En el barrio existe una gran veneración popular
Crece en La Nueva Tablada la devoción por el Gauchito Gil
Osmar Martínez y su familia veneran al Gauchito Gil en un ermita que él construyó. Foto: Eduardo Salva. 

Hace más de dos años la relocalización de familias inundadas dio origen al barrio La Nueva Tablada. En el lugar, actualmente pueden observarse las ganas de superación personal que tienen los vecinos y también una gran inclinación hacia un "santo profano": el Gauchito Gil.

Mónica Ritacca

El 6 de mayo de 2005 fueron inauguradas en el noroeste de la ciudad 65 viviendas. El 15 de octubre de ese mismo año, la habilitación de 35 unidades más completó el objetivo propuesto: la relocalización de 100 familias afectadas por la catástrofe hídrica de 2003, provenientes, en su mayoría, de La Tablada. Emplazado sobre la avenida Teniente Loza a la altura del 6900, el barrio fue bautizado como La Nueva Tablada. Desde entonces, quienes viven allí aúnan esfuerzos para superarse día a día y mantienen viva su devoción en el Gauchito Gil.

En la recorrida realizada por El Litoral, pudieron observarse notables cambios respecto del día en que se inauguraron las viviendas: muchas familias ampliaron sus dimensiones, las pintaron o las remodelaron en su interior para que sean más cómodas.

Los vecinos indicaron estar conformes con el lugar donde viven, aunque es muy diferente al que habitaban anteriormente ya que "estaba muy cercano al río y no había ruido de camiones ni autos". De todas maneras, remarcaron que podrían estar "mucho mejor" si la Municipalidad mejorara el estado de las calles o pusiera iluminación.

"La gente de la Nueva Tablada quiere superarse y apunta a eso. Usted está viendo cómo hay materiales de construcción en muchas casas que son para agrandar las dimensiones", señaló un vecino. Y agregó: "Pero, lamentablemente estamos abandonados en cuanto a beneficios que tendrían que venir desde el Estado".

La vivienda de Juan, paralela a Teniente Loza, llama la atención porque, a diferencia de las demás, su fachada está revestida de cerámicos. Consultado, el hombre destacó que pudo hacerle mejoras "con mucho sacrificio" porque quiere dejarle algo seguro a su único hijo.

"Mi casa, originariamente, era de cuatro metros por seis. Hasta que de a poco la fui agrandando para el fondo y le hice dos piezas, un antebaño, un baño y le refaccioné la mesada de la cocina porque era de cemento", contó, señalando seguidamente que, entre otras cosas, aún le restan por hacer el piso del comedor y de la cocina y unos detalles de pintura.

Una devoción que une

Las reformas que hicieron muchos vecinos en sus viviendas son notables. Pero también lo es la gran devoción que hay en el lugar por un "santo" popular: el Gauchito Gil.

Durante la recorrida, fueron dos las hornacinas y una la ermita que pudieron observarse con la imagen del gaucho correntino. Esta última fue construida por Osmar Martínez, un vecino de 42 años que vive en La Nueva Tablada junto a su mujer y sus hijos, en la entrada de su domicilio.

"La del Gauchito es una creencia que tenemos. Y a él le rezamos cada vez que nos surge alguna necesidad o simplemente para saludarlo", dijo. Para el hombre, la hizo en la entrada de su casa, ya que el gaucho "debe estar en el camino", es un oratorio al que todos los vecinos se acercan para contemplar o para dejar banderas o cintas rojas y distintos objetos, como pueden ser estatuas con su imagen.

"La gente que le hace una promesa al Gauchito Gil le deja una bandera. Generalmente, esas promesas son por enfermedad, estudios o cuando las cosas andan mal", explicó Osmar. Y agregó: "A mí, siempre me cumplió lo que le pedí y por eso le hice un oratorio".

Amalia, una de las vecinas que tiene la hornacina en su vivienda, narró que cuando llegó al barrio "destinarle un lugar" al santo popular fue lo primero que hizo porque transmite algo muy especial a quienes creen en él.

Resta decir que la devoción generalizada al Gauchito Gil tiene una explicación. Y fue Juan quien la dio: "La mayoría de las familias que habitó La Tablada, y que luego fue reubicada acá, vino de provincias del norte donde el Gauchito Gil es una creencia muy arraigada. Entonces, la mantiene viva y la difunde al resto de los vecinos".

�Quién fue?

Cuenta la leyenda popular que el Gaucho Gil fue una persona humilde, peón de estancia, llamado Antonio Mamerto Gil Núñez. Nacido en la localidad de Mercedes, provincia de Corrientes, vivió a mediados del siglo XIX.

Se cree que fue su condición humilde la que lo hizo topar con personas inescrupulosas que le ordenaron enrolarse a un ejército bajo amenazas. Pero como Gil ya había luchado en la guerra con el Paraguay, no quiso pelear porque le dolía hacerlo entre hermanos.

Se cuenta que una noche, mientras dormía, había tenido un sueño con el dios guaraní Ñandeyará, donde éste le indicaba que huyera para no derramar la sangre de sus hermanos. Y así lo hizo.

Pero fue por su accionar que las milicias comenzaron a perseguirlo y murió asesinado. El suceso conmocionó tanto a los pobladores que, poco a poco, se fueron acercando y comenzaron a pedirle y a agradecerle favores adornando su tumba con cañas de tacuara y banderas rojas. Desde entonces, el "santo popular" se fue consolidando y su creencia, extendiéndose a lo largo del país.