| |
La Sociedad de Anticuarios tiene su origen en los clubes -esa institución típicamente inglesa- que surgieron como hongos en el siglo XVIII por todo el país y que estaban dedicados a las actividades más diversas: desde la Filosofía hasta la Ingeniería o la Astronomía.
Sus miembros solían reunirse en pubs y tabernas, donde celebraban con frecuencia acalorados debates. Y en una taberna, la Bear Tavern, en el Strand (céntrica calle de esta capital), tres ciudadanos fundaron en 1707, año de la unión de Inglaterra y Escocia, la Sociedad de Anticuarios de Londres.
Preocupados por la destrucción de antigüedades en la disolución de los monasterios en el siglo XVI y luego, por la guerra civil del siglo siguiente, los anticuarios se propusieron el estudio y registro sistemáticos de los monumentos históricos, así como la investigación de manuscritos, heráldica y genealogía.
Las primeras minutas de la Sociedad, así como una curiosa máquina de votar que utilizaban sus socios, pueden verse en la exposición, organizada bajo el título de "Haciendo Historia: Anticuarios en Gran Bretaña, 1707-2007", por la Royal Academy of Arts, que estará abierta al público hasta el 2 de diciembre.
La Sociedad de Anticuarios comenzó siendo un club de sólo caballeros, con un número de miembros limitado en un principio a cien, pero fue luego evolucionando y en la actualidad cuenta con más de 2.500 socios, muchos de ellos especialistas de distintas disciplinas científicas.
Las mujeres no fueron admitidas hasta 1911, pero desde entonces han tenido una presencia activa en la institución hasta el punto de que dos de ellas llegaron a presidentas, Joan Evans, experta en arte románico, y Rosemary Cramp, autoridad en arqueología anglosajona.
Entre los miembros más conocidos por su papel en la historia del arte puede citarse a William Morris, el fundador del movimiento de Arts and Crafts en el siglo XIX, que luchó por la protección de los antiguos edificios y contribuyó al revival del arte gótico en este país.
Joaquín Rábago (EFE)