El culebrón sindical

El novelón sindical ofreció otro capítulo, aunque con escenas repetidas que a esta altura pueden tornarlo aburrido.

Luis Barrionuevo y sus seguidores sacaron a la luz un pronunciamiento en el que atacaron duramente al jefe de la CGT, Hugo Moyano, pero guardaron para más adelante su reclamo público de alejamiento del dirigente camionero.

Así, retomó fuerza la idea inicial de los "Gordos" y de algunos ex menemistas, como Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (Uocra), que proponen dejar el cambio para mediados del año entrante, cuando termina el mandato de Moyano.

De todas maneras, no descartan retomar la intentona si consiguen aire suficiente después del 28 de octubre, tras un eventual triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones.

Para quienes recuerdan la historia sindical de al menos los últimos 20 años, no es extraño el arranque secesionista de Barrionuevo.

A mediados de los '80 integró la brigada de sindicatos ortodoxos que formaron el "Grupo de los 15" y se asociaron al gobierno de Raúl Alfonsín, en el que el lucifuercista Carlos Alderete fue ministro de Trabajo, después de Mucci, Casella y Barrionuevo.

A fines de esa década el gastronómico fue carne y uña con el entonces presidente Carlos Menem y juntos derrocaron a Saúl Ubaldini, formando una CGT paralela en la que se encolumnaron varios de los sindicatos más poderosos, que apoyaron el plan económico y las privatizaciones.

Jorge Triaca y Enrique Rodríguez fueron ministros de Trabajo negociados por el sindicalismo, que además ocupó varios puestos clave, sobre todo los relacionados con las cajas de las obras sociales.

Luego, en 1999, Barrionuevo no trepidó en arrimarse a la Alianza, y lo mismo ocurrió cuando Eduardo Duhalde asumió la primera magistratura en un país en llamas. En la administración duhaldista, su esposa, Graciela Camaño, fue titular de la cartera laboral.

Tras semejante performance, es justo preguntarse si en esta ocasión también podría haber pergeñado alguna sociedad con el oficialismo. Además, como un calco de lo ocurrido en anteriores oportunidades, sus acciones dejan o pretenden dejar un tendal de heridos y son funcionales al siempre efectivo principio del poder que dice "divide y reinarás".

Por lo pronto, Barrionuevo ya tuvo una cuota de satisfacción con la ubicación de su esposa en la lista oficialista de candidatos a diputados nacionales y de otros dos dirigentes en sendas nóminas.

La movida de Barrionuevo responde además a un sentimiento íntimo que tendría la primera dama, cual sería su preferencia por dirigentes de perfil distinto al de Moyano.

El ataque del dirigente gastronómico mostró algunas particularidades en la pizarra sindical, entre las que se destaca la adhesión al grupo del gastronómico del titular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), Roberto Fernández.

Pero la decisión de Fernández no es compartida por varios de los dirigentes de ese poderoso sindicato, que hasta el retiro de Juan Manuel Palacios fue columna vertebral del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) -con Moyano- y de la CGT.

Entonces, la UTA atravesaría hoy un fuerte debate interno en el que, fundamentalmente, se cuestiona el pase supuestamente inconsulto y el papel deslucido que tendría la organización, opacada por el rol de Barrionuevo.

En tanto, los Moyano -Hugo y su hijo Pablo- respondieron a las críticas de sus detractores. El padre dijo que no pasa nada, que sigue siendo tan ultraoficialista como siempre y que con la candidata presidencial sostiene una larga y muy buena relación.

En tanto, su heredero fustigó a quienes cuestionan el avance de los camioneros sobre otros sindicatos y la diferencia salarial con las demás organizaciones: "Pretenden igualar para abajo", afirmó Moyano hijo.

Pero, como ya se dijo, los dislates de la interna sindical se están tornando rutinarios y pueden distraer la atención de otras cuestiones centrales a las que la futura administración debe dar respuesta.

Por un lado, habrá una nueva embestida por salarios, pero con el conflictivo aderezo de una inflación puesta en duda cada vez más.

El problema de los accidentes de trabajo sigue en un limbo, pues todavía espera turno la nueva norma que regule esa cuestión y persisten las discrepancias entre los empresarios y los gremios.

Trabajo en negro, trabajo infantil, pobreza e indigencia siempre son prioridades. Los números de la marginalidad siguen mostrando toda su crudeza y están en el terreno de la fantasía las cifras que, según la estadística, se requieren para salir de la pobreza o la indigencia.

�Quién puede sobrevivir con 445 pesos, o vivir un poco más cómodo que los caídos del mapa, con 952?

La incógnita también se instala en el Ministerio de Trabajo. El actual ministro seguramente entrará a la Cámara de Diputados. Pero, �le pedirán que siga en su puesto? �Quedará en su lugar la viceministra Noemí Rial?

En caso de que ninguno de los dos sea el elegido, no se descarta que la eventual presidenta apele a otra figura que tendría íntima vinculación con el ámbito gremial y contaría con su confianza casi absoluta.

El abordaje de estos temas por parte del futuro gobierno es imprescindible, y si la candidata oficialista es consagrada jefa de Estado la tarea podría verse facilitada por el hecho de que ya conoce las herramientas con las que cuenta la administración para tamaña tarea. Como siempre -ni más ni menos- se requiere una fuerte decisión política. Pero por estos días en el mundo laboral la audiencia debe conformarse con los recurrentes episodios del interminable culebrón sindical.

Luis Tarullo (DyN)