¿Usted discrimina? Ante una pregunta de esta naturaleza la mayoría de los ciudadanos contestaría en forma negativa. Discriminar es una actitud de soberbia que implica creerse superior al resto y que en ocasiones opera en forma inconsciente.
Pero el discurso a veces choca contra una realidad que interpone barreras culturales, arquitectónicas y laborales a miles de argentinos que tienen dificultades motrices, son sordomudos, no videntes o poseen alguna otra discapacidad. Y la exclusión muchas veces se siente como discriminación.>
La ciudad no es benévola con ellos. Faltan rampas, vados en las esquinas, semáforos sonoros, colectivos preparados para trasladarlos, material en Braille que les permita acceder a la cultura y un número no menor de adaptaciones que aún quedan pendientes. Pero la barrera más importante que debemos superar como sociedad es la cultural.>
Las entidades que se ocupan del tema de la discapacidad aducen que en la Argentina se la percibe como una disminución y este preconcepto limita la integración de las personas en la comunidad.>
Laboralmente están marginados. Un alto porcentaje está desempleado y les cuesta acceder al sector privado a pesar de que hay leyes que benefician con exenciones impositivas a los empleadores. >
Sería injusto decir que no se avanzó en la última década. Hay empresas que están comprometidas desde hace años y otras que se están sumando. Hoy, entidades y organismos han desarrollado políticas de inclusión pero todavía falta achicar la brecha.>
Resta que cada uno de los ciudadanos tome conciencia de que todos somos sujetos de derecho y merecemos las mismas oportunidades. Nadie está exento de quedar con alguna discapacidad luego de un accidente o una enfermedad. Ponerse en el lugar del otro es una lección que aún nos falta aprender.>