Eduardo Luis Fracchia (*)
Hace cinco años se planteaba, desde ámbitos como el Plan Fénix, un nuevo "sinceramiento" de la economía, cuando la convertibilidad agonizante era el pensamiento único de la ortodoxia. Los economistas comprometidos con un modelo que se acercaba a su final veían difícil salir del túnel mental a pesar de múltiples recomendaciones internacionales para barajar y dar de nuevo en lo que se refiere a precios relativos razonables, asumiendo el costo de la inflación inicial por la devaluación improvisada.
Desde hace tres años, los analistas económicos están debatiendo las causas de la inflación que sorpresivamente ha vuelto a tomar protagonismo en la coyuntura y que amenaza por primera vez con seriedad a la buena marcha del modelo productivo.
Un 20 por ciento de aumento es un número importante y cada vez más absurda la diferencia con el 10 por ciento oficial. Es toda una cuestión cómo medir la inflación real en medio de las desprolijidades en la confección del índice más polémico de la Argentina.
Se puede pensar en la recaudación del impuesto al valor agregado que tiene dentro además del efecto genuino de aumento de efectividad recaudatoria y del crecimiento, la inflación. Por otra parte, es un buen aproximador de la inflación el índice de precios del interior.
En lo que ser refiere a la medición a través de otros indicadores como mayoristas o construcción, obviamente hay problemas. Finalmente, se podría considerar el índice de precios implícitos en el cálculo del Producto Bruto Interno.
Está claro que la inflación es, en parte, un subproducto natural de la estructura interna del modelo de dólar alto y del crecimiento vigoroso sin que la oferta acompañe a ese mismo ritmo. El esquema de tipo de cambio competitivo responde al núcleo duro del pensamiento de los ideólogos del modelo productivo. Es afín al pensamiento de la Unión Industria Argentina, quien tiene la paternidad intelectual del modelo K.
Las causas que explican la inflación de 2005 a 2007 están asociadas, en gran medida, al excesivo gasto público para una economía que está cebando su demanda agregada. Este proceso de incremento en los gastos del Estado ya se había iniciado en 2004 y en el segundo semestre de 2005 se habría acelerado por el efecto de las elecciones.
Para el gobierno comenzaron a tener un peso mayor las razones de aumento de precios que están asociadas a configuraciones sectoriales que influyen en la formación de precios propia de oligopolios. Estos impuestos tienen el efecto de contención de precios. Se traducen en bienes más baratos que integran la canasta alimenticia.
El control de precios que el gobierno ha impulsado y cuyo último ejemplo y más firme es el caso de la carne vacuna tiene el riesgo de que el Poder Ejecutivo intervenga con mayor intensidad sobre el mapa de precios agropecuarios modificando porcentajes de retenciones o incorporando nuevos bienes al conjunto de productos gravados.
El crecimiento intenso de la actividad económica, sin una inversión que acompañe a ese ritmo, deja a la oferta más rezagada. Es este otro factor que actúa en contra de la estabilidad. Para los empresarios es uno de los más relevantes. No es una variable que se pueda modificar en el corto plazo y depende mucho de incentivos claros y de un marco institucional propicio.
En definitiva, después de este breve repaso que no cubre todos los aspectos que impulsan la inflación, a modo de reflexión operativa surge que para que se pueda contener la inflación, la prioridad debería estar, siguiendo el ejemplo brasileño, en un aumento de las tasas de interés y en la moderación del crecimiento del gasto público.
Se podría alcanzar, así, un régimen inflacionario quizás todavía lejano al internacional, pero por lo menos de un dígito. No parece que este modelo haya encontrado en la inflación un obstáculo de gravedad después de años exitosos de reactivación.
Todavía estamos a tiempo. El desafío está en poder combatirla desde la misma lógica de un modelo que ha probado ser funcional �Será posible que estas políticas de corte no populista las encare Cristina K?
(*) Director del Área de Economía del IAE - Universidad Austral.