Señores directores: La política no debe hacer esclavos, debe hacer mejores hombres. La política es una enfermedad incurable de algunas mentes humanas. El político sabe que la vida pública es una lucha permanente de la parte sana de la sociedad contra la parte enferma, es una lucha contra los excesos de los otros partidos, contra la ignorancia de los más, contra los coléricos prepotentes y sanguinarios. La política sorprende hasta el ánimo de un rey y puede hacerlo vacilar en sus proyectos; ¿acaso un rey no es mortal?
En el político prudente descansa la sabiduría. Sócrates recomendaba a sus discípulos pensamientos prudentes en el alma, en la lengua el silencio y la vergüenza en el rostro. Un gran político debe ser como el árbol que vive varias vidas superando fuegos y fríos y es, a la vez, un ejemplo de la naturaleza superando errores humanos. Al político Dios le da la posibilidad de elección, que no dé cobijo a prepotentes, coimeros y egoístas; que recuerde que el más grande de los pecados es la explotación del hombre por el hombre. Un gobernante puede ser muy docto en las letras, en las ciencias, pero lo debe ser en materia de honradez, virtud, lealtad y conciencia del deber. El pueblo necesita ser deslumbrado con una política clara y concisa, carente de equívocos, debe ir convirtiendo la pobreza en historia. La política no debe estar divorciada de la moral pues triunfaría el interés y la astucia, su verdadero fin debe ser hacer cómoda la vida, rara vez se hace la elección entre el bien y el mal sino entre el mal mayor y el mal menor.>
Las grandes verdades trastornan a la sociedad, las pequeñas la perturban; se debe conducir por medio de justas reflexiones y prometer con moderación, se debe hacer que el fraude y la violencia pierdan su fuerza (que el tigre, el lobo y el león busquen su alimento en el mismo prado, al lado del cordero, sin causarle mal).>
Al político aunque le den frecuentemente de beber se le acrecienta la sed. Respetando las leyes de la democracia, la mayoría lo puede todo, fuera de ella la mayoría no puede nada. En la política sana los hombres no son provocados a la violación de las leyes. Una mala política le quita al individuo las ideas, a la familia las sanas costumbres, a la religión las tradiciones, a los pueblos las instituciones, desgraciado el pueblo donde los vicios se hacen costumbre.>
A algunos políticos el pasado los condena; un buen político en acción se dice a sí mismo todos los días: "Debo contribuir al engrandecimiento de mi patria". Debe saber poner límites, abandonar el método autoritario según el cual "la ley con sangre entra'; debe dedicarse a ser su propio crítico, incluso sin la ayuda de un diván y con propias sabiduría salomónica, debe limitarse a cumplir con sus obligaciones con paciencia y fortaleza, debe despertar con la mente ocupada con ideas nuevas.>
A un político agotado, nada predispuesto a hacer un discurso delante de la gran multitud, el público le pedía dos o tres palabras, él se levantó y dijo: "Pues aquí las tienen: íVótenme y serán felices!".>
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