Juan Ignacio Novak.
No es casualidad que haya sido el creador de algunas de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos. Es que su propia existencia fue tan ajetreada, que cualquiera de las historias que moldeó para la gran pantalla se empequeñece. Desde muy joven echó mano a las más variadas actividades para adquirir una invalorable experiencia que luego quedaría reflejada en su producción. Fue periodista, novelista, boxeador, militar, cazador, jinete, torero, jugador y hasta vivió como pintor callejero en la bohemia París de los años veinte. Y fue esta desordenada experiencia vital la que lo llevó al cine, donde comenzó como extra, para convertirse luego en uno de sus grandes exponentes.
Probablemente su vena cinéfila provino de la figura paterna, el oscarizado actor Walter Huston, quien sobresalió en los años dorados de Hollywood en producciones como "Duelo al sol", "Diez negritos" o "Yanqui Dandy". De hecho fue su padre quien lo inició en el séptimo arte, donde empezó como actor de reparto y guionista. Pero lo concreto es que pocas veces en la historia del cine, un director tuvo un debut tan impresionante como él, ya que realizó un film considerado un clásico indispensable, una de las piedras angulares del género policial en la pantalla grande: "El halcón maltés".
Rodada en 1941, la película significó una auténtica reunión de talentos. De entrada, estaba basada en una de las mejores novelas de Dashiell Hammett, quien pocos años antes había sentado, junto a Raymond Chandler, las bases del policial negro. En tanto, los papeles protagónicos estuvieron a cargo de un ascendente Humphrey Bogart -en uno de sus primeros grandes papeles- y Mary Astor, además de un reparto que incluyó a figuras como Sydney Greenstreet y Peter Lorre (quienes repetirían junto a Bogart en "Casablanca").
Huston logra una intriga de alto vuelo y un manejo más que interesante del suspenso, y hoy está considerado como un hito en la historia del cine. Pero un aspecto central de "El halcón maltés" es que marcó el inicio para una relación fructífera en términos cinéfilos: la de Huston y Bogart.
Eran aquellos tiempos convulsionados para el mundo. La Segunda Guerra Mundial alcanzaba uno de sus puntos mas álgidos y en diciembre de 1941 los japoneses invadían Pearl Harbor. La intervención estadounidense en el conflicto bélico, encontró a Huston en pleno rodaje de "Across the Pacific", e inmediatamente se enroló como aviador.
Durante sus años en el ejército, se convirtió en una especie de "cineasta de campaña", y rodó tres documentales considerados en conjunto "como la película de guerra más bella del segundo conflicto". Incluso en uno de estos trabajos, abordó como tema el tratamiento psiquiátrico de los heridos de guerra.
Culminada la guerra, Huston volvió a los estudios y retomó su carrera con dos películas -ambas de 1948- que dejaron una huella imborrable y lo presentaron como uno de los mejores cineastas de su tiempo. La primera fue "Cayo largo", con Humphrey Bogart y Laureen Bacall, pareja mítica de la historia del cine. Este excepcional film, exponente del género negro, introduce al espectador en una densa y claustrofóbica trama que se desarrolla en un hotel cercado por un huracán, donde unos gángster secuestran a sus ocupantes. El reparto se completó con actores de primera línea, como Edward G. Robinson, Lionel Barrymore y Claire Trevor, quien accedió a un Oscar por su brillante interpretación de una frustrada cantante.
La otra perla de 1948 que el cine debe a Huston es "El tesoro de Sierra Madre". Una de sus primeras incursiones en un universo al que volvería una y otra vez a lo largo de los años: el de los personajes perdedores e ingenuos que se nutren de ilusiones de grandeza, aunque saben de antemano que están presos de un destino inevitable.
Con singular maestría, la película se adentra en la historia de tres hombres pobres que emprenden la obstinada búsqueda de un tesoro, para dar un rumbo a sus erráticas existencias. Sin embargo, la avaricia que sobrevuela al grupo torna trágica la expedición.
Este brillante ejercicio cinematográfico -protagonizado por Humphrey Bogart- supuso una suerte de consagración para Huston: obtuvo dos Oscar, por dirección y guión, y su padre alzó una estatuilla al mejor actor de reparto. John Huston se perfilaba como un sólido artesano del cine.
En los albores de los cincuenta, Huston ya había rodado la impactante "Mientras la ciudad duerme", con escenas antológicas y un reparto de lujo. Fue entonces cuando rodó -y además vivió- una grandiosa aventura, que fue uno de sus mayores éxitos de taquilla: "La reina africana".
En esta brillante cinta, se narran las tribulaciones de una solterona y estólida misionera (conmovedora interpretación de Katharine Hepburn) y un borracho dueño de una embarcación (espléndido Humphrey Bogart), a lo largo del Río Congo en medio de la guerra, desafiando a los alemanes.
