Salud
El enfermo imaginario
Hipocondría. Salud, dinero y amor, dice el refrán. Pero la salud ante todo, porque sin ella lo demás deja de tener importancia. Estar enfermo es malo pero inventar la enfermedad es peor y puede llegar a convertirse en obsesión. textos de Isabel Martínez Pita.

Ya Moliere escribió una magnífica sátira en "El enfermo imaginario", en torno a un hipocondríaco que teme la intervención de los médicos. Pero como si hubiese sido una premonición, pocos días después del estreno, en plena representación, Moliere se sintió indispuesto y murió al cabo de unas horas, el 17 de febrero de 1673.

Si bien el cuidado de nuestro cuerpo y la preocupación por nuestra salud son actitudes que se deben mantener para vivir de una forma saludable y ayuda a prevenir enfermedades, la obsesión por la salud puede provocar un malestar continuo que no solo perjudica al propio sujeto sino también a las personas que les rodea.

La necesidad de llamar la atención

El problema de la hipocondría puede llegar a ser severo y derivar en un problema psicológico. La hipocondría puede surgir en un periodo de crisis o depresión, aunque si persiste en el tiempo (más de seis meses) es aconsejable recurrir a la terapia de un psicólogo especializado.

Estados de soledad, depresión, estrés o ansiedad en el que la persona se siente incapaz de manejar la situación, provocan una necesidad imperiosa de llamar la atención de los demás, para -de esta forma- sentir que no está solo y, al fin y al cabo, poder disfrazar lo que en el fondo es falta de autoestima y motivación.

El miedo al dolor y la muerte se acrecientan hasta llegar a sentir pavor frente a lo desconocido. Pero, paradójicamente, con esta actitud que mantiene el hipocondríaco lo que realmente está haciendo es someterse a esa experiencia de la enfermedad sin ni siquiera tenerla.

Otras veces es la expresión de las personas que se refugian en una enfermedad para eludir responsabilidades, evitar o aplazar la toma de decisiones, incluso puede llegar a ser una forma de chantaje para que la persona que tiene a su lado sienta compasión hacia él y no la abandone.

Generalmente, el hipocondríaco tiene como único tema de conversación el de las enfermedades y los síntomas. Suelen leer todo lo que tienen a mano para conocerlas a fondo. A medida que se informan de cada uno de los síntomas, el aspecto de un grano o protuberancia, sensaciones más sutiles como ardor de estómago, arritmias, sequedad en la boca terminan por identificarlos en su propio cuerpo.

Obsesión por la dieta y la limpieza

El problema de la hipocondría no es solo para la persona que lo padece sino que también se extiende a las personas que le rodean. Preocupados exclusivamente por su cuerpo, centran el interés de su vida por su propio cuidado, ya sea alimenticio o de limpieza, la suya propia y la de su alrededor. Su dieta es estricta y seguirán las pautas que aparecen en revistas especializadas o no para combinar de la mejor manera posible calorías, hidratos o vitaminas. Algunos siguen con celo las recomendaciones dadas por la farmacopea naturista acerca de aportaciones añadidas en forma de píldoras. Son excesivamente pulcros y exigirán que los de su alrededor también lo sean.

Cansarán a los demás con sus constantes problemas y dolores, y las visitas al médico serán frecuentes, lo que supone para muchas familias un problema económico añadido. Cada vez que acuden al galeno se quedan tranquilos tras la visita, pero esta tranquilidad es breve, pues al poco tiempo volverán a angustiarse con otro tipo de sensaciones dolorosas.