Un desafío para la arquitectura
Por Arq. César Bruschini (*)

Las humedades en la construcción deben ser, sin ninguna duda, la patología más reincidente que nos toca ver en nuestro generalizado sistema de construcción tradicional. Aquí vale hacer la primera aclaración: la construcción tradicional se basa en el ladrillo (elemento utilizado en cimientos, paredes, canteros, cubiertas, etc. todas superficies en contacto directo con agua o humedades ascendentes del suelo por ejemplo). Este noble y generalizado material de la construcción es poroso, cualidad ésta que si no es debidamente tratada (impermeabilizaciones, barreras, aislaciones, etc.) deviene en defecto. Esto no significa que la causa de todos los males que hablamos sea el generalizado ladrillo, ya que existen innumerables ejemplos de obras que han resistido muy dignamente el paso del tiempo (también tengamos en cuenta que las construcciones no son eternas y que obviamente poseen una vida útil en función del mantenimiento y el uso que se le dé.

En lo que respecta a la actividad específicamente profesional o en la formación de grado, es tan importante conocer y exigir estas propiedades específicas de los materiales que intervienen en un proceso constructivo (ya que no sólo hablamos del ladrillo sino también de H° A°, acero, vidrios, plásticos) como conocer las características climatológicas, geográficas y ambientales del lugar de emplazamiento, conceptos que se desarrollan en lo que se da por llamar como Arquitectura Bioclimática.

Por otro lado, para la Arquitectura Bioclimática la peor hipótesis a resolver la plantean los climas cálidos (tropicales o subtropicales) y con alto tenor de humedad: la norma IRAM N° 11603 que establece una clasificación y zonificación bioambiental para la República Argentina, define para Santa Fe (y una franja vertical paralela al río Paraná desde la ciudad de Corrientes) como subzona IIb, y en este marco en el que nos tocan las condiciones que hablamos más arriba, lejos de mejorar, se agravan. Por eso es necesario analizar, evaluar y exigir, también bajo esta óptica, las soluciones a adoptar dentro de la cada vez más amplia gama de productos que se ofrecen, muchos de los cuales no poseen probada eficiencia para resolverlos.

Obviamente, creo que el tema macro que se plantea da para desarrollos más particularizados como por ejemplo: mantenimiento y vida útil de los edificios, hongos en materiales constructivos, condensaciones por falta o escasez de ventilaciones, aislaciones hidráulicas, nuevas técnicas o materiales impermeabilizantes, vicios en el proyecto o la construcción y control de calidad de los materiales intervinientes.

(*) Profesor del Área de Tecnología FADU (UNL) e Investigador del Instituto Regional de Estudios del Hábitat (IREH) - FADU (UNL).