, mapas y croquis desplegables de batallas. Pero, a mis diez años de edad, me quedó algo muy en claro: mi padre -un criollo de pura cepa- me estaba indicando que el paradigma argentino es San Martín.>
Gracias a Dios, pertenezco a esas generaciones que recibieron el legado de honrar al Santo de la Espada. Algo que no debió perderse.>
Por eso, vale la pena retomar el rumbo sanmartiniano, como Nación y como argentinos.>
Por de pronto, partiendo de una premisa fundamental del pensamiento del prócer, que pone a la Nación por encima de cualquier otra valoración. De allí su frase angular: "Cuando la Patria está en peligro, todo es lícito, menos dejarla perecer". Esto no es sólo una idea abstracta, sino que constituye un imperativo, una orden, que se traduce en actuar, con todos los medios al alcance, para salvar a la Patria siempre que esté en peligro. Y en esa situación límite, queda evidenciado que para el ideario sanmartiniano no hay norma superior a la Patria misma.>
De allí que San Martín abandone las filas del Ejército Español -en el que se había formado- y a sus viejos camaradas, para acudir al llamado de la Patria lejana, pasando por encima de leyes y reglamentos que para un militar son de estricta observancia.>
Por ello también encabeza la sublevación de su Regimiento de Granaderos a Caballo, que recién ha creado, para derrocar a un Triunvirato que lejos de defender los intereses de la Patria, la pone en peligro.>
Y por eso mismo, al quedar jurídicamente sin mando militar, hace proclamar su jefatura por sus propios oficiales, el 2 de abril de 1820, en Rancagua, ordenando que se labre el acta respectiva. Ninguna cuestión legal podía relegar la salvación de la Patria, que era su misión. En 1819 escribió a Guido: "El amor a la Patria me hace echar sobre mí toda responsabilidad, si contribuyo a salvarla, aunque después me ahorquen" (Mendoza, 28/07/1819).>
San Martín nunca tuvo una actitud pasiva o indiferente ante la realidad. Por el contrario, era un hombre de acción. Por ello, presiona y aún amenaza con emplear la fuerza militar a su mando, para que el Congreso de Tucumán declare la independencia nacional en 1816.
No fue tampoco un "reglamentarista a ultranza", por eso no obedeció la orden de invadir Santa Fe y atacar al brigadier Estanislao López. Conocedor de las intrigas políticas y de los manejos del grupo rivadaviano, el prócer no se dejó arrastrar a una lucha fratricida.>
Fue un hombre de firmes convicciones religiosas. El Ejército de los Andes, que comandaba, proclamó su patrona a la Virgen del Carmen, y en su reglamento interno se establecía: "A aquel que blasfemare, o insultare, o hiciere burla del santo nombre de Dios Nuestro Señor o de su Santísima Madre, le será atravesada la lengua con un fierro al rojo vivo". Ordenó San Martín que diariamente, sus tropas asistieran a misa de campaña. En su numerosa correspondencia con el general Tomás Guido, solía concluir escribiendo: "Que Dios lo libre de vivir y morir en pecado mortal, son los votos de su viejo amigo".>
Era San Martín un amante del orden, considerando que en el desorden resulta imposible la libertad. Sobre esto redacta desde Grand Bourg en 1835: "Escribí a V. que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra que el establecimiento de un gobierno fuerte; o más claro, absoluto, que enseñe a nuestros compatriotas a obedecer. Yo estoy convencido que cuando los hombres no quieren obedecer la ley, no hay otro arbitrio que la fuerza... Yo miré como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable". (Al Grl. T. Guido. 17/12/1835).>
Por esa valoración del orden y del principio de autoridad, San Martín era monárquico, entendiendo que el poder del Estado debe recaer en una persona. Es la idea de "La monarquía sin corona" que desarrolla Belisario D. Tello en la obra homónima. El prócer rechazaba con horror el tumulto, la barricada, el asambleísmo y el accionar de socialistas, ácratas y maximalistas en Europa.>
Cuando el Libertador redacta las Máximas para guiar la vida de su hija Mercedes, nos deja también un valioso legado para nuestros propios hijos. "Humanizar el carácter. Amor a la verdad y odio a la mentira. Ser caritativo con los pobres. Respetar la propiedad ajena. Saber guardar un secreto. Ser indulgente con todas las religiones. Hablar poco y lo preciso. Amar el aseo y despreciar el lujo. Ser formal en la mesa. Ser dulce en el trato con los criados, los pobres y los viejos. Amar a la Patria y a la libertad".
Y en su expresión: "Serás lo que debas ser o si no no serás nada" queda sintetizado aquello que señalábamos al comienzo: el deber ser, el cumplimiento de los deberes que nos corresponden como miembros de la Nación visualizado como el único camino para ser, so pena de caer en el fracaso de no ser nada.>
íCuánta sabiduría en este soldado, en este rudo hombre de armas! Quiera Dios que los argentinos seamos dignos de San Martín. Que podamos decir nuevamente: "De tus glorias nos gloriamos".>