Si el principio de la alternancia es un valor sustantivo de la democracia, en la provincia del Chaco este objetivo se ha cumplido. En efecto, después de 16 años, el peronismo llega al gobierno en un territorio que alguna vez fue un emblema de esta fuerza política y que doce años de gestiones radicales parecían haber borrado de la memoria colectiva.
La diferencia de votos que le darían la victoria electoral al justicialismo fue muy ajustada, al punto que el radicalismo continúa reclamando sobre algunos errores cometidos en el conteo. Sin embargo, queda claro que una amplia porción del electorado votó por la alternancia, esperando a través de ella un cambio para una provincia agobiada por la pobreza, el atraso y el endeudamiento, que el radicalismo en el gobierno no modificó sino que, a lo sumo, se resignó a administrar.
Quien sería el nuevo gobernador electo, Jorge Capitanich, diseñó un arco de alianzas que incluía militantes piqueteros que acompañaron desde el ala izquierda, hasta dirigentes de Recrear en su ala derecha. Según los observadores, Capitanich contó con el apoyo del gobernador radical, Roy Nikisch, distanciado desde hace por lo menos un año de Rozas y más cercano a la estrategia del denominado radicalismo K. Este apoyo no fue manifiesto, pero se expresó a través de una serie de gestos y actos que para los iniciados en las tortuosidades de la política fueron más o menos evidentes.
Por su parte, el ARI, liderado por la chaqueña residente en Buenos Aires, Elisa Carrió, obtuvo un bajo porcentaje de votos, pero alcanzaron para impedir que Rozas llegara una vez más al gobierno. Las declaraciones de Carrió apoyando la victoria de Capitanich demuestran que sus diferencias con Rozas van más allá de un disputa personal.
Como suele ocurrir en estos reñidos procesos electorales, las paradojas y las curiosidades estuvieron a la orden del día. En principio, una vez más los resultados contradijeron los pronósticos de las encuestas, y los contradijeron de manera abrumadora, ya que todas le otorgaban una amplia ventaja al ex gobernador Angel Rozas.
El otro dato distintivo de este proceso es que Capitanich centró los ataques de su campaña contra Rozas y sus ocho años de gobierno y se presentó ante la sociedad como el continuador de Nikisch, por lo que se dio una curiosa situación: el candidato peronista era el opositor al radical Rozas y el continuador del radical Nikisch.
Atendiendo a las repercusiones de este resultado en el orden nacional, habría que decir que Capitanich ganó sin necesidad de contar con la bendición de la pareja presidencial. Ocurre que, advertido sobre el pronóstico adverso de las encuestas, Kirchner y su esposa no fueron a sacarse la consabida foto con el candidato, para no comprometerse con lo que parecía ser una segura derrota. Hoy los festejos oficialistas disimulan en su euforia esta falta.
El gran derrotado en estas elecciones es, además de Rozas, el ex ministro Roberto Lavagna, ya que suponía que la victoria en el Chaco fortalecería su candidatura un mes y medio antes de las elecciones, sobre todo si se tiene en cuenta que la coalición liderada por Lavagna no controla ningún territorio provincial. La otra gran derrotada es la propia UCR nacional; en tanto que ha perdido la única provincia que respondía al comité nacional liderado por Morales.