Cultura y placer sin etiqueta

Se pueden hacer cosas buenas para acercar cultura a la gente y algunas de ellas están pasando. Dos ejemplos: el ciclo que hasta noviembre presenta Marcelo Arce en el Centro Cultural Provincial y el Seminario de los Jueves que auspicia ATE en el auditorio Casa España.

Desde principios de año, impulsado por la Secretaría de Cultura de la Provincia, un vez por mes, el conocido musicólogo -o divulgador de la música, como prefiere ser etiquetado- Marcelo Arce entusiasma los sordos oídos de la gente común con música clásica. Con habilidad propia de un showman y un notable conocimiento del tema, conquista a una platea cada vez más numerosa. Sin lenguaje técnico, con pasión, humor y simpleza, explica la música "culta". Las dos horas que aproximadamente dura el espectáculo, vuelan.

Más o menos lo mismo pasa con el ciclo que ATE trae a Santa Fe. Se trata del grupo que lidera Tomás Abraham, conocido como Seminario de los Jueves y que desde 1984, reúne no sólo a filósofos sino también a escritores y gente de la cultura que exponen, discuten y publican diferentes temas relacionados con la filosofía desde la amistad. Para participar son requisitos: amor por la lectura, curiosidad por el pensamiento y despreocupación por la autoridad no elegida.

Pensadores del núcleo del Seminario de los Jueves presentan desde el llano a los filósofos que provocaron y provocan curiosidad por saber más sobre el hombre, su pensamiento y conductas, y que aportan a una interminable y enriquecedora discusión acerca de cómo conseguir un mundo mejor y más justo.

Rorty, Wittgenstein, Sartre, Kafka, Deleuze, Foucault, accesibles para la gente común, para todo aquel que tenga ganas de abrir su cabeza y aprender a pensar de maneras diferentes.

El primer expositor, Leonardo Sacco se presentó diciendo algo así como: "Bienvenidos, estoy sorprendido de la cantidad de gente extraña que hay acá. Porque ustedes son extraños. No hay demasiadas personas con ganas de perder tiempo en entender filosofía".

Las dos iniciativas, la del Centro Cultural y la de ATE, son dignas de destacar ya que demuestran que se puede hacer algo mejor que pan y circo. Lo bueno de ambas es que acercan a la gente común disciplinas con etiquetas elitistas y aportan grandes dosis de educación accesibles desde espacios placenteros.