Europa ante el terrorismo de raíz islámica

Los servicios de inteligencia de Alemania lograron impedir que una banda terrorista de signo islámico perpetrara un atentado superior en magnitud a los cometidos en su momento en Madrid y Londres. Este es el séptimo intento terrorista que la seguridad alemana desbarata. El hecho evidencia dos cosas: la efectividad de sus organismos y, a la vez, la operatividad del terrorismo islámico.

En Alemania, la población islámica supera los dos millones de personas. Aprovechando los beneficios que brinda una sociedad abierta, la actividad terrorista se ha desplegado con intensidad. Diarios, programas de radio y televisión y páginas de Internet testimonian este activismo que las autoridades alemanas intentan controlar sin vulnerar las libertades democráticas y los principios básicos de la convivencia social.

Que Alemania se ha constituido en la última década en una base del terrorismo islámico, lo demuestra el hecho cierto de que los principales operadores del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York se capacitaron en sus universidades y, según las investigaciones posteriores, allí se organizaron los pasos para perpetrar el operativo que produjo más de tres mil muertos en la isla de Manhattan.

Según los informes de los organismos de seguridad, las principales naciones de Europa están bajo amenaza. La actividad integrista es financiada con recursos multimillonarios provenientes de Pakistán y Arabia Saudita. Y se expresa a través de una compleja red que incluye servicios religiosos y asistenciales. Si bien la acción terrorista es protagonizada por células minoritarias, detrás de ellas hay una abigarrada trama de instituciones que por diferentes caminos alientan y financian al terrorismo.

El desafío que se le presenta a Alemania, pero también a Europa, es cómo compatibilizar los principios de la tolerancia con los rigores de la seguridad. Dirigentes religiosos y políticos han reiterado que no están dispuestos a perder los beneficios de la libertad por la amenaza terrorista, pero más allá de sus buenos deseos, está claro que el incesante activismo terrorista hace difícil sostener este paradigma humanista.

Se dice que la exclusión que el sistema político hace de los inmigrantes estimula que ciertos sectores marginales encuentren en el Islam un campo religioso en donde canalizar sus resentimientos. Esta observación ha sido refutada por distintos académicos, quienes señalan que los principales actores del terrorismo no son marginales o víctimas, sino beneficiarios de la integración al sistema europeo.

En segundo lugar, se observa que en Europa residen diferentes comunidades étnicas y raciales cuya calidad de vida no es buena. Sin embargo, la única que plantea el peligro del accionar terrorista es la musulmana.

Por último, se señala que si bien el terrorismo islámico parece ser la práctica perversa de una minoría, el hecho de que los principales líderes religiosos del Islam no lo condenen de manera expresa, dificulta la acción de la Justicia e incluso alienta la actividad de grupos de extrema derecha que desde posiciones racistas ven en todo musulmán un enemigo en ciernes.