"El único defecto histórico que siempre tuvo el sorgo fue el precio", dijo Juan Gear, presidente de MAIZAR, la Asociación que nuclea a la cadena de maíz y desde hace un mes también a la del sorgo.
En vísperas de una reunión de profundización técnica que se realizará el 26 de octubre en Pergamino, el taller convocado por la entidad para intercambiar información sobre la realidad del cultivo, contó con la exposición de Alberto Chessa, referente de Nidera en materia de sorgo, y de Víctor Tobin, titular de una empresa semillera de Salto, Buenos Aires, que lleva su nombre y se especializa en el cultivo.
La última década de gloria para el sorgo argentino fue la de 1980. Por entonces, el grano equiparaba al maíz con una superficie de 2,5 millones de hectáreas y se cosechaban 8 millones de toneladas. Hace tres años el área apenas alcanzaba las 474 mil hectáreas con un precio de 40 dólares la tonelada. Para la próxima campaña, se espera cubrir una superficie de 650 mil hectáreas con un sorgo que cotiza a 120 dólares.
Ahora el sorgo tiene la misma chance que el maíz. "Los granos se desarrollan en un escenario distinto", dijo el titular de MAIZAR durante el taller.
Gear detalló que en este año, hasta la fecha, se han exportado 788 mil toneladas de sorgo a países tales como Japón, Holanda, España, Bélgica, Chile, Colombia y Perú. Aún falta embarcar unas 300 mil toneladas más y para el año que viene ya se han declarado ventas de exportación de otras 800 mil. En todos los casos, se trata de envíos que incluyen los tres tipos de sorgo (con taninos, rojos y blancos).
Hace dos años, el sorgo se vendía a 40 dólares la tonelada. Ahora el precio es de 120 dólares, al igual que el maíz. Con la diferencia de que el sorgo no tiene impuestos para ingresar a Europa, en cambio el maíz paga 15 dólares la tonelada. Además, como grano, tiene la ventaja que algunos países le otorgan por no ser genéticamente modificado. Sólo en Estados Unidos, de las 12 millones de toneladas producidas, 2 millones van a la fabricación de etanol.
De las 64 millones de toneladas de sorgo que se producen en el mundo. Solo 6 millones se comercializan entre países. Los dos grandes jugadores son Estados Unidos, con casi 5 millones de toneladas de producción y Argentina, con alrededor de 1 millón de toneladas. En tanto, los principales compradores son México, Japón y Europa, que estaría duplicando durante este año su demanda.
Alberto Chessa tiene una larga trayectoria en el cultivo de sorgo y trabaja en campos ubicados en la zona de Venado Tuerto, Santa Fe. Allí, en lotes de productores, viene obteniendo rendimientos que van de 10 a 15 toneladas por hectárea. Para Chessa, la razón radica en que el sorgo responde con tecnología y con estos precios, vale la pena invertir en él.
Más allá de la buena coyuntura de precios que el sorgo disfruta en la actualidad, es un hecho que en algunas zonas del país su crecimiento se viene dando desde hace ya varios años. Básicamente, su aptitud para zonas marginales y sus virtudes para la alimentación animal lo ubican en un marco de preferencia en las regiones donde se mantienen planteos mixtos con mayor intensificación ganadera. Este es el caso del Sudoeste de Buenos Aires y de muchas otras zonas del país.
Según Chessa, el sorgo granífero es la mejor gramínea para rotar con la soja. "Es agronómicamente perfecto, lo único imperfecto ha sido siempre el mercado".
El sorgo está preparado para funcionar con menos agua. "Mientras el maíz necesita 600 mm para dar su máximo rendimiento, el sorgo sólo 400. Se trata de un cultivo más eficiente en la conversión de agua en grano y materia seca", comentó el investigador.
El adelantamiento de la fecha de siembra es una de las estrategias de manejo que utiliza el técnico. En la última campaña sembraron el 4 de octubre en Venado Tuerto y cosecharon en marzo. El rendimiento fue de 12 t/ha promedio en ciclos largos.
"Estamos perdiendo rendimiento en sorgo por trabajar por costumbre. No se tiene en cuenta que si se siembra antes se pueden obtener mejores rendimientos. El momento en que el sorgo necesita más agua es cuando encaña y florece. Si sembramos a mediados de noviembre, está floreciendo a mediados de enero, cuando no hay agua, entonces rinde menos", detalló Chessa.
"Incluso durante la primera semana de setiembre se puede sembrar", expresó el técnico. De esta forma se logra mayor período de cultivo, mayor rendimiento, en base a menos agua y en zonas donde no se puede hacer maíz.
Las malezas son una de las principales dificultades del sorgo. Según lo informado por Chessa, se está trabajando en herbicidas especialmente diseñados para el cultivo. Actualmente, la atrazina es una de las que mejor funciona. Sobre este tema, la discusión entre los presentes fue la dosis a utilizar. El técnico de Nidera hizo hincapié en los buenos resultados obtenidos con hasta 6 litros por hectárea en dosis divididas.
En lo que hace a la nutrición, el técnico recomendó trabajar igual que con el maíz, ya que el sorgo tiene los mismos requerimientos nutricionales. "La única diferencia -según Chessa- es que con el rastrojo a los productores les vuelve la mitad de lo que invirtieron en nutrientes. El rastrojo que tiene el sorgo no lo tienen otros cultivos".
La intersiembra sorgo-soja, es una de las mejores asociaciones, destacó. "Aunque hay que usar muy bien la atrazina", aclaró.
Según el técnico, con esta intersiembra se puede hacer silaje de planta entera, que es el mejor silaje. También es posible cosechar el sorgo para silaje húmedo y luego se le echa glifosato al sorgo para que no rebrote y queda la soja para la cosecha.
En lo que hace a insectos, el pulgón del maíz no hace daño. Pero sí el pulgón verde de los cereales que está en el envés de la hoja. "Aunque hay sorgos con tolerancia a pulgón", aclaró Chessa.
El otro insecto del sorgo es el 7 de oro. Pero no hace daño. No hay que matarlo. Según Chessa, la información correcta es clave en el manejo sanitario del cultivo y permite ahorrar en labores e insumos. En relación a la aparición de hongos, el especialista sostuvo que si el sorgo florece bien, el hongo no entra, porque gana el polen.
Hoy se puede producir tan fácilmente sorgo con taninos como sin él. El tema no está en los rendimientos sino en la cantidad de proteínas que tiene disponible cada uno.