EFE
"Necesitamos la solidaridad de la gente y ayuda internacional", dijo Agusrim Najamudin, gobernador de la provincia de Bengkulu.
"El terremoto ha sido horrible. Como hemos tenido la suerte de que no hay muchas víctimas la gente no le da mucha importancia, pero la destrucción ha sido enorme. Si hubiera ocurrido de noche habría habido miles de muertos", añadió.
Más de tres días después de que el primer terremoto golpease el sur de Sumatra, todavía muchos de los afectados aseguran no haber recibido ninguna asistencia, se quejan de escasez de comida y agua y exigen a las autoridades que agilicen la distribución de ayuda.
Las cadenas de televisión mostraban hoy imágenes de manifestaciones en el distrito de Muko-Muko, el más afectado por los seísmos, y reacciones violentas ante la llegada de los primeros camiones con asistencia, al considerar las víctimas que los alimentos enviados son escasos.
En algunos pueblos, la gente ha tomado los sacos de arroz y depósitos de agua y los ha arrojado a quienes trataban de distribuir la ayuda.
"La situación todavía es mala" reconoció el gobernador, que cada día recorre en helicóptero las zonas afectadas y se entrevista personalmente con los líderes locales para conocer de cerca sus problemas y necesidades.
"Hay algunas personas que están enfadadas, pero tenemos que entender también que muchos lo han perdido todo y han sufrido mucha tensión en los últimos días", explica el gobernador, que asegura que "estamos haciendo todo lo que podemos, pero no se puede llegar de inmediato a todas partes".
Para Najamudin el problema más importante ahora es el agua: "Aquí tenemos sólo cinco camiones cisterna y necesitamos al menos unos cincuenta para poder llevar agua a todas partes, porque se han roto muchísimas tuberías con los temblores. Pero los camiones no se pueden desplazar aquí en poco tiempo, sobre todo ahora que tenemos varias carreteras dañadas".
Por su parte, el ministro de Interior, Maridyanto, que visitó ayer la zona, reconoció que ha habido problemas de coordinación entre los organismos que distribuyen la ayuda.
Como suele ocurrir en este tipo de desastres las personas más afectadas son precisamente las más vulnerables y las que menos capacidad tienen de reaccionar ante las pérdidas.
"La gente más pobre ha sido la más afectada, porque las casas de mala calidad en la construcción, que muchas veces no tienen ni vigas ni cimientos y están levantadas sólo con ladrillos y adobe, son siempre las primeras que se caen", dijo a Efe Dara Jhonston, que dirige el equipo de evaluación que Naciones Unidas ha enviado a la zona.
Diferentes agencias de la ONU, como el Programa Mundial de Alimentos y Unicef, han enviado comida, agua, tiendas y utensilios de cocina al norte de Bengkulu, que se espera lleguen el próximo lunes.
Pak Irman, que dirige el envío de ayuda en la provincia de Bengkulu desde el Cuerpo Provincial de Coordinación de Gestión de Desastres, situado en la capital, aseguró que desde el miércoles han salido desde aquí un centenar de camiones cargados con ayuda hacia el norte de la provincia.
"Hoy vamos a enviar otros diez camiones, estamos recibiendo ayuda de organismos gubernamentales, como el Ministerio Social, la Presidencia y ONG locales. Pero la distribución lleva tiempo, sobre todo a nivel local", explicó.
Ahora todo el mundo se concentra en cubrir las necesidades más inmediatas y proveer a los afectados de bienes básicos, pero las autoridades no olvidan el ingente trabajo que les queda por delante para reconstruir los destrozos.
Más de 30.000 viviendas han resultado dañadas por la cadena de terremotos que esta semana ha causado la muerte de 23 personas, según el último recuento divulgado hoy por las autoridades.
Las gravísimas inundaciones de la temporada del monzón causaron 29 nuevas víctimas mortales en las últimas horas en India y Bangladesh, mientras las autoridades advirtieron hoy que seguirá lloviendo.
En total, más de 3.200 personas han muerto en ambos países desde el mes de junio, según los balances oficiales de estas inundaciones, las más importantes en varias décadas, que dejaron aisladas o desplazadas y sin alimentos a millones de personas.
En el Estado indio norteño de Assam, uno de los más afectados, diez personas se ahogaron mientras intentaban escapar a la última crecida de las aguas, informó el ministro de Emergencias, Bhumidar Barman.
"La situación todavía es crítica en muchas zonas donde millones de personas se resguardan en improvisados refugios", dijo Barman, quien además difundió el aviso de que se prevé que sigan las precipitaciones al menos un día más.
"Más lluvias significan que la situación puede empeorar", advirtió.
Las lluvias torrenciales causaron grandes crecidas de los ríos Brahmaputra y Ganges la semana pasada.
En Assam hoy las fuertes precipitaciones seguían haciendo subir el nivel del Brahmaputra, que amenazaba con desbordarse en algunos lugares. Las autoridades confirmaron que sus afluentes también aumentan el caudal.
"Es una de las inundaciones más prolongadas de los últimos años y, por mucho, la peor", precisó el ministro de Recursos Hídricos de Assam, Bharat Narah.
Más de 2.200 personas han muerto por las inundaciones en India esta temporada.
En el vecino Bangladesh, 19 personas fallecieron entre el sábado y el domingo, por lo que ya van 1.042 víctimas desde junio, según el portavoz del gobierno, Sachindranath Halder.
No obstante, en este país el nivel del agua está descendiendo.
"La situación mejoró en las últimas horas y sigue evolucionando a buen ritmo hoy (domingo). La mayoría de los ríos están disminuyendo de caudal", dijo Saiful Hossain, jefe del servicio de avisos de inundaciones.
"Creemos que las inundaciones se acabarán el viernes", añadió.
Bangladesh (150 millones de habitantes) pidió ayuda por 150 millones de dólares (110 millones de euros) para alimentar a la gente. Las inundaciones echaron a perder gran parte de sus cosechas, lo que supone unas pérdidas de 290 millones de dólares (210 millones de euros), según las autoridades.