Una modesta cuestión subsidiaria

Quienes impulsaron el aumento del monto máximo de subsidios a 20 mil pesos en el Senado tenían razón: el tema sería agitado durante unos días por esos periodistas sin códigos ni tarifas, y por esos analistas mal pensados del "Club del no". Pero el tiempo -bálsamo siempre eficaz- haría que la opinión pública abriera finalmente los ojos y viera que todo no fue más que "una conspiración".

Sabía la mayoría de la Cámara -Alta y Honorable, según denominaciones de práctica jamás desmentidas- que sería sólo por algo más de una semana que crecería la indignación de la gente, aturdida por agentes del "complot anti-Senado". A la población se la engañó con pueriles argumentos para que rechazara la imprescindible actualización de las partidas solidarias. Los personeros del mal abusaron de absurdos recursos, como la invitación a comparar la suba de los subsidios (de apenas el 140 % en 2007) con la multiplicación de los panes en sus bolsillos.

Los senadores entendieron que sobre la modesta cuestión subsidiaria -como sobre todas las causas justas- el reloj de la historia corre a su favor... Y que la cuestión iría enfriándose. Licuándose entre otros problemas que llegan a reclamar la atención que había quedado vacante (tanto como estuvieron a punto de quedar los fondos ahorrados en el Senado).

Es cierto: a quince días de un jueves memorable para la calidad institucional y la Cámara de Senadores, el mal llamado "subsidiazo" ha ido quedando debajo de otros asuntos.

Cabe el elogio: correcta e inteligente ha sido la estrategia llevada adelante por el admirable consenso de justicialistas y radicales que superaron diferencias partidarias para enarbolar la bandera de los 20 mil pesos. Hicieron bien en tratar el asunto después de los comicios, porque en tiempos preelectorales suele haber diferencias entre oficialismo y oposición, que hubieran podido hacer naufragar el magno proyecto, que luego fue tergiversado por los malvados conspiradores para montar una "campaña de desprestigio".