La ciudad pide acciones

A poco más de un mes de asumir su cargo, el intendente electo de esta ciudad dio a conocer los nombres de quienes integrarán su equipo de trabajo y los principales lineamientos de su futura gestión. En el nuevo diseño aparece un notable protagonismo en áreas como Educación, Salud y Seguridad, temas que hasta ahora parecían reservados únicamente a la órbita provincial pero que tienen un fuerte impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Sin embargo -como decíamos-, aún resta más de un mes para que se concrete el traspaso de las actuales autoridades a las próximas, y la administración local parece haberse retirado en forma anticipada del escenario urbano, luego de la activa presencia que registró en el período previo a los comicios del pasado setiembre, en el que finalmente fue derrotada.

Así es que hoy se observa una ciudad con crecientes falencias en temas clave como el estado de las calles y los desagües, el tránsito y el transporte, la basura y los espacios públicos, tal cual puntualizó este diario en una reciente edición.

Si bien es cierto que se invirtieron fondos millonarios de distintas jurisdicciones -nacional, provincial y municipal- en el mejoramiento de la infraestructura y se pusieron en marcha trabajos públicos de notorio impacto, no todos los resultados aparecen a la vista. Así es como los baches siguen ocupando la atención de los conductores que circulan por arterias y avenidas céntricas, y el estado general de las calles sigue siendo serio motivo de preocupación en los barrios más alejados.

También sigue postergada la conclusión de trabajos que fueron iniciados hace ya largo tiempo y cuya demora ocasiona no pocos inconvenientes a vecinos, comerciantes y transeúntes. Una vez más, los problemas se identifican tanto en el centro como en los barrios: el enojo verbalizado por quienes viven en inmediaciones de la aún inconclusa obra de San Martín Sur fue simultáneo con el de los pobladores de un sector de San Roque, quienes todavía esperan ver finalizado, a más de un año de su inicio, el cordón cuneta.

No obstante, más allá de estas situaciones puntuales y de cuestiones de fondo que aún restan resolver -como una red de desagües adecuada, que evite la zozobra que se produce con cada lluvia-, preocupa también la forma en que esa falta de protagonismo en la gestión impacta en el comportamiento de los propios gobernados y habilita un interrogante: si la misma anomia que parece atravesar este último trecho de gestión se traduce en una apatía general y en un marcado desinterés, por parte de la ciudadanía, de cumplir normas elementales.

Podría decirse que la ciudad atraviesa un período de inercia, en que el cumplimiento de las reglas se relaja, la puesta en marcha de nuevos proyectos se posterga y los problemas se profundizan.

Además de poner en práctica sus propios objetivos y propuestas, la próxima gestión deberá remontar estas situaciones de arrastre. De modo que, junto al desafío de generar con urgencia proyectos que permitan mitigar -al menos- el drama de la exclusión, deberá trabajar a fondo para hacer de la capital provincial una ciudad más habitable.