La reciente postulación de la opera prima de Lucía Puenzo, "XXY", como representante argentina para la competencia por el máximo premio de la industria hollywoodense, el Oscar, y para los españoles Goya, se brinda como punto de partida para pensar en el estado actual de la cinematografía nacional. No son pocos los que advierten como altamente positivo el camino iniciado hacia fines de la década del 90 hasta nuestros días, en el marco de un campo que se ha ampliado y diversificado en términos cuantitativos, estéticos, temáticos y genéricos. No obstante es factible reflexionar en torno a contradicciones, desafíos y tendencias que atraviesan los sistemas de producción independiente y comercial. Y lo que resulta aún más interesante, tratar de reconocer el vínculo que se construye entre realizadores y espectadores, quienes en definitiva son -o debieran ser- los principales protagonistas.
En busca de respuestas, El Litoral dialogó vía e-mail con Raúl Horacio Campodónico, docente de la Universidad de Buenos Aires y titular de la cátedra Historia del Cine en el Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales de Santa Fe. En sus respuestas, el investigador plantea una mirada conceptual y crítica sobre la realidad del cine made in Argentina.
-�Continúa siendo válida la denominación "Nuevo Cine Argentino" para definir obras como "XXY", "Nacido y criado" ó "El otro"? �Qué sentido adquiere hoy por hoy el adjetivo "nuevo"?
-Creo que la instrumentalización del adjetivo "nuevo" por parte de la crítica cinematográfica local ha logrado erigir una extraña tradición. Desde la década del '60 viene adjudicándosele el calificativo de "nuevo" a cuanto fenómeno cinematográfico local irrumpe en las pantallas, desentendiéndose si esas nuevas generaciones recomponen el sistemático desencuentro que gran parte de nuestro cine mantiene con el público. Más que una categoría que dé cuenta de un fenómeno que haya consolidado su presencia y un fluido diálogo con los espectadores, creo que se la utiliza como disparadora de un lanzamiento. Aún así, es de esperar que estas nuevas camadas alcancen una sólida inscripción local e internacional.
-Filmes como "Pizza, birra y faso", "El bonaerense", "Un oso rojo"... constituyen un punto significativo al abordar la marginalidad, la exclusión social o historias de vida. Hoy en día, �qué temáticas y qué estéticas encuentra como sobresalientes? �Qué cambios reconoce en ese sentido desde principios de los 90 a hoy?
-Resulta significativo que esos títulos operen argumentalmente sobre las temáticas que lindan con el género policial. En esa serie de filmes es posible detectar el deslizamiento que se opera desde la producción independiente hacia el filme que cuenta con una mayor producción y, por ende, con mayores requerimientos de tipo industrial. El caso de los últimos títulos de Adrián Caetano es más que singular, dado el trabajo de intertextualidad genérica que despliega. Por ejemplo, el preciso diálogo que establece desde "Un oso rojo" (2002) con el western. Algo similar es detectable en "Crónica de una fuga" (2006), aunque con resultados más erráticos. Es decir, lentamente se está retornando a un sendero largamente olvidado por la cinematografía argentina: la vuelta al cine de género. Creo que el riguroso trabajo desarrollado por Fabián Bielinsky, lamentablemente fallecido en plena actividad, en "Nueve reinas" (2000) y en "El aura" (2006) da la pauta en torno al policial, en tanto que los aciertos comerciales de Juan José Campanella ("El mismo amor, la misma lluvia", 1999; "El hijo de la novia", 2001; y "Luna de Avellaneda", 2004) lograron instalar con eficacia, y desde una astuta inscripción contextual -aclara-, los lineamientos melodramáticos de estas historias de reconstrucción individual, familiar o comunitaria. Es decir, una línea argumental patrón reordenada a tono del nuevo escenario social, narrada eficazmente y con una propuesta de recomposición argumental de tipo institucional. Me refiero a la evaluación de los resultados para con el público, lo que no implica acordar con las propuestas de este director.
Juan Taratuto, por su parte, parece haber hallado en la comedia romántica un vehículo eficaz. La respuesta del público a "No sos vos, soy yo" (2004) y "�Quién dice que es fácil?" (2007) parece estar confirmándolo. En el cruce del policial y la comedia, "Tiempo de valientes" (2005) de Damián Szifrón, ha dado en la tecla. Estas producciones de gran presupuesto apuestan a lo seguro, que en cine es sinónimo de géneros tradicionales, es decir, fábulas tranquilizadoras.
Desde la óptica de Campodónico, es necesario aclarar "para evitar lecturas triunfalistas, que esos filmes son excepciones respecto del resto de nuestra producción, que difícilmente alcanza a cubrir la media de espectadores. Aquí intervienen factores que no necesariamente dependen de la destreza narrativa del equipo de realización, sino en gran medida de las condiciones de producción y lanzamiento del filme. Creo que aquellas películas que cuentan con el apoyo multimediático de alguno de los conglomerados informativos, tienen a su favor una mejor llegada al público potencial. Un caso paradigmático es la masiva respuesta a `Bañeros III' -ejemplifica-, hecho que obliga a pensar detenidamente sobre el alto grado de incidencia que posee el espectáculo televisivo sobre el público".
-�Qué rol cumplen los festivales y los premios para el desarrollo comercial del cine argentino, y cómo se relacionan con la aceptación o el rechazo del público?
-Creo que los festivales y los premios operan positivamente en la apertura de distintos mercados y, por ello, en la potencial ampliación de públicos internacionales. Localmente, tengo mis dudas al respecto de que los premios puedan llegar a acrecentar la concurrencia de los espectadores. Algunos filmes premiados parecen estar construidos contemplando, a veces con exclusividad, los gustos o las modas temáticas dominantes en distintos circuitos internacionales, olvidándose del público local. Quizás se trate de filmes que intentan ser amortizados a través de su distribución internacional, aspiración que no sé si realmente alcanza a concretarse.
MARÍA LUISA LELLI