Circuncisión, III

Señores directores: Con verdadero estupor he leído los consejos del Dr. Niel (carta del 3/9), dirigidos a los jóvenes judíos acerca de la circuncisión. Si el tema no fuera tan profundo, me atrevería a gastar la broma de suponer que existe un error en el título del libro a que hace mención, por cuanto, de contener otras inexactitudes como éstas, mereció llamarse "Divagaciones después de las hierbas".

La circuncisión es, para el pueblo judío, el Brit Milá. La palabra "Brit" en hebreo significa pacto y la palabra "milá", corte. En consecuencia, el "pacto del corte" es el hecho fundacional del pueblo como tal y fue celebrado entre Dios y Abraham (Génesis 17:7-11). A lo largo de la historia, todo hijo varón, en el octavo día de vida, es sumado al pueblo mediante este acto. A partir de ese momento, quedará para siempre incorporado al mismo, vinculándose así con su pasado, a la vez que lo proyectará hacia su futuro.

Confundir el compromiso de recordar y convalidar semejante acto de amor entre el individuo y su colectivo con una "secular y peligrosa costumbre ritual y tradicional" excede los alcances de la imaginación más frondosa. Por supuesto que no fue este procedimiento quirúrgico "inventado por los judíos", pero tan cierto es también que no somos el único pueblo que lo adoptó. Dado que Abraham circuncidó en el mismo momento a sus dos hijos: Ismael e Itzjak, el pacto es cumplido por nosotros en el octavo día de vida y por el creyente musulmán, al cumplir los trece años. Deberían entonces, al menos, extenderse las advertencias a este pueblo hermano.

Pero lo que ha colmado mi capacidad de asombro es el hecho de que alguien pueda creer, asimilar y transmitir el concepto de que "la circuncisión ritual era efectuada primitivamente por el rabino al octavo día del nacimiento, seccionando el prepucio con los dientes". Un pueblo que legó a la humanidad leyes como la kashrut, determinando que un animal que sufre al morir no es apto de ser consumido, mal podría imponer a sus hijos semejante acto de barbarie. Esto merecería de su autor, una pública retractación. El Brit Milá es un acto de magnitud y significado tal, que impide hablar de él sin un profundo conocimiento o intentando encontrarle "probables fundamentos de sacrificios humanos".

No descarto que lo único cierto contenido en la carta sea la tragedia familiar que se describe. El Dr. Niel desconoce u omite señalar que la prescripción del Brit es para "todo niño sano", debiéndose posponer el mismo hasta tanto se encuentre en esa condición. Pero generar a partir de la misma, tal cúmulo de fabulaciones, sería como pretender prohibir la extracción de muelas, porque algún paciente se haya muerto en el sillón de un dentista.

Para tranquilidad de todos, manifiesto que ni ahora ni nunca el Brit estuvo a cargo de improvisados ni de los dientes de ningún rabino. Quien lo lleva a cabo es el mohel, una persona (generalmente médico) que ha accedido a esa tarea luego de una larga especialización y estudio. Por todo ello, salvo la ignorancia supina que trasuntan, agradezco la buena voluntad de las advertencias. Porque quiero suponer que puedo quedarme tranquilo de que no hay ninguna intención oculta en la misiva. �O sí?. Eduardo Duschkin. DNI: 8.485.059.