La mayoría son restituidos a su familia en pocos días
Los adolescentes son los que más se ausentan de su hogar
Desde el 1° de enero hasta el 31 de agosto de este año, el Registro Provincial de Información de Niñas, Niños y Adolescentes Desaparecidos recibió 779 denuncias y casi todas fueron resueltas felizmente. El 77,5 % de los chicos tienen entre 13 y 17 años y los motivos por los que se ausentan están relacionados en general con conflictos propios de la edad.

Impotencia. Incertidumbre. Expectativas por dar con la pista correcta. Esperanzas de que el pálpito o la presunción sean acertados. Y por sobre todo, mucho dolor. Éstos son los sentimientos que mantienen en vilo a cientos de familias santafesinas cuyos hijos se ausentan del hogar.

Desde el 1º de enero hasta el 31 de agosto de este año, el Registro Provincial de Información de Niñas, Niños y Adolescentes Desaparecidos que se creó en el ámbito de la Secretaría de Estado de Derechos Humanos recibió 779 denuncias. El 57 % de los chicos volvió a sus hogares y el 43 % continúa lejos de su casa porque se desconoce el paradero o porque por diferentes motivos se niegan a regresar. En este caso, el organismo coordina con la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia para resolver la situación.

Las cifras de menores desaparecidos "son fluctuantes y se modifican a diario. Desaparecen 10 y aparecen 8. El hecho de que denuncien rápido permite la búsqueda inmediata. Generalmente, los chicos vuelven en pocos días a su casa", afirman Susana Figueroa, directora provincial de Políticas y Planeamiento de la Secretaría de Derechos Humanos, y Sara Carrara, asistente social a cargo del Registro.

El mayor índice de desapariciones se da entre los adolescentes y sobre todo en el género femenino. El 77,5 % de los que se ausentan del hogar tiene entre 13 y 17 años y el 63 % del total se trata de mujeres.

La partida del menor del hogar se produce sobre todo por conflictos propios de la edad y por la manera en que resuelven los problemas. "Frente al no a una salida, a un novio o a un grupo determinado de pares, los chicos se enojan y se van", comentó Sara Carrara.

Pero también se dan casos de menores que escapan a los problemas familiares, a situaciones de violencia dentro del hogar e, incluso, al abuso. "No tenemos casos de secuestros o de sustracción, el único fue el de Bruno Gentiletti, pero no hemos tenido ningún otro parecido", remarcó Figueroa.

La desaparición de los más pequeños se reportan en general como consecuencia del "impedimento de contacto". Es decir, cuando uno de los padres se los lleva.

Adónde van

Figueroa sostiene que las desapariciones "son un fenómeno que se da fundamentalmente en las grandes ciudades". En nuestra provincia, el índice más alto corresponde a Rosario, Santa Fe, Reconquista y Rafaela.

Los chicos y chicas, en la mayoría de los casos, no permanecen más de una semana extraviados y eligen la casa de los amigos, parientes y, en ocasiones, sitios que funcionan como captadores de menores. Estos últimos "son los lugares contenedores porque les ofrecen todas las soluciones: les dan un lugar dónde vivir, le compran ropa, nadie les dice nada. Y los chicos creen que se les soluciona la vida, pero es un mecanismo perverso porque no sólo los priva de la libertad sino que los va condicionando", comentó Carrara.

En el último tiempo también se han detectado, aunque pocos casos, de "contactos a través de Internet, en donde les prometen algo y las chicas se van pensando que se les solucionan todos los problemas y pueden terminar hasta en una red de trata de blancas", advirtió Carrara.

La Secretaría de Derechos Humanos intervino en situaciones de migraciones hacia otras provincias y advirtió que éstos son los casos "más riesgosos porque una de las cuestiones que pueden aparecer solapadas y a la que tenemos que prestar especial interés es a la trata".

Figueroa comentó que son muy pocos las denuncias por trata que reciben, pero confió que tienen "la sospecha de que hay muchos casos que no son denunciados por amenazas al grupo familiar o sobre el adolescente", dijo la funcionaria, tras mencionar que recuperaron adolescentes de la red y les brindaron contención y protección.

Dinámica de trabajo

La Ley 12.545 que estableció la creación del Registro de Niñas, Niños y Adolescentes Desaparecidos obliga a las dependencias policiales y judiciales a comunicar a la Secretaría de Derechos Humanos en un plazo máximo de 12 horas las denuncias por extravío de menores para su incorporación en la base de datos. Esos organismos también deben notificar cuándo se producen apariciones y deben brindar toda información concerniente a la localización del menor.

Los datos sobre los chicos extraviados son cargados en una base única que está "en línea" con el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas. De esta manera, es posible detectar niños o adolescentes que pudiesen haber migrado hacia otra provincia o que proviniesen de otro lado y estuvieran perdidos en Santa Fe.

A partir de la denuncia, "citamos a los padres, luego hacemos entrevistas con la intervención de un grupo interdisciplinario compuesto por psicólogos, psicopedagogos, abogados y asistentes sociales intentando rescatar la mayor información posible respecto de la dinámica familiar, tratando de investigar cuál fue el motivo que llevó a ese alejamiento, si intervino algún adulto o si el chico se ausentó por sus propios medios", comentó Carrara.

Lo importante es que los padres, una vez que desaparece el chico, llamen a los amigos de su hijo tratando de averiguar dónde está y realicen inmediatamente la denuncia.

La búsqueda del niño la efectúa la Policía, pero también intervienen los Juzgados de Instrucción en caso de que haya que llevar a cabo el allanamiento en alguna propiedad.

