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"La inmigración fascista en la Argentina"

El 27 de abril de 1945, el Duce Benito Mussolini y Claretta Petacci fueron interceptados en Dongo y ajusticiados al día siguiente. Pero ya hacía tiempo que el resultado de la guerra y la supervivencia del gobierno de Saló estaban jugados. En julio de 1943 había caído el régimen, con manifestaciones populares y ataques contra fascistas. Justamente, "en los días siguientes a la destitución y arresto de Mussolini, se tuvieron también los primeros indicios de éxodo político que habría comprendido, entre el Armisticio del 8 de setiembre de 1943 y abril de 1945, a algunos centenares de fascistas y sus parientes. Se refugiaron momentáneamente en Alemania -o sea hasta cuando la liberación del Duce y la constitución de la RSI no los llevó de nuevo a Italia".

Con el fin definitivo del fascismo, numerosos jerarcas y republiquinos que se habían manchado con crímenes se vieron obligados a la fuga, clandestinamente en el interior de la propia Italia o huyendo fuera de sus fronteras.

La historiadora Federica Bertagna estudia en "La inmigración fascista en la Argentina", editada por Siglo XXI, el contexto en que se produce tal desplazamiento; la diversa fenomenología de los fugitivos (jerarcas, criminales o "pequeños fascistas"); la amnistía Togliatti y la emigración -legal o ilegal- de los fascistas; el papel de la Iglesia católica; casos emblemáticos de fuga hacia Buenos Aires; las redes políticas (como el Movimiento Italiano Femenino Fe y Familia) de asistencia a los perseguidos políticos; la expedición Borsari en Tierra del Fuego; la emigración de técnicos italianos en la posguerra; fascistas y antifascistas en Buenos Aires hacia 1945; de Mussolini a Perón, etc.

"Si el peronismo funcionó por un decenio como fascismo de escolta para los nostálgicos emigrados en la Argentina, parece que se puede decir que, en alguna medida, la italianidad y su tutela les sirvieron posteriormente como sucedáneo del fascismo".