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"El mono heladero" y su repercusión en la escuela

Acaba de publicarse, en edición de autor y con la colaboración de la Fundación Nuevo Banco de Santa Fe, "El mono heladero", de Ismael Carlos Costa, autor santafesino, empleado del Nuevo Banco de Santa Fe, en el Departamento de Comercio Exterior.

Subtitulado "Un cuento muy fresco", se trata de una historia protagonizada por Monopatín, un monito "célebre, escurridizo, veloz y movedizo". En la escuela su maestra, la lechuza Susú, le explicó que aquello muy blanco y brillante que estaba en lo más alto de una montaña lejana se trataba de nieve o hielo. "¿Hielo? ¿Nieve? ¿Alturas? ¿Congelarse? ¿Bajas temperaturas?". El monito decidió ir a conocer personalmente esos fenómenos desconocidos en las tierras cálidas que habitaba.

Y así, el animal conocerá el hielo, y después la ciudad, y en la ciudad los ricos helados y la manera de hacerlos. De regreso a su aldea propondrá fabricar helados, y los problemas son tantos que resultarían imposibles si una agrupación cooperativa de animales no aunara esfuerzos para lograr el cometido.

Se trata pues de un cuento con una estimulante moraleja. El propio autor especifica en el prólogo: "En él mezclé: didáctica, economía, familia, la libertad en aventuras, trabajo en equipo y metas a alcanzar sin esperar a la varita mágica. Además, con su moraleja".

Y agrega: "Los niños escuchan y retienen cada palabra del cuento, sueñan con ser cada uno de los protagonistas. Comprenden la diferencia entre el bien y el mal e intentarán más adelante acercarse a lo bueno del final".

Y así es el efecto, tal como nos cuentan las docentes de 7° A y B de la Escuela N° 76 Camila Cáceres de Ballarini, Mónica Sussmann y Patricia M. de Onetto, que nos hicieron llegar una serie de cuentos de sus alumnos, reescritos a partir de la lectura de "El mono heladero".

"Este cuento -escriben las maestras- tuvo gran repercusión en la institución educativa, pues deja una moraleja muy importante: `El esfuerzo sirve, si se sirve de él honestamente"'.

De esos cuentos transcribimos a continuación una de las reescrituras, a cargo de Viviana Dejón, Yoana Pérez y Celeste Díaz.

Había una vez en África...

Vivían muchas clases de animales, entre ellos un mono llamado Monopatín. Había ido a la escuela, cuando miró a lo lejos de la montaña y le preguntó a la maestra: -Susú: ¿qué se sentía allá en la montaña?... -Hace mucho frío, la temperatura es bajo cero.

El monito quedó pensante y cuando volvió de la escuela le pidió a su familia que lo dejara ir a su aventura. Los padres le prohibieron ir hacia las montañas. El monito se escapó; fue en busca del frío porque nunca lo había sentido. Ya estaba cerca, muy cerca. Al atardecer llegó al pie de la montaña, trepó, empezó a sentir el frío. Un bloque de hielo cayó encima de él. Tocó el hielo, eso era lo que le dijo la maestra. Rompió un pedazo, se lo guardó en la bolsa, empezó a bajar. Sintió el calor. El mono gritó: -íMi hielo! íMi hielo! íLo perdí! -dijo-, la maestra me lo había dicho... Extrañaba a su mamá, a su hermana, pero a su papá no. Un animal dijo: -íLlegó! íllegó!, íno se lo comió ningún animal feroz! Su mamá y hermana salieron a darle un beso en la frente. Su papá lo miraba, lo miraba fijamente: -Después hablamos.

Luego de una semana habló con su papá: -Espero que hayas visto lo que buscabas. Monopatín entendiendo a su padre y ya sabiendo lo que era el frío dijo: -No lo volveré a hacer. Pero...

El monito llegando a las vías del tren se trepó sobre uno de los vagones, se dirigía hacia la ciudad; Monopatín bajó del tren asombrado por todas las personas. Monopatín se trepó a un árbol, mirando hacia abajo vio a un señor gritando: -íVendo helados! Sabor manzana, banana. Monopatín dijo: -íMmmm! íBanana! y... estrechó su mano hacia abajo, metiéndola en el carrito del señor. Tomó un helado. El señor dijo: -íVen aquí! íTe voy a convertir en asado! Como los monos son muy hábiles, desapareció de la vista del vendedor, desenvolvió el helado, lo chupó, dijo: -íQué rico! íExcelente! Ya que los gustos eran de manzana y de banana, las frutas que él comía. Llegó a su casa, gritó: -íComí helado! El papá dijo: -Yuuuu... El vagonero dijo: -Lo encontré muy cerca de las vías del tren. El papá contestó: -Mejor que hayas comido mucho helado porque ahora la cola la vas a tener calentita, y le dio una paliza. La mamá dijo: -Creo que fuiste muy cruel con él.

A Monopatín se le ocurrió otra idea: convocó a todos los animales y formó una cooperativa. íChicos vamos a hacer helados! Monopatín, Susú, mamá y todos los animales comenzaron a hacer el helado. Las abejas trajeron la miel, los animales hábiles para trepar en los árboles se encargaron de traer las frutas. Los elefantes viajaron hacia las montañas para traer bloques de hielo... Ya todo preparado sólo faltaba el hielo que traían los elefantes. Demoraron tres días, por fin llegaron... pudieron terminar el helado. Sirvieron una porción a cada animal, todos comieron hasta reventar. Los animales agradecieron a Monopatín su idea y Monopatín dijo: -No, si el esfuerzo lo hicieron ustedes, porque el esfuerzo sirve, si el quién se sirve, se sirve de él honestamente.

De la Redacción de El Litoral