Durante la ausencia del menor, la Secretaría de Derechos Humanos acompaña a los padres y brinda la contención a los niños una vez que aparecen pero tratamos "de no hacerlo muy prolongado en el tiempo, sobre todo si se detectan algunas problemáticas coordinamos con organismos específicos como Salud o la Subsecretaría de la Niñez".

Una historia con final feliz

La Secretaría de Derechos Humanos recibe en promedio 10 denuncias diarias. Detrás de las ausencias, quedan padres, hermanos, familiares y amigos angustiados. La mayoría son restituidos a sus hogares tras unos pocos días, "son cinco o seis los que hace mucho tiempo que no aparecen", dijeron en el Registro.

La mamá de Daiana Ojeda relató el dolor que le generó la ausencia de su hija. La adolescente fue restituida a su hogar el 16 de agosto de este año, luego de permanecer dos meses alejada de su familia. "Lo pasamos muy mal. Yo no sabía lo que era dormir, sentía una sirena y pensaba en ella, en cómo estaría con el frío que hacía, si tenía para comer o no", recuerda Mirta, al borde del llanto.

La joven de 15 años salió a dar un paseo por Sauce Viejo, el domingo 10 de junio, a las 4 de la tarde, y no regresó. "Estaba viviendo allá, en la casa de su hermana porque estaba bajo tratamiento médico. Tenía crisis de nervios, estaba medicada y nos recomendaron sacarla de este ambiente. Entonces se fue con mi marido a la casa de mi hija casada. La traíamos a la escuela, al tratamiento, nunca la dejábamos sola", recuerda.

La familia movió cielo y tierra para encontrarla. Realizaron la denuncia en la subcomisaria 13 de Sauce Viejo y aportaron la pista de que Daiana podría llegar a estar en la casa del novio. "Cuando desapareció pensamos que se había ido con él", dice la mamá de Daiana, quien se quejó de las excusas que le dieron en la sede policial para comprobar el dato.

Daiana salía con un chico del barrio pero "cuando empezamos a ver lo que era tratamos de aconsejarla, no de prohibirle que saliera con él -aclara-, pero que viera lo que era bueno y lo que era malo. Ahí empezaron a venir todas las desavenencias y las discordias", cuenta Mirta.

A partir de la difusión de la foto de Daiana, varias personas le dijeron que estaba en la casa del novio. Y Mirta lo comprobó a fines de julio cuando la vio desde el domicilio de un vecino. Pero no se animó a llamarla por miedo.

Avisó a la policía pero los allanamientos tuvieron resultados negativos y cuenta la mujer que "la Justicia nunca se preocupó como debía. A los únicos que les puedo agradecer es a tres personas del Juzgado de Familia y al señor Salvatierra de Juveniles de la Policía".

Daiana apareció en el último procedimiento con orden de requisa que realizó la policía. Estaba donde su mamá presentía. Llantos y abrazos achicaron la brecha de la ausencia. "Pidió perdón, dijo que sabía que se había mandado una macana, que no lo iba a volver a hacer más y lloró durante dos o tres días".

El dolor, detrás de la ausencia

Los papás de María Soledad Segovia no tienen la misma suerte que Mirta. Su hija lleva 20 meses lejos de su casa de barrio 7 de Marzo, en Santo Tomé. Se escapó en la madrugada del 8 de diciembre de 2005, en Sauce Viejo, apenas unas horas después de regresar del viaje que realizó con sus compañeros de la Escuela Especial N° 2032.

Tapó con la frazada una almohada para simular que seguía durmiendo y se fue, sin documentos, con un bolso azul y negro cargado con la ropa nueva que su papá, Armando, le había comprado para llevar al viaje.

Cerca de las 4 de la mañana, el padre se percató de la ausencia de su hija y se acercó a la subcomisaría 13, donde "no me tomaron la denuncia. El oficial principal me dijo que podría estar dando vuelta en la zona. Recién me la dejaron radicar a las 9 de la mañana. Si hubiesen hecho el rastrillaje antes, la habrían encontrado", acota.

La adolescente tiene sus capacidades intelectuales disminuidas y estaba bajo tratamiento psicológico en el Hospital Mira y López. "Va a cumplir 16 años y, a pesar de que tiene la mentalidad de una criatura de 8 años, dentro de todo, es muy viva", dice su papá.

Soledad ya se había escapado tres veces antes, pero nunca superó los tres días. Su mamá del corazón y su padre están angustiados y preocupados porque no saben cómo está. Hace dos semanas, un conocido les avisó que la habían visto en el barrio Las Vegas, pero -según relataron- la recorrida de la policía no dio resultados positivos.

"Sé agarrar la moto y me voy por la curva Richieri, para ver si la ubico, pero no la puedo encontrar", comentó Armando, que reclama que "alguien venga y me informe si está viva".

Las hojas del calendario van quedando atrás y Soledad no aparece. "Tengo la esperanza de encontrarla, de que la policía me golpee la puerta y me diga que la detuvieron", dice Armando, un papá que extraña "verla y saber cómo está".

Los casos

En los primeros ocho meses hubo 779 denuncias de las cuales el 57 por ciento de los chicos volvieron a sus hogares y el 43 por ciento, no. El mayor índice de desapariciones se da entre los adolescentes y sobre todo en el género femenino. El 77,5 % de los que se ausentan del hogar tienen entre 13 y 17 años y el 63% del total son mujeres.

María Sol Pogliani