Que la población infantil y adolescente está en riesgo, según lo diga tal o cual ONG más o menos reconocida o algún organismo de gobierno, ya no sorprende a nadie. Sin embargo, hay funcionarios que rebaten las cifras y minimizan el problema.
Pero la realidad arrasa y todos los días una historia de chicos aporta al desaliento generalizado, y nos enfrenta al sin sentido del menosprecio por la vida y la dignidad de las personas que salen al mundo.
El último domingo, un chico de 15 años murió de un tiro en el populoso barrio de Alto Verde. Esa misma noche una nena de 9 años y un chico de 12 recibieron perdigonadas de escopeta en sus piernas, mientras festejaban un cumpleaños, en el barrio Chaqueño. El ejecutor del disparo era otro de 14 años, enojado porque no lo dejaron pasar.
También este martes se conoció la sentencia a 5 años de prisión, para un hombre de 41 años, por "abuso sexual gravemente ultrajante". Una vez más las víctimas fueron tres nenas de 10, 11 y 13 años de barrio Centenario, a las que les llevará más tiempo olvidar lo ocurrido que a su agresor recuperar la libertad.
Ayer, desde el Hospital de Niños Orlando Alassia alertaron con preocupación que en 20 meses 14 chicos murieron en la guardia por accidentes de tránsito. La estadística difundida por la filial local de la Sociedad Argentina de Pediatría reveló que este año murieron cuatro chicos en el hospital, mientras que en la Argentina llegan a 1.200 los menores de 15 años que fallecen por año por la misma causa.
Si a todos estos datos reales de chicos victimizados en Santa Fe se le suman los tres adolescentes de 14, 15 y 18 años, fallecidos este mes en Rosario por aspirar pegamento, caeremos en la cuenta del desinterés general por la salud e integridad de la población infantil.
Ahora, �son los chicos los que compran las armas, conducen los autos y distribuyen el pegamento en el mercado, o acaso los mayores tienen algo de responsabilidad? Alguien deberá hacerse cargo de las respuestas.