De la post producción y rodaje de este film, sobreviven numerosas anécdotas. La más conocida de ellas -inmortalizada por Clint Eastwood (ver recuadro)- cuenta que, con la excusa de recorrer los escenarios para esta historia, Huston viajó a Africa con la secreta ambición de cazar un elefante. Otra, cuenta que por consumir agua contaminada, prácticamente todo el equipo de producción contrajo una enfermedad... de la cual se salvaron únicamente Huston y Bogart, quienes -reacios a consumir el agua local- tenían su propia provisión de whisky. Lo cierto es que este film, le brindó un prestigio definitivo a su director, y también significó el primer y último Oscar para Humphrey Bogart.
Pero más allá del notable reconocimiento adquirido, después de rodar "Moulin Rouge" en 1952, decidió dejar las tierras hollyoodenses e irse a Irlanda, país donde residió durante bastante tiempo.
En los años venideros rodaría, no obstante, películas de excelente factura, como "Moby Dick", con Gregory Peck y Orson Welles; "Vidas rebeldes", con unos maduros y crepusculares Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift; y "La noche de la iguana", con el protagonismo de un inconmensurable Richard Burton. También data de esta época la polémica "Reflejos en un ojo dorado", con Elizabeth Taylor y Marlon Brando.
Fue en 1975 cuando rodó "El hombre que pudo ser rey", considerada como la última de las películas clásicas de aventuras. En esta producción, se advierte la capacidad del director para crear una singular empatía entre los personajes y un inusitado manejo de la técnica.
Basado en la obra homónima de Rudyard Kipling, el filme desgrana las aventuras de dos militares británicos que, atraídos por la búsqueda de fortuna y poder, llegan a un lejano país, donde uno de ellos es confundido con la reencarnación de Alejandro Magno.
Huston aprovecha para resaltar valores como la amistad y el coraje, además de proponer una mullida crítica a los afanes colonialistas de la Inglaterra victoriana.
Durante los ochenta, ya anciano, vivió buena parte de su existencia en una inaccesible isla mexicana, aunque nunca dejó de trabajar. En 1983 dirigió a su propia hija Anjelica Huston y a Jack Nicholson en "El honor de los Prizzi", y a Albert Finney en la interesante "Bajo el volcán".
La última producción de Huston, quien había pasado ya los ochenta años, fue "Dublineses (Los muertos)", basado en los textos de James Joyce, protagonizada por su hija Anjelica y con guión de su hijo Tony. Ya enfermo y cercano a la muerte, dirigió desde una silla de ruedas, ayudado por una mascarilla de oxígeno. El grandioso director, que había filmado las aventuras como nadie, se encontraba viviendo su última aventura. Y estaba decidido a dejar su legado. Murió el 28 de agosto de 1987.
A fines de los años ochenta, un ya entonces innovador Clint Eastwood se arriesgó con una apuesta artística sumamente interesante, que tituló "Cazador blanco, corazón negro". Allí, con un sólido guión, se reconstruyen los avatares que, a principios de los años cincuenta, antecedieron al rodaje de "La reina africana". Se trata de una historia inspirada en la novela de Peter Viertel.
La anécdota de la que parte el guión, es que el director viajó en realidad a Africa con el pretexto de localizar los exteriores, pero una vez allí reveló, ante la desesperación de los productores, que su único y verdadero interés para concretar este viaje consistía en dar caza a un elefante.
Clint Eastwood, con su característica presición, no sólo dirige sino que -además- protagoniza, realizando una más que apreciable composición del director John Huston. Un ejercicio interesante, con un Eastwood en su máxima lucidez, pero que se superaría después con trabajos como "Los imperdonables" o "Million Dollar Baby".
En 1974, John Huston interpretó al villano Noah Cross. Fue en la película "Barrio Chino" dirigida por Roman Polanski, donde compartió cartel con Jack Nicholson y Faye Dunaway. El American Film Institute (AFI) eligió a este personaje entre los cincuenta mejores villanos del cine.
Su turbulenta biografía cuenta que de joven, y debido a una profunda admiración por México, Huston se incorporó al ejército revolucionario de Pancho Villa. Además, su personalidad lo llevó a librar una batalla contra el comité de asuntos antiamericanos que en los '50 lo llevó hasta Washington.
En 1981, Huston rodó "Escape a la victoria", protagonizada por Sylvester Stallone y Michael Caine. Versaba sobre un partido de fútbol entre los prisioneros de un campo de concentración alemán y sus captores. Para este filme, contó con la participación de jugadores de la jerarquía de Pelé, Osvaldo Ardiles y Bobby Moore.
Por otro lado, una de las actuaciones recordadas de Huston, es la que realizó a las órdenes del brillante realizador Otto Preminger en "El cardenal". Esta película cuenta la historia de un sacerdote de Boston que comienza a ascender en la jerarquía eclesiástica, pero que ve como esto trae aparejadas varias situaciones delicadas y peligrosas.