Al margen de la crónica
"Nativos digitales" y la escuela

Los estudiantes bonaerenses no podrán utilizar más sus reproductores de MP3 y MP4 en las escuelas de la provincia de Buenos Aires, si prospera una iniciativa parlamentaria que será debatida en los próximos días.

El proyecto fue presentado por la diputada Mirtha Calmels (UCR), quien fundamentó la prohibición de estos elementos en horarios de clase por su "uso abusivo". Y explicó que "permitir que los alumnos concurran a clase con este tipo de tecnología no aporta ningún beneficio y sí crea malos hábitos", al tiempo que recordó que, en la actualidad, existen MP4 que permiten cargar -además de música- textos, pudiendo convertirse en machetes de última generación.

El mismo debate se dio tiempo atrás con los celulares. Salvo excepciones, la mayoría de los colegios santafesinos optó por permitir que los alumnos los lleven a la escuela, con la condición de que los apaguen durante las clases. Casi ninguna institución educativa prohibió el ingreso de los teléfonos móviles, debido a que se convirtieron en un elemento fundamental de la organización familiar y la seguridad de los chicos.

Se hace imprescindible, en todo caso, dar otra discusión, más de carácter educativo y pedagógico, sobre cómo aprovechar el uso de las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en las escuelas, dado que en la actualidad asistimos a la extensión de su uso por la variada oferta y a precios cada vez más accesibles.

Hasta ahora, la actitud de la institución escolar ha sido más bien defensiva respecto de las TICs. Muchos docentes argumentan que su uso no incentiva la creatividad y que con copiar y pegar no se avanza o no se beneficia a la lectoescritura, entre otros aspectos nocivos.

Sin embargo, hay un hecho cierto: día a día, el universo tecnológico modifica nuestras formas de acceder a conocimientos, de ver el mundo, de comunicarnos. Ya se habla de una generación de "nativos digitales" que está entre nosotros, sentada en esos viejos pupitres de madera y escribiendo con tiza en los pizarrones. �Hasta cuándo negarla?