La mujer y su corazón
Por Miguel Ángel Bravo

Dentro de los innumerables matices que exhibió el siglo XX, podemos destacar la presencia de la mujer en diferentes ámbitos. Protagonista de encarnizadas batallas, que culminaron con importantes conquistas, tales como la emancipación jurídica ante la ley, el derecho al voto, el ejercicio de profesiones y oficios consuetudinariamente reservados a los hombres. En suma, una participante activa en política, cultura, arte y movimientos sociales, considerada por eminentes pensadores como el motor de futuras transformaciones.

Habría que agregar que si bien pelea por otros roles en la sociedad, la mujer no resigna su lugar de ama de casa, madre y esposa.

Debido a esa mayor participación, adquirió ciertos hábitos que eran incumbencia propia del sexo masculino (alcohol, tabaco, drogas, etc), que indefectiblemente repercuten sobre el organismo humano, en especial sobre el aparato cardiovascular.

La proporción de mujeres con enfermedades del corazón fue aumentando considerablemente en las últimas décadas, situación que se agrava notoriamente cuando deja de menstruar (menopausia).

Durante la época fértil, su corazón se encontraría protegido de enfermarse debido a las hormonas femeninas circulantes, en especial los llamados estrógenos.

El corazón de la mujer según opinión de afamados especialistas, sería más vulnerable que el del varón. Esta característica ha dado lugar a numerosas hipótesis, sin llegar a conclusiones valederas. Algunos cardiólogos sugieren que el menor tamaño de las arterias coronarias (conductos por donde circula la sangre que nutre al corazón) cumple un rol decisivo.

Según las últimas cifras del Ministerio de Salud, de las 302.064 personas que murieron en 2004, 95.090 (el 31,5%) fue a raíz de complicaciones relacionadas con el sistema circulatorio, es decir, enfermedades debidas a exceso de presión arterial (hipertensión arterial), infartos de corazón y derrames cerebrales. Pero lo más llamativo, y que va contra todas las creencias, es que la tasa de mortalidad fue más alta en mujeres que en hombres: 33% contra 30%.

La mujer suele preocuparse (y ocuparse) bastante por su salud ginecológica. El temor al cáncer de mama es fuerte; en todo caso, es mucho más profundo que el miedo a sufrir un infarto. Y pensar así es un gran error. Las estadísticas del Ministerio de Salud dicen que en el 2004 murieron 5.459 mujeres por cáncer de mama, mientras que las muertes por infarto llegaron a 5.536.

Además, es erróneo pensar que las enfermedades cardíacas sólo afectan a los hombres. La diferencia radica en que los síntomas en la mujer se sienten 10 años después, empiezan entre los 55 y 60 años, mientras que en los hombres se dan entre los 45 y los 50.

En cuanto a los síntomas relacionados con el aparato cardiovascular, en la mujer son más difusos, tendiendo a confundirse en numerosos casos con síntomas digestivos, tales como acidez o malestar estomacal.

Las pautas de prevención, de alcance universal, llamadas "los 9 mandamientos", son:

1) Adiós al cigarrillo: hábito que la mujer ha adquirido en los últimos años. Programas educacionales junto a las distintas terapias antitabaco existentes en la actualidad, resultan altamente beneficiosas contra las consecuencias del tristemente denominado "suicidio lento".

2) Bajar el colesterol: la presencia de alimentos con abundante grasa, de cocción acelerada (comida chatarra) es totalmente nocivo para el corazón. Se recomienda consumir pescado, especialmente los de mar, como la caballa, el atún, la merluza y el salmón (los de río son más grasosos). Los cortes de carne vacuna deben ser magros, como el peceto, el cuadril y el lomo. En el pollo, elegir la pechuga

3) Consumir más vegetales. Las dietas actuales en numerosos casos, son verdaderas generadoras de enfermedades; una dieta rica en frutas y verduras, favorece el aporte de fibras al organismo humano, elemento clave para luchar contra las enfermedades coronarias y distintas variedades de cáncer.

4) Controlar el peso. En la actualidad se debe tener en cuenta especialmente la medida de la circunferencia abdominal, que se mide a la altura del ombligo y no el índice de masa corporal, que es la relación entre el peso y la talla como se consideraba anteriormente. En las mujeres el valor "saludable" es hasta 88 centímetros (102 en los hombres).

La grasa del abdomen es muy peligrosa, ya que libera sustancias que pueden obstruir las arterias del corazón con el consiguiente riesgo de producir un infarto. Una mujer puede tener un índice de masa corporal normal, pero si se registra un porcentaje considerable de grasa abdominal, su riesgo cardíaco es mayor.

5) Abandonar la vida sedentaria. Es de vital importancia que la mujer realice actividad física, que puede comenzar a cualquier edad. Calificados científicos destacan las virtudes de la actividad física, a modo de protección frente a las probabilidades concretas de obstrucción de las arterias del corazón (coronarias).

Se debe realizar media hora de caminata por día. Esta puede separarse en tres "mini rutinas", de 10 minutos cada una. También la natación y el paseo en bicicleta es recomendable.

6) Beber alcohol moderadamente. A pesar de la información obtenida a través de la cual se consigna que uno o dos vasos de vino tinto por día, preferiblemente cabernet sauvignon o malbec, resguardarían a las arterias del corazón, no es aconsejable remarcar dichos beneficios, ya que existen otros medios muy importantes que protegen al corazón, como la actividad física. Además, si se ingiere más de lo recomendado, el efecto sería contrario al buscado.

Cabe aclarar que el alcohol está contraindicado en diabéticas, hipertensas, obesas y alcohólicas.

7) Mantener la presión arterial dentro de parámetros normales. El aumento de la presión arterial aumenta considerablemente el riesgo cardiovascular. Se considera la presencia de cierta predisposición hereditaria, siendo el estrés, el tabaco, la diabetes y el sobrepeso disparadores de la misma. Los valores normales son 130/80 mmhg. Hasta 140 mmhg de máxima, se considera prehipertensión. Con más de 140 mmhg, estamos en presencia de hipertensión arterial.

La menopausia juega también un rol importante sobre la tensión arterial, etapa en la cual las posibilidades de contraer un aumento de la misma se acrecientan considerablemente.

8) Reducir el nivel de estrés. La participación de la mujer en esferas diferentes, en algunos casos con gran protagonismo, generaron en el organismo femenino, una excesiva tensión psicológica y social como estrés, verdadero disparador de patologías cardíacas. Se sugiere controlar las consecuencias muchas veces nefastas de estos procesos, a través de modificar el estilo de vida y atemperar la conducta emocional.

9) Controlar la diabetes. Enfermedad metabólica de los hidratos de carbono, popularmente emparentada con los azúcares, que produce alteraciones en el corazón, además de afectar el sistema de la vista, riñón y miembros inferiores. La diabetes, que afecta las arterias produciendo progresivas obstrucciones, es más dañina en la mujer. Para este tipo de patología hay medicación adecuada, además de evitar el exceso de peso corporal junto a la realización de actividad física.

De lo que no hay dudas es que tanto las mujeres como sus médicos de cabecera deberán darle mayor importancia a las enfermedades cardiovasculares, incorporando hábitos de vida más saludables a través de las diferentes pautas de prevención anteriormente enumeradas, con la expresa finalidad de evitar una porcentaje importante de fallecimientos en forma inesperada, repentina o bien detener el avance de padecimientos cardiovasculares ya instalados.