De la redacción de El Litoral
El tenis argentino perdió ayer, oficialmente, a una de las mejores exponentes de su historia, cuando la pergaminense Paola Suárez anunció el retiro oficial de los courts profesionales del planeta.
La tenista, nacida el 23 de junio de 1976 y entrenada durante su carrera por Daniel Pereyra, estuvo toda su vida ligada al deporte blanco, desde muy pequeña, cuando acompañaba a su padre, Orlando, un cuidador de canchas en el Club Gimnasia de Pergamino, su ciudad natal.
Precisamente, cuenta la historia que, mientras Orlando realizaba con dedicación su tarea, la pequeña Paola jugaba con la raqueta contra un frontón, sin pensar que ese pasatiempo le permitiría más adelante forjarse un futuro.
Formada en el seno de una familia humilde, cuando los entendidos del tenis alertaron a sus padres sobre el talento natural de Paola, éstos no dudaron y dieron un paso importante: dejaron la vida tranquila en Pergamino y se radicaron en Munro, para que la pequeña pudiera entrenar en un club.
Suárez creció admirando a Gabriela Sabatini y le fue muy duro conseguir dinero para afrontar sus primeros viajes, hasta que en 1998 conquistó el Abierto de Bogotá y, con su primer ingreso importante, se dedicó de lleno al deporte y a recorrer el circuito.
El destino quiso que fuera la eslovaca Jeannette Husarova su primera compañera en un título de dobles, en esa misma edición del Abierto bogotano en la que se coronó doblemente, aunque más adelante se encontró con la española Virginia Ruano Pascual, con quien entabló una amistad que se reflejó en la cancha.
Sus excelentes resultados en el dobles estuvieron siempre acompañados por buenas actuaciones en singles, algo infrecuente entre las tenistas profesionales, ya que en la alta competencia es difícil mantener la calidad en los dos frentes. Una de las claves para que esto ocurriera fue su estado físico, sustentado en la velocidad increíble de piernas y también en la mentalidad ganadora, las cuales le permitieron romper barreras.
"Logré todo, con excepción de Wimbledon, pero lo más importante en mi carrera fue la medalla de bronce que obtuve en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004", comentó cada vez que se le pidió un repaso de cada uno de los títulos que ganó.
Signada por la sencillez, a tal punto que ayer, en el momento de su despedida final ante los medios de prensa, no quería traer sus trofeos para exponerlos ("�Les parece bien que los haya traído?", preguntó a los periodistas), una persistente lesión en su cadera marcó el final de una etapa y el comienzo de otra.
Es que Paola anunció que, lejos del circuito, dedicará mucho tiempo al comedor infantil que dirige en Pergamino, y también intentará contribuir al crecimiento del tenis femenino en la Argentina, sin asumir la función de coach, para no viajar tanto, como lo viene haciendo desde muy pequeña.
No obstante, Paola Suárez dejó un mensaje muy importante para las chicas de nuestro país que practican este hermoso deporte. Sin ser un exquisita como Gabriela Sabatini, con perseverancia, mucho trabajo, gran estado físico y mentalidad ganadora se puede llegar a la cima, a punto tal que aún con exponentes como Gaby, Guillermo Vilas, José Luis Clerc, David Nalbandian o Guillermo Coria, la "Negra" fue la única representación albiceleste en lograr el status de número 1 del mundo, alcanzado en setiembre de 2002. Un orgullo que nada ni nadie podrán siquiera empañar.
Mariana Díaz Oliva, ex jugadora retirada a fines del año pasado, no tuvo más que palabras de elogio para la pergaminense. "El tenis extrañará a una persona sencilla y humilde como Paola, porque dentro de un ambiente súper competitivo ella marcaba diferencias con su calidez", expresó Díaz Oliva.
Contemporánea de la "Negra", la ex tenista señaló que "Paola es la misma que conocí cuando las dos teníamos 14 años y comenzábamos en esto. Nunca se la creyó, siempre mantuvo los pies sobre la tierra y pudo lograr con mucho esfuerzo todas las metas que nos proponemos las tenistas cuando empezamos a jugar".
Díaz Oliva, embarazada en cinco meses de gestación, opinó que su amiga deja la actividad profesional en un momento exacto, a una edad que le permitirá disfrutar de otras cosas de la vida. "El tenis es entrenar, viajar, competir, extrañar, conocer lugares y todo eso acompañado de un excelente estado físico. Cuando las lesiones te perjudican y dejás de disfrutar dentro de una cancha, hay que dar un paso al costado ya que la vida sigue. Paola logró todo lo que se propuso y ahora el tenis la va a extrañar a ella", concluyó.