El llamado "portafoliogate" es un escándalo, es una vergüenza, pero es también un papelón político y diplomático. La respuesta del gobierno argentino es incompleta, es banal; la respuesta del gobierno venezolano es cínica y en algún punto se parece a una afrenta. Como suele ocurrir en esta suerte de comedia de enredos, todos invocan la inocencia mientras la sociedad supone que son culpables porque callan lo que saben u ocultan lo más importante.
El gobierno de Venezuela dice que se trata de un delito privado que lo debe resolver la Justicia penal argentina. Calla u oculta el hecho real de que el señor Antonini subió al avión alquilado por funcionarios argentinos invocando su condición de amigo del hijo de un prominente funcionario de la estatal venezolana.>
Las explicaciones del gobierno de Venezuela suenan más a delirio que a la respuesta racional que debería dar un Estado. No de otra manera debe calificarse la imputación contra la CIA o el imperialismo, habitual comodín o caballito de batalla del chavismo para eludir la responsabilidad de sus propios desaguisados. Si alguien quisiera una prueba fehaciente acerca del carácter retórico, manipulador y conspirativo de la imagen "imperialista" que el régimen chavista usa y abusa en Venezuela, esta respuesta sobre el supuesto agente de la CIA trepado al avión argentino, es un testimonio ejemplar.>
El único punto en que el gobierno de Chávez parece tener razón es cuando le reprocha a la Justicia argentina haber dejado en libertad al portador del célebre maletín con los 800.000 dólares. Por lo pronto, la respuesta del militante oficialista, D'Elía, es disparatada desde todo punto de vista, salvo que alguien crea que Antonini sea un agente de la CIA o un militante de la oposición a Chávez.>
Mientras tanto, el escándalo continúa al ritmo de nuevas pistas. Ahora se dice que el avión pudo haber parado en Santa Cruz de la Sierra, que había más de un maletín con dinero ilegal y que en el avión contratado viajaban otras personas que no se han dado a conocer. Todo esto ocurre ante el silencio oficial o la respuesta por parte de algún funcionario responsabilizando de semejante escándalo y papelón a la oposición o a la prensa.>
Los titulares de los diarios hablan de que crece la tensión entre Caracas y Buenos Aires. Más allá del escándalo diplomático con un país considerado por Transparencia Internacional como uno de los más corruptos de América Latina, el gobierno argentino debe rendir cuentas a la sociedad sobre lo ocurrido y lo debe hacer porque así lo enseña nuestra tradición republicana, pero también así lo reclama la propia preservación institucional del gobierno nacional.>
El presidente debe saber que se hace muy difícil asegurar la gobernabilidad cuando los escándalos de corrupción estallan todas las semanas. Si Kirchner le ha devuelto a la sociedad argentina la confianza en cierta estabilidad económica, esa misma seguridad hoy no existe en materia de moralidad pública, motivo por el cual urge desde el poder un shock de confianza